1994, Junio: la reinvención cardenista

Francisco Pérez Arce Ibarra

En los primeros días de junio se filtró la información de un contrabando hacia México de 20,000 fusiles AK-47 (cuernos de chivo), de los cuales 2,000 ya habrían ingresado y llegado a su destino en el sur del país. Las notas de prensa recurren a palabras como “posibles”, “probables” y “habría”. Nada se confirma. Lo cierto es la filtración, intencionada, de una noticia que ni siquiera es nueva; proviene del gobierno mexicano, y la fuente original es una comunicación del gobierno de EE.UU. Como sea, lo único cierto es la filtración y su efecto es el aumento de la incertidumbre política y de la inseguridad pública.

Escribe Eduardo Valle: Desde el asesinato del cardenal Posadas Ocampo, asistimos al desmoronamiento de la “seguridad nacional”. (El Financiero, 4 de junio).

 

Zedillo y su plan económico (día 6)

El PRI convoca a un acto en el Auditorio Nacional. El tema es el plan económico. El Auditorio no estuvo lleno. Se instruyó a los invitados para que vistieran de manera formal. No hubo acarreo pero se pidió confirmar la asistencia. De cualquier modo, no se llenó.

El mensaje fue dirigido a los empresarios. Promete la generación de un millón de empleos anualmente para lo cual el Estado deberá invertir al menos parte del Fondo de Contingencia (formado con el dinero de la venta de paraestatales), hasta ahora sólo empleado para el pago de deuda pública. Habló de la educación para la productividad y ofreció mantener la política fiscal, aunque ligeramente atenuada para tranquilidad de los empresarios. Mantener la política antiinflacionaria y alcanzar un crecimiento del 4% en 1995. No mencionó al Pronasol, pero dijo que el Procampo sigue y el artículo 27 no se toca: como está, está bien. En otras palabras, y sin ninguna novedad: más de lo mismo, aquí no ha pasado nada… El discurso no busca ser popular; no parece andar en busca de votos sino de aliados poderosos.

 

Libertad de prensa (día 7)

El día de la libertad de prensa los 9 candidatos se encuentran con le Editores de Periódicos en su tradicional comida anual.

Cuauhtémoc ganó la partida: se convirtió en el único candidato de oposición. Diego fue el gran perdedor, su partido fue señalado como aliado del gobierno y no pudo responder. Sólo dijo que las de Cárdenas eran “calumnias”.

La ofensiva la tuvo Cárdenas todo el tiempo: contra el PAN (se la debía desde el 12 de mayo), contra el gobierno y contra Televisa. Su tono fue enérgico y si había un viraje hacia el centro antes de debate de mayo, ahora su discurso se ubicó claramente en la oposición de izquierda. La crítica a Televisa fue su carta fuerte:

“La información veraz, amplia y diversa que queremos, no se podrá tener mientras el grueso de los mensajes televisados que hoy saturan nuestros hogares obedezcan a las finalidades políticas del  régimen de partido de Estado. Digámoslo claro, Televisa se ha constituido en uno de los pilares que hoy sostienen al régimen autoritario que padecemos. Televisa sirve al Estado y se sirve de él para exaltar una política contraria al interés nacional y a personeros de esa política. Con ese mismo propósito, cada 24 horas desacredita las opciones democráticas; mientras sobre la realidad del país, oculta la verdadera dimensión y naturaleza de los hechos sociales y trata de confundir a la ciudadanía sobre el carácter de la lucha política a favor del derecho al sufragio.

“No podemos reparar esos desmanes con medidas arbitrarias de fuerza. El gobierno democrática, mi gobierno, no cancelará arbitrariamente las concesiones de Televisa, ni intervendrá en sus transmisiones. Televisa tendrá, a partir del primero de diciembre, una libertad que no conoce: podrá criticar abiertamente al presidente de la República y nadie se lo impedirá.” (El Financiero)

La carta de Cuauhtémoc de criticar a Televisa es buena, porque a la vista de amplios sectores, la libertad de expresión encuentra ahí su principal dique.

 

Cuauhtémoc en la explanada de rectoría

Había preocupación entre los perredistas. El temor de que resultara un fracaso se fue disipando a las 12:30. La explanada se nutría, llegaban estudiantes de todos lados. La plaza estaba repleta, y se apretó más cuando llegó Cuauhtémoc.

El mitin fue largo. Habló un sindicalista, después un estudiante. Habló Adolfo Gilly por los maestros y luego Amado Avendaño, candidato a gobernador de Chiapas, y después habló Cuauhtémoc.

Los 25 mil o 30 mil o 40 mil asistentes (la variación depende de la fuente) siguieron en completo silencio el documento leído por Cárdenas con su habitual monotonía. Lo escucharon a pesar de que el discurso fue largo y el ritmo de lectura invariable. No es fácil explicar su capacidad de convocatoria. No es fácil comprender que logre la atención de la multitud durante tantos minutos. Es un personaje serio, habla con claridad, define sus ideas sin prisa, propone y, contra todo pronóstico, entusiasma.

La multitud escuchó también con atención los extensos discursos de Adolfo Gilly y de Amado Avendaño. Chiapas estuvo todo el tiempo en el ánimo del mitin. Chiapas, los indios, los pasamontañas, y Avendaño, ese personaje salido de quién sabe dónde, de una historia personal pueblerina increíble, de una novela de las que no se escriben. Avendaño vino a reclamar al país y a los universitarios, el olvido de Chiapas. Pidió: si van a Chiapas “por ahora lleven pasamontañas”.

En las páginas de Gilly también estaba Chiapas. Leyó hermosos fragmentos del sub comandante Marcos. Reivindicó, revaloró, el encuentro de Cuauhtémoc y los perredistas con los guerrilleros.

“Es el acto de reinvención cardenista – escribió Ciro Gómez en Reforma–, donde el mítico Amado Avendaño habló ante una multitud que no le regateó una frase, una metáfora a su discurso esdrújulo y bucólico, pletórico de metáforas: le hemos declarado la guerra a la guerra, porque no somos tontos, Cuauhtémoc Cárdenas es el varón del combate y la esperanza.

“Veinticinco minutos se tomó Cárdenas… Él sí es el mismo del 88… Imperturbable y colérico, capaz de convertir la frase más temeraria, la que ganará la primera plana de los diarios, en un susurro monocorde…

“Era en C.U. o nunca…”

Ahí renació la campaña cardenista.

 

Repunte de Cuauhtémoc

Los días 9 y 10 en gira por Tabasco, Cuauhtémoc logró concentraciones grandes. Primero en la Universidad y en Cárdenas, el día siguiente en Villa Hermosa, Tenosique y Macuspana. En unas semanas la campaña ha repuntado sorprendentemente. Casi todos los días realiza dos o tres concentraciones. A veces de cientos, a veces de miles, siempre de entusiastas.

Después del debate (12 de mayo) que representó una derrota, y del encuentro en Chiapas, que la prensa también presentó como derrota, siguieron sus giras exitosas a Guanajuato (con el apoyo del Foro Democrático), a Zacatecas (con el apoyo de El Barzón), a San Luis Potosí y La Huasteca, con el apoyo de los Nava. Por supuesto pasó por Michoacán. Después recorrió la Mixteca (poblana y oaxaqueña), región donde en el 88 obtuvo un triunfo aplastante, y ahora volvió a encender… ahí sigue siendo el hijo del General. Su paso por la ciudad de Oaxaca fue bueno, nada extraordinario, pero en el Istmo (Juchitán, Tehuantepec y Guichicovi) volvieron las grandes y entusiastas concentraciones.

Ese recorrido incansable revivió la campaña de Cárdenas, cerró con doble broche de oro: su intervención el día de la libertad de prensa, donde retomó la ofensiva política, se vio seguro y fuerte, y mostró cartas nuevas (la crítica al monopolio televisivo, la respuesta al PAN que faltó el 12 de mayo, señalándolo como cómplice del PRI, y una advertencia sobre el fraude electoral. Seguro y certero, impuso a los comensales un minuto de silencio, que tuvieron que cumplir todos de pie, con las únicas excepciones de Diego y del director de El Heraldo. Ni Diego ni Zedillo devolvieron el golpe. Cárdenas se convirtió en el único candidato opositor.

El segundo broche fue el mitin en la UNAM que significó “la reinvención del cardenismo”. La gira por Tabasco parece el inicio de una nueva etapa, con una fuerza que hace un mes resultaba insospechada.

 

10 de junio no se olvida

El pasado repiquetea en el presente arremolinado, como en las tragedias clásicas. La marcha que recuerda aquella masacre culminó en el Zócalo, coreando consignas del EZLN para dar el banderazo de salida a la Caravana de Caravanas que se propone romper el cerco militar de la selva chiapaneca.

 

El EZLN dijo   

“La esperanza con gatillo tuvo su lugar en el inicio del año. Es ahora preciso que espere. Es preciso que la esperanza que anda en las grandes movilizaciones vuelva al lugar protagónico que le corresponde por derecho y razón. La bandera está ahora en manos de los que tienen nombre y rostro, de gentes buenas y honestas que caminan rutas que no son la nuestra, pero cuya meta es la misma que anhelan nuestros pasos. Nuestro saludo a estos hombres y mujeres, nuestro saludo y nuestra esperanza de que lleven esa bandera adonde debe estar. Nosotros estaremos esperando, de pie y con dignidad. Si esa bandera cae, nosotros sabremos levantarla de nuevo…” (Fragmento de la II Declaración de la Selva Lacandona”, publicada en La Jornada el 12 de junio.)

 

En C.U. huevazos para Diego (día 15)

Hubiera sido un acto nada más mediano, luego del éxito de Cárdenas, pero agredieron al candidato panista arrojándole huevos y se convirtió entonces, para él, en un triunfo. La agresión se la achacaron al PRD, al CEU y a Cuauhtémoc; no importa que la hayan condenado, la agresión se les anota en su cuenta. Diego, en cambio, queda como un mártir, una víctima de la intolerancia… no se asustó, mantuvo la entereza, etcétera.

 

Camacho renuncia, Zedillo aplaude

El 16 de junio Manuel Camacho renunció a su nombramiento de “Comisionado para la paz”, hecho por el presidente de la república. Zedillo declara de inmediato que qué bueno que renunció, que hizo bien, que es lo mejor para el país.

René Delgado (Reforma) hace la radiografía de la “familia feliz”: “…ya no está Luis Donaldo Colosio, ya no está José María Córdoba, ya no está Manuel Camacho y a Zedillo no se le contaba en ese grupo. Queda el presidente Carlos Salinas, pero a ciencia cierta su presencia política se ve disminuida y se echa de menos su postura frente a los graves acontecimientos que empañan el porvenir nacional.

“Los hilos del poder se ven sueltos y destacan de nuevo como auténticos factores de él: el Ejército, la Iglesia, el capital nacional y extranjero, el factor externo, la guerrilla y los grupos de sociedad civil que, en uno o en otro sentido, han establecido compromisos con el proceso electoral.

“En muchos de esos factores de poder,  visos de división cuando no de desesperación, comienzan a aflorar. Se advierten principalmente en la Iglesia, el narcotráfico y en los grupos de la sociedad civil…”

 

Caravana de Caravanas

Mientras los políticos del sistema arreglan sus cuentas, la Caravana de Caravanas llegó a la Selva Lacandona. Marcos dice que la Caravana es muy oportuna porque vienen las lluvias fuertes… Ahora en la selva no hay comida. La cosecha aún no se da… “El maíz es el alma del pueblo” dice Marcos, “cuando falta, aprieta el alma”.

José Álvarez Icaza escribió en El Universal: “La Caravana de Caravanas salió con 10 carros de carga y casi 200 tonelada de ayuda humanitaria, 10 autobuses de pasajeros que transportaban a unas 400 personas y algunos automóviles y camionetas… También participó un camper que transportaba médicos, enfermeras e instrumentos para atender a la población enferma de la Selva Lacandona. Todo este impresionante esfuerzo se pudo realizar mediante la cooperación de unas 250 organizaciones de movimientos sociales coordinadas por COCIP (Coordinadora de Organizaciones Obreras, Campesinas, Indias y Populares) y por ESPAZ (Espacio civil para la paz)…”

 

Futbol: todos quietos

El campeonato mundial de futbol en Estados Unidos atrae la atención del pueblo. Gran despliegue informativo. Todos los canales de televisión, todos los de radio, todos los periódicos, todos los pasillos, todas las cantinas, todas las escuelas. Para el futbol todo. Gran esperanza nacional en nuestra selección, la mejor en muchos años, la mejor desde nunca según los eufóricos. Es la selección de Mejía Barón, el de los experimentos interminables, pero también el del subcampeonato de la Copa América, el de la gran sorpresa, el equipo que llegó a la final contra, ni más ni menos que, Argentina. Gran esperanza, gran fervor patrio en torno a los once del tri, y los de la banca, y el Dr. Mejía barón. A la primera salida una derrota: 1-0 contra Noruega. A remar contra la corriente: “todavía no estamos fuera”.

Y mientras todos los sentidos están puestos en las pantallas chicas en los horarios del futbol, que son matutinos, vespertinos y nocturnos, partidos completos, resúmenes y comentarios… Andan por ahí todos los cabos sueltos: el 23 de junio nombraron al nuevo comisionado para la paz en Chiapas, Jorge Madrazo. Ese mismo día, a las once y media de la noche terminaba el plazo dado por los secuestradores de Harp Helú para que se cumplieran sus exigencias; la familia aceptó pagar.

Cuauhtémoc sigue en campaña: pasó por Baja California Sur, donde hay poquísimos electores y nadie hace caso. Los actos fueron nutridos para las condiciones del lugar (concentraciones de algunos cientos). De ahí a Sinaloa, donde volvió a reunir multitudes.

Zedillo recurre al viejo estilo: el gran acarreo, el gran despliegue, el aparato del viejo partido con sus viejos métodos concentró a 40 mil personas en el Puerto de Veracruz. Pero también cosecha fracasos como el de Zacatecas: según el mismo Zedillo quería una reunión con pobres, familias de emigrados a EE.UU., y le reunieron a unos que ni eran pobres ni tenían nada que ver con el problema migratorio. En sus palabras: “No me gustó esta reunión. No era gente de a de veras. La mayoría no tenía nada que ver con el problema de emigrados y de la pobreza.” (La Jornada)

Llama la poderosamente la atención en estos días finales de junio la ausencia de Diego. No aparece por ningún lado. No hace actos de campaña. ¿Qué pasa con Diego?

México le ganó a Irlanda 2-1. Interminable festejo callejero en Paseo de la Reforma. El Ángel fue visitado por multitudes enloquecidas de nacionalismo futbolero. Los dos goles fueron de Luis García. Hacia el final del partido estuvo a punto de suceder otra desgracia; los irlandeses anotaron uno, y estuvieron cerca de lograr el empate en el último minuto. Pero no sucedió.

 

La renuncia de Carpizo (viernes 24)

El mismo día, a la misma hora en que México vencía a Irlanda en el juego que mantenía vivas las esperanzas de pasar a la segunda ronda, Jorge Carpizo entregaba una rarísima (y con sabor de chantaje) renuncia a su puesto de Secretario de Gobernación (y por lo tanto presidente del Instituto Federal Electoral). Culpaba a un partido (así, con artículo indefinido) de adoptar una posición que le impedía ser imparcial… El texto no incluía la palabra “irrevocable” como se acostumbra en esos casos.

Tras un coro de súplicas para que reconsiderara su renuncia, Carpizo decidió seguir en su puesto. Ahora Carpizo resulta el garante de la legitimidad (el prototipo de la imparcialidad) de las elecciones del 21 de agosto. Y encima, gracias a la ambigüedad del texto de su renuncia, el costo político del “pequeño affaire” se le quiere cargar al PRD.

De entre las voces que se apresuraron a manifestar su apoyo a Carpizo, destacan las de los candidatos presidenciales del PRI y del PAN. Rompe la unanimidad el candidato del PRD que mantiene la posición de que Carpizo debe informar con claridad qué y quién provocó su renuncia.

La mayoría de los comentaristas de prensa elogian a Carpizo y respiran aliviados por el curso del proceso electoral; también la mayoría señala al PRD como el intransigente, el que provocó el berrinche secretarial. Por supuesto también están los que encuentran en un diferendo dentro del gobierno (PRI) la causa de la pataleta carpiceana.

Un análisis serio tiene que registrar que en las semanas recientes una corriente dentro del PRI (gobierno) ha estado barriendo a otra, la que encabezaba Manuel Camacho y que, precisamente, es a ésta última a la que se asociaba a Carpizo. Transcribo dos párrafos de Raymundo Riva Palacio: “Su renuncia del viernes fue una claudicación de la función que se le encargó. Al declararse tácitamente incapaz de materializar estos tres elementos (persuasión, negociación y un mecanismo para tomar decisiones finales) la sociedad política debería haber pedido que lejos de que se quedara en la Secretaría de Gobernación, se le aceptara la renuncia…

“Su arranque del viernes lo ubica como un hombre de caprichos… de temores más que de voluntad democrática. En la furia de su dimisión provocó incertidumbres sobre responsables, repartió culpas y debilitó posiciones. Y sobre todo, sembró nubarrones sobre el proceso electoral.” (Reforma, 27 de junio)

 

México empata y pasa (día 28)

El empate con Italia es suficiente para que la selección mexicana quede en el primer lugar de su grupo, y para que el festejo sea desmedido (también podría escribir: vandálico, violento, catártico, orgiástico). El saldo de la fiesta con epicentro en El Ángel: decenas de heridos y detenidos, y dos muertos. El titular principal de La Jornada: “Clasificación/ Jolgorio/ Tragedia”.

 

La política a las páginas interiores

El “affaire” Carpizo tuvo su rebote en la Cámara de Diputados: el PAN y el PRD exigen la comparecencia del Secretario de Gobernación para que explique el motivo por el cual presentó y después retiró su renuncia. El PRI se opuso a tal comparecencia y emplearon su mayoría automática para evitarla.

Las campañas electorales encuentran sus espacios entre las horas del futbol. Cuauhtémoc tuvo un gran recibimiento en Cuautla, Morelos. Por ahí presenció un rato el partido de fut. No le dio mucha pelota: “Estuvo bien el empate –dijo—pero me hubiera gustado que ganaran”. Muy emotivo el acto de Xoxocotla: “Desde la carretera el Consejo de Ancianos lo recibió con dianas, collares de cempasúchil e incienso. Le hicieron un camino de casi un kilómetro con pétalos de flores”.

Este recibimiento sólo se hace a los presidentes –dijo Felipe Cárdenas, uno de los integrantes del Consejo. Recordó que Lázaro Cárdenas fue el último presidente que llevó beneficios a la comunidad. –Por eso nos acordamos y queremos que usted sea el próximo presidente

Zedillo se reúne en Guadalajara con las “chivas rayadas”, hablan de futbol y ven el partido. Se declaró “chiva”. Acudió también a un encuentro con priístas y con industriales de Jalisco.

Diego brilla por su ausencia.

 

El día más largo (30 de junio)

Llamado el día más largo del año, termina el semestre más largo de la historia reciente de México: de la sorpresa zapatista del primero de enero a la renuncia-berrinche de Carpizo. Del asesinato político más traumático para la política nacional desde 1928 (cuando asesinaron a Obregón), hasta el vandalismo desatado en Paseo de la Reforma por causa de un balón.  Desde el “no se hagan bolas es Colosio” hasta el video-destape del nuevo candidato. Desde el debate televisivo entre los tres presidenciables, el más esperado y renovador de las formas de hacer política, hasta las flores de cempasúchil de la bienvenida indígena a Cárdenas en Xoxocotla. Un semestre con un grado de politización inédito en México.

“Hacer que mis palabras sean tu voz” (En memoria de José Emilio Pacheco)

Francisco Pérez Arce Ibarra

 1)

En las conversaciones cotidianas a menudo me encuentro citas de JEP, una frase o el fragmento de un poema. Pocos escritores  dejan su sello en el lenguaje de una época, de los habitantes de un país, de una ciudad. Un sello que rebasa los límites de un grupo o una generación. Hay poemas de José Emilio que tienen esa cualidad. “Ya somos todo aquello/ contra lo que luchamos a los veinte años”. Este poema que tituló “Antiguos compañeros se reúnen”, se incorpora con naturalidad en conversaciones de amigos. Se cita de memoria, con exactitud o con cambios mínimos: “ya somos todo aquello contra lo que luchábamos cuando teníamos veinte años”. La idea y la formulación son exactas. Esos dos versos contienen una sensación, una idea al mismo tiempo crítica y nostálgica, una fatalidad vital. La constatación sin reproche y hasta con calidez de lo que somos.

O encuentro también otro poema, más largo, citado a veces completo y de memora: “Alta traición”

No amo mi patria.

Su fulgor abstracto

es inasible.

Pero (aunque suene mal)

daría la vida

por diez lugares suyos,

cierta gente,

puertos, bosques, desiertos, fortalezas,

una ciudad deshecha, gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

montañas

–y tres o cuatro ríos.

Y es citada de memoria, con más o menos exactitud, porque no hay mejor manera de definir lo que se siente por la patria. “Alta traición” es un poema de todos, que escribió José Emilio para nosotros. Ahí está la manera verdadera y cálida en la que podemos amar la patria. Lo citamos tanto como quizá la Suave Patria de López Velarde, pero con más facilidad y cercanía. Es un poema clásico, en el sentido de que ya está incorporado a nuestra sensibilidad y también en el sentido de que sobrevivirá cien años… digo, por decir un número.

Y el título de uno de sus libros (y de un poema), rebota a menudo en nuestros diálogos: “No me preguntas cómo pasa el tiempo”, frase que José Emilio tomó de Li Kiu Ling, traducido por Marcela de Juan, como él mismo nos informa. José Emilio lo tomó de algún lado y lo puso ahí para nosotros, sus lectores, sus compatriotas de idioma. “No me preguntes como pasa el tiempo”, citamos a menudo y añadimos: como dice José Emilio.

2)

Tomar una frase cualquiera y convertirla en verso. Ese es el método de los poetas. No crean de la nada, sino a partir de las palabras que existen y andan por ahí, que pertenecen a nadie y a todos. La tarea del poeta es, a veces, hacernos ver la poesía que está a la vista, como el guía que nos hace detenernos para ver un árbol, su follaje, su color, que siempre estuvo ahí, pero sólo entonces lo apreciamos. El poeta encuentra la poesía y nos la muestra. Eso es lo que hace José Emilio cuando en “¿Qué tierra es esta?”, nos obliga a ver la poesía contenida en la prosa de Juan Rulfo:

(Homenaje a Juan Rulfo con sus palabras)

 Hemos venido caminando

desde el amanecer.

Ladran los perros.

Grietas, arroyos secos.

Ni una sombra de árbol

ni una semilla de árbol

ni una raíz de nada.

Los cerros apagados y como muertos.

Aquí así son las cosas.

Por eso a nadie

le da por platicar.

Aquí no llueve.

A la gota caída

por equivocación

se la come la tierra

y la desaparece en su sed.

¿Quién haría este llano tan grande?

¿Para qué sirve este llano tan grande?

No hay conejos,

no hay pájaros,

no hay nada.

Tanta y tamaña tierra para nada.

(…)

Poema de Juan Rulfo, de José Emilio Pacheco y, al final de cuentas, nuestro.

Y otro poema con palabras prestadas, como todas las palabras de los poetas, de los ecos del 2 de octubre de 1968, abrevados en los textos reunidos por Elena Poniatowska en La Noche de Tlatelolco:

Eran las seis y diez. Un helicóptero

sobrevoló la plaza.

Sentí miedo.

Cuatro bengalas verdes.

Los soldados

cerraron las salidas.

(…)

Y el poema transmite el horror que siguió: recrea imágenes reales del asesinato masivo y artero, y deja  una pregunta colgada:

–¿Quién, quién ordenó todo esto?

Pregunta que no reclama respuesta, sino expresa incredulidad y dolor. Y al final, la incertidumbre de todos:

–¿Qué va a pasar ahora,

qué va a pasar?

3)

José Emilio tenía una idea clara de su poesía y de la poesía. No se hacía ilusiones sobre la posteridad del poeta, pero creía en la posteridad de los poemas.

Fragmentos de

Carta a George B. Moore en defensa del anonimato:

Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema.

Poesía no es signos negros en la página blanca.

Llamo poesía a ese lugar del encuentro

con la experiencia ajena. El lector, la lectora

harán o no el poema que tan sólo he esbozado.

No leemos a otros: nos leemos en ellos.

Me parece un milagro

que algún desconocido pueda verse en mi espejo.

Si hay un mérito en esto –dijo Pessoa—

corresponde a los versos, no al autor de los versos.

(…)

Acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez

Pensó hace mucho tiempo editar una revista.

Iba a llamarse “Anonimato”.

Publicaría no firmas sino poemas;

se haría con poemas, no con poetas.

Y yo quisiera como el maestro español

Que la poesía fuese anónima ya que es colectiva

(a eso tienden mis versos y mis versiones).

Posiblemente usted me dará la razón.

Usted que me ha leído y no me conoce.

No nos veremos nunca pero somos amigos.

Si le gustaron mis versos

qué más da que sean míos / de otros / de nadie.

En realidad los poemas que leyó son de usted:

Usted, su autor, que los inventa al leerlos.

4)

José Emilio es un poeta que cuenta historias y tiene una cercanía evidente con la historia. Se alimenta de ella. La transmite en clave poética. La recrea. Encuentra los nudos que conecta a México con su pasado, que conecta al hombre actual con su antepasado idéntico. Rescata personajes, de esos por los que daría la vida, como Temiltotzin, nacido en Tlatelolco:

Cortés lo mandó a España. Temiltotzin

se negó a ser esclavo, se arrojó

a las olas del mar y nadie sabe

si acabaron con él los grande peces

o si alcanzó la orilla.

Encuentra la línea delgada de la historia antigua y nos la muestra como lo que es: historia contemporánea. Somos el hombre que sale a la caza del mamut, el que no lo ha nombrado todavía. Parece decirnos: la historia antigua es lo que sucede hoy mismo. Descubre las razones profundas, la continuación a través de una línea muy delgada de la historia humana, sus tensiones, sus motivos, su naturaleza. En el siglo XXI somos todavía el que pinta venados en la caverna, el que sale a cazar mamuts. Al intentar explicarnos sus motivos, nos explicamos a nosotros mismos:

Así habla José Emilio en su poema “Prehistoria” de un pintor antiguo, nuestro contemporáneo:

En las paredes de la cueva

pinto el venado

para adueñarme de su carne,

para ser él,

para que su fuerza y su ligereza sean mías

y me vuelva el primero

entre los cazadores de la tribu.

Así habla también, en el mismo poema,  del cazador de mamuts:

lo llamarán mamut.

Pero nosotros en cambio

jamás decimos su nombre:

tan venerado es por la horda que somos.

El lobo nos enseñó a cazar en manada.

Nos dividimos el trabajo, aprendimos:

la carne se come, la sangre fresca se bebe,

como fermento de uva.

Con su piel nos cubrimos.

Sus filosos colmillos se hacen lanzas

para triunfar en la guerra.

Con los huesos forjamos

insignias que señalan nuestro alto rango.

Descubre la historia del sometimiento de la mujer al poder del varón, y lo expone tersamente en el segmento 4 de su poema “Prehistoria”. De ahí estas líneas:

Mujer no eres como yo

pero me haces falta.

Sin ti sería una cabeza sin tronco

o un tronco sin cabeza. No un árbol

sino una piedra rodante.

(…)

Tu fuerza me da miedo.

Debo someterte

como a las fieras tan temidas de ayer.

(…)

Si no aceptas el yugo,

si queda aún como rescoldo una chispa

de aquellos tiempos en que eras reina de todo,

voy a situarte entre los demonios que he creado

para definir como El Mal cuanto se interponga

en mi camino hacia el poder absoluto.

Eva o Lilit:

escoge pues entre  la tarde y la noche.

Eva es la tarde y el cuidado del fuego.

Reposo en ella, multiplica mi especie

Y la defiende contra la gran tormenta del mundo.

Lilit, en cambio, es el nocturno placer,

el imán, el abismo, la hoguera en que ardo.

Y por tanto culpo de mi deseo.

Le doy la piedra, la ignominia, el cadalso.

Eva o Lilit: no lamentes mi triunfo.

Al vencerte me he derrotado.

Somos Temiltotzin arrojándonos al mar para no ser humillados íntimamente, la mejor forma de patriotismo. Y somos Ulises, tantos siglos después: (“Navegantes”)

Combatimos en Troya. Regresamos

con Ulises por islas amenazantes.

Nos derrotaron monstruos y sirenas.

La tormenta averió la nave.

Envejecimos entre el agua de sal.

Y ahora nuestra sed es llegar a un puerto

donde esté la mujer que en la piedad de su abrazo

nos reciba y nos adormezca.

Así dolerá menos el descenso al sepulcro.

5)

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme… No me preguntes cómo pasa el tiempo… Ya somos todo aquello que condenamos a los veinte años… Y a tres o cuatro ríos. No son tuyos tus poemas, José Emilio, son nuestros. Lograste, y de qué manera, aquello que advertiste en “Contra los recitales”:

Si leo mis poemas en público

Le quito su único sentido a la poesía:

hacer que mis palabras sean tu voz,

por un instante al menos.

marzo de 2014

Hotel Balmori y la trilogía “Fin de siglo”

Jesús Anaya Rosique

(Texto leído en la Feria de Minería, 23-02-14)

En atención a sus lectores potenciales (y para no echarles el placer de leerla), estoy obligado a comentar esta novela de manera oblicua y velada, sin revelar lo que sucede sino cómo está armada esta narración inteligente y excepcional. Es un desafío que espero superar adecuadamente, ya me dirán ustedes al final de esta presentación si lo logré…

    Hotel Balmori (publicada originalmente  por Paco en Joaquín Mortiz en 2004 y desaparecida de la circulación por la flagrante “ineficacia distributiva” del Grupo Planeta en México), es la primera novela de su trilogía “Fin de siglo”: las otras dos,  Septiembre  y Xalostoc, las publicó Itaca en 2010 y 2012 respectivamente. Felicitamos a Itaca y a David Moreno, su editor,   por rescatar y poner de nuevo en circulación Hotel Balmori y alojar así en la misma casa la trilogía.

[Paréntesis obligado: ¿por qué no están en librerías los libros de autores recién fallecidos como Federico Campbell, Juan Gelman o Carlos Montemayor y Daniel Sada (editados en los últimos años), entre muchos otros “clásicos contemporáneos”? La paradoja editorial en México: oferta editorial invisible, demanda suprimida, índice elevado de devoluciones… permanencia efímera  en los puntos de venta de los títulos publicados… Me pregunto: ¿dónde está el negocio de los grandes grupos editoriales? ¿En el “lavado” financiero?]

La compleja trama de Hotel Balmori se despliega en una secuencia de acontecimientos escenificados en el presente de la narración, entre enero y mayo de 2000 (en capítulos impares salvo el 6 y el 20), alternados con flashbacks que reconstruyen con diversos recursos narrativos lo sucedido en años anteriores, un periodo que se remonta hasta 1973. El autor advierte al principio que se narra aquí “la historia de la China [Alicia Medina Wing], hija de una familia destruida, de una clase media de la ciudad de México que le tocó vivir el último tercio del siglo XX entre zozobra, ilusiones y desgracias… pero también es la historia del empeño por recuperar la memoria que no es de ella sola sino de todos”. Dice Paco más adelante: “su memoria es un tejido roto”…  La China “tampoco podía imaginarse a sí misma como el punto de llegada de historias extraordinarias, de amores y desdichas… en ella confluían muchas vidas. Concentraba amores, revanchas, afectos y desencantos que se habían deslizado entre las costuras de intrincadas historias. No representaba los amores y las venganzas, pero los había sobrevivido… los contenía.”

El detonador de esta reconstrucción del terrible episodio acaecido el 13 de abril de 1973 en  Tres Cruces, un pueblecillo de Morelos, origen y nudo enmarañado de todas las historias que entrelazan a los personajes principales, es un misterioso cuaderno entregado en dos partes a la China en los primeros días de enero y febrero de 2000 por un siniestro personaje (impulsado por oscuras y ambiguas motivaciones), que permitirá desenredar los hilos de la trama y donde “confiesa” que en septiembre de 1984 facilitó un inevitable “acto de justicia”, cuando las víctimas se vengarán de uno de los militares verdugos, en una magistral recreación actualizada del mito bíblico de Judit y Holofernes.  En 1981, Ángel (posteriormente amoroso padrastro de la China),  le dirá a su hermana Elena (ambos víctimas sobrevivientes): “falta algo que nos permita alejarnos realmente de lo pasado. Olvidar no se puede, pero dejarlo… quiero decir, falta algo así como cerrarlo, algo tan necesario como enterrar a nuestros muertos…”

Paco enumera en el capítulo 11, en la voz de unos personajes vinculados a la China que conjeturan y tratan de entender lo que revela el misterioso cuaderno, una agobiante lista de los crímenes impunes cometidos por el estado, del 2 de octubre de 1968 al 10 de junio de 1971, del proditorio asesinato de Jaramillo y su familia a la despiadada cacería contra Lucio Cabañas y sus compañeros, los cruentos episodios de la “guerra sucia”, la represión de las luchas estudiantiles y obreras, el asesinato selectivo de los militantes de la izquierda electoral…

Un leitmotiv constante en las narraciones de Paco es la recuperación de la memoria, la lucha de sus personajes contra el olvido y a la vez el miedo a hurgar en un pasado doloroso. Pero “la historia no prescribe”: intentamos recordar para que no se olviden fácilmente los agravios sufridos e impedir que se repitan. Más allá del  instinto primario de supervivencia, la memoria es una reconstrucción de historias truncas, de aniquilamientos perversos, de abusos de un poder enemigo de la justicia y la libertad. El ejercicio de la memoria es además un tributo a la esperanza de una existencia digna y un testimonio de la riesgosa decisión de luchar sin cuartel contra la corriente opresora dominante.

 

El contexto de la trilogía lo ofrece Pérez Arce en El principio. 1968-1988: años de rebeldía (que publicó Itaca en 2007), donde  resume de manera eficaz y lúcida algunas claves de un periodo histórico reciente pero ya brumoso para las nuevas generaciones.  Un  esfuerzo de reconstrucción e interpretación con las herramientas del historiador, que privilegia la visión de sus protagonistas.     El marco de este ensayo son los “veinte años que fueron el principio del final de un régimen”, y está concentrado en los movimientos sociales que confluyen en la gestación de la izquierda electoral de hoy, narrados en varios episodios: I (Del 68 al 71: la trascendencia del movimiento estudiantil); II (la importancia de la guerrilla mexicana de los años 60-70); III (la insurgencia obrera y la disidencia magisterial); IV (el terremoto de 1985 y el auge del movimiento urbano-popular en el DF); y V (las elecciones de 1988 y la rebelión cívica).

 

El título de la 2ª. novela de la trilogía (Septiembre ), es el aglutinador de la narración: en ese mes cargado de tanta significación histórica y a lo largo de distintos años (1972, 1975, 1980, 1985, 1992, 2000), suceden varios de los hechos relatados que tienen que ver con la vida literaria de sus personajes principales y le construyen su estructura interna.

 Septiembre es un tejido narrativo de historias de gente anónima que esperan a ser contadas para revivir, una sutil materia literaria que vuelve extraordinarias algunas historias cotidianas. Las distintas situaciones por donde transcurre esta obra revelan una notable sabiduría humana y un dominio del oficio de escritor: gran verosimilitud de sus detalles precisos (respaldados por una acuciosa investigación histórica) y del paisaje sicológico de sus personajes (todos figuras entrañables). Los escenarios no pueden ser más dramáticos: la lucha clandestina, la persecución policiaca, la tortura, el infierno carcelario, la desaparición política; el horror del terremoto y sus secuelas trágicas: biologías quebradas, sueños interrumpidos, vidas alteradas a la vez que el heroísmo anónimo de los rescatistas voluntarios; la vida en un pueblo michoacano y la ardua existencia en esta monstruosa urbe…

 

Como señalamos al principio de esta presentación, Paco cierra la trilogía “Fin de siglo” con Xalostoc, que completa la crónica narrativa de una generación en el contexto social y político que ha vivido México a partir de 1968 (temas, como ya mencionamos, que también ha tocado Pérez Arce en diferentes libros de ensayo y crónica).

En Xalostoc el autor narra dos historias relacionadas y eslabonadas en capítulos alternos, donde resuelve con talento “la tensión entre lo verdadero y la verosimilitud” inherente a esta clase de novelas: en la primera cuenta la huelga en 1975 de “Motores Xalostoc” (inspirada en la huelga de Spicer y el movimiento de la Cooperativa de Trabajadores de Refrescos Pascual, que se convertirían en  luchas emblemáticas del auge del movimiento obrero independiente en el Valle de México). El vínculo con la segunda historia, una ficción literaria que sucede en 1992, es Martín Médanos, un militante de izquierda que participó en aquella huelga (una especie de alter ego del narrador) y que aquí se ve inmerso en una trepidante intriga policiaca en donde reaparecen distintos personajes de los hechos acaecidos 17 años antes. Con una trama intensa e impregnada de humor, Xalostoc pinta “un fresco que recrea la atmósfera política y anímica del último tercio del siglo XX mexicano”.

Francisco Pérez Arce (Tepic 1948), Paco para sus innumerables amigos y lectores, ha publicado seis novelas y es autor de tres libros de ensayo y crónica. Estudió economía en la UNAM, donde también fue profesor, y desde los años 70 es investigador en el INAH. Durante el primer gobierno democrático en el DF (1997-2000) fue funcionario público.

Jesús Anaya Rosique

Febrero 23 de 2014

 

1994, mayo: el debate

Francisco Pérez Arce Ibarra 

A los zapatistas les debemos

 el despertar de conciencia de los mexicanos.

Concepción Calvillo viuda de Nava

 

Abril terminó entre barruntos, malos augurios y, sin embargo, vientos de cambio.

México está en un punto disyuntivo: democracia o endurecimiento. En pleno discurso democratizador, el gobierno importa equipo militar para control de motines civiles. Los tanques aparecen en las primeras planas de los periódicos. Además el presidente crea una súper coordinación de seguridad nacional por encima de la SEDENA, la PGR y Gobernación, y la dirige ni más ni menos que el inefable Arsenio Farell Cubillas, el famoso mano dura de la política laboral durante dos sexenios.

Pero también hay vientos buenos: se concreta el debate entre los tres principales candidatos a la presidencia (finalmente será el día 12). La atmósfera política favorece a la oposición. Aunque las encuestas siguen poniendo al PRI adelante, se dice que sondeos encargados por la presidencia arrojan resultados preocupantes para el gobierno.

La violencia no cesa. Hay un nuevo secuestro (Losada, vicepresidente de Gigante). Un nuevo asesinato (Benítez, jefe policiaco de Tijuana, ni más ni menos que encargado de las primeras investigaciones del crimen de Colosio).

En el plano internacional una nota grandiosa: las elecciones de Sudáfrica y el triunfo de Mandela. Una imagen para no olvidar nunca: Nelson Mandela baila, baila, sonriente, en medio de la euforia de sus seguidores y de una alegría que tiene que ser mundial. Pocos momentos tan brillantes como éste en la historia humana. Madela baila, baila y no para.

 

Día 6

La CEOIC, cuatro meses después de su constitución, no ha obtenido respuesta a sus demandas. Jorge Arturo Luna, uno de sus dirigentes, advierte: “El gobierno está nadando de muertito en aguas turbulentas”.

El obispo Samuel Ruiz y el comisionado Manuel Camacho se reunieron nuevamente en la selva y anunciaron que en unos días obtendrán la respuesta del EZ. “…Se reactivaron las consultas sobre los compromisos para una paz digna, y en unos días tendrá el EZLN las respuestas que hará llegar al comisionado a través del mediador.”

La reunión, dijo el mediador, sirvió para “echarle agua al polvo”. El encuentro se celebró en un claro de la selva, en las afueras de la zona franca de Guadalupe Tepeyac.

 

El debate (día 12)

Esperado con verdadera expectación, paralizó la ciudad. Gran rating en la TV. Fuimos televidentes ciudadanos de todos los colores, y también los incoloros. Interés y curiosidad. No decepcionó, aunque gustó más a los azules que se declararon ganadores.

Zedillo, novato y sin propuesta nueva; Cuauhtémoc, nerviosos y sin recursos de polemista; Diego, buen polemista y además marrullero.

El efecto del debate, medido en sondeos inmediatos, fue de un salto hacia arriba del candidato del PAN, una reducción significativa del PRI, y una reducción más bien leve del PRD. Pero el verdadero derrotado es Cuauhtémoc, porque representaba la oposición real y la alternativa popular, y porque las expectativas en torno a él eran crecientes.

Pero si algo empieza a ser notable en la actitud de Cuauhtémoc es su actividad incansable. El día 15 está en Chiapas, el lunes 16 se reúne con el subcomandante Marcos. El Sub criticó al PRD, pero manifestó su simpatía por Cuauhtémoc. Y le advirtió: “lo van a criticar, ingeniero, por haber venido a hablar con nosotros”. Mientras ellos hablaban, muchachos y muchachas zapatistas bailaban. Era una fiesta. “Estamos hablando desde el primero de enero, estamos festejando la vida”.

Y después también los perredistas bailaron. Cuauhtémoc y Doña Rosario bailaron. No puedo evitar esa otra imagen reciente: Mandela baila; baila y no para.

 

Día 19

Hay un aparente retorno a la calma, pero los días siguen cargados de presagios: no se ha resuelto nada. Antier renunció Diego Valadez como Procurador General de la República (con el nuevo ya son cinco procuradores en el sexenio). La semana pasada renunció Eduardo Valle “El Búho” a su empleo en la procuraduría; estaba encargado de combatir a los narcotraficantes del Cartel del Golfo. Su renuncia era el reconocimiento de su fracaso tras 18 meses de combate, y pone en evidencia el enorme poder e influencia del narcotráfico en altos círculos gubernamentales. Dijo El Búho que vivimos en una “narcodemocracia”.

Los secuestrados siguen secuestrados. Camacho no aparece. La crisis chiapaneca nada más espera.

Está en marcha una campaña de desprestigio contra Cuauhtémoc y el PRD. Este no ayuda mucho mostrando sus pugnas internas cuando tienen por delante 100 días de guerra electoral.

La campaña de Zedillo vuelve al viejo estilo del partido del Estado: la radio y la TV repiten hasta la saciedad los spots zedillistas. ¿Se podría contabilizar ese gasto?

Cárdenas en un auditorio universitario de Ciudad Victoria planteó la tesis de las tres vías: “El cambio que necesita el país se tiene que impulsar en tres vía: la de las libertades políticas, la del crecimiento económico y la de la equidad social”.

En San Luis Potosí se realizó un acto en memoria de Salvador Nava a dos años de su muerte; doña Concepción Calvillo dijo: “a los zapatistas les debemos el despertar de conciencia de los mexicanos”. Cuauhtémoc se refirió a Nava: “Dejó un ejemplo de dignidad, entrega y pasión en la lucha… Si en agosto se quisiera hacer una imposición como la que se intentó en la entidad en 1991, Salvador Nava ya nos enseñó el camino”. Es decir, reitera la movilización civil y no las armas como forma de enfrentar el fraude.

 

Al terminar mayo

Las campañas electorales son el centro. Zedillo fue a Ciudad Universitaria y se armó la bronca. Cosechó repudio, aunque ahora repita (y con él los medios) que fue un éxito. La crónica de La Jornada da cuenta del mal paso. En el auditorio de Contaduría tuvo que escuchar reclamos y salió entre gritos y botellazos. Sus guardias armados golpearon estudiantes.

Al mismo tiempo se desatan conflictos en el interior del PRI en torno a las candidaturas para diputaciones y senadurías. La lista “palomeada” irritó a ciertos grupos que presionan para enmiendas de último momento.

Diego está envalentonado: sigue disfrutando su victoria en el debate. El mitin de Guadalajara fue algo inédito por su magnitud y por el entusiasmo popular en torno al candidato del PAN.

Hay un leve repunte en la campaña de Cuauhtémoc. Sus recientes giras por Michoacán y Guanajuato fueron buenas. Sobre todo la de Guanajuato, por la respuesta inesperada tratándose de una plaza priísta-panista. La nota de La Jornada hace cuentas: 17,000 participantes en los mítines de Cárdenas. Otro punto a su favor es que el PRD cierra filas para concentrar los esfuerzos en la campaña. Lo más intenso está por venir.

Conocido como Charras

Francisco Pérez Arce Ibarra

 El gobierno de Yucatán asesinó a un joven abogado de nombre Efraín Calderón Lara también conocido como Charras. Sucedió en 1974. Fue un crimen político cuyos autores intelectuales se sentaban en altas sillas de la jerarquía política.

Efraín era sindicalista, daba asesoría jurídica a trabajadores, promovía su organización. El golpe iba dirigido contra un movimiento que en Yucatán adquiría fuerza:  se llamaba Insurgencia Obrera, despuntaba desde 1971 en el país y demandaba cosas aparentemente simples como sindicatos democráticos, mejoras salariales y respeto a la constitución y a la Ley Federal del Trabajo.

Charras era el organizador más visible en Yucatán, pero no era el único. Había un grupo grande, de origen universitario, que había transitado de la causa estudiantil a las causas populares. El fenómeno se dio en todo el país. Empezó, quizá, con el mítico movimiento del 68 que liberó una energía juvenil inédita.

Empezó, quizá, en 1968 en las calles y en las plazas de la ciudad de México. Esas jornadas de manifestaciones gigantes  sacudieron al aparato del Estado. Pusieron de cabeza al régimen presidencialista. Sometieron a una crítica despiadada  a la cultura política de la simulación y la demagogia. A una democracia electoral inexistente. Confrontaron a una rígida estructura política y ponía en duda los beneficios sobrevalorados y mal repartidos del crecimiento económico. Fiesta estudiantil de ideas y frases compartidas por todo el mundo. La primavera de la rebeldía juvenil fue frenada brutalmente el 2 de octubre en Tlatelolco con el asesinato masivo ordenado desde la presidencia. El autoritarismo personalizado en el presidente llegó a su cúspide. Ese crimen resultó inolvidable, pero no sólo esa imagen criminal sobrevivió; sobrevivieron también los miles de estudiantes que ya no volvieron a ser los mismos. Sobrevivieron las críticas a una democracia que nadie podía tomarse en serio.

En Yucatán los universitarios realizaron acciones aisladas de solidaridad con los estudiantes de México y de condena a la represión violenta. Pero realmente el movimiento estudiantil despuntó en los años siguientes. Una de sus características fue su cercanía a las causas populares y particularmente con la lucha sindical.

En los primeros años setenta se desataron en el país movimientos sociales en el campo y en la ciudad. En el campo se sucedieron numerosas tomas de tierra que denunciaban la existencia de latifundios y daban cuenta de una población campesina dispuesta a luchar por un pedazo de tierra. En ocasiones las luchas no fueron por la tierra sino bajo otras formas, vinculadas al crédito y la organización productiva. Pero el conjunto muestra una geografía en la que el movimiento campesino se extiende y se agrupa al margen de las organizaciones oficiales. Es decir, se trata de movimientos independientes.

En la ciudad aparecieron organizaciones en las colonias populares que se crearon por la migración campo-ciudad en medio del crecimiento caótico de las ciudades. Demandaban regularización de la propiedad y servicios urbanos elementales. En todas las ciudades grandes hubo luchas que dieron lugar a lo que empezó a llamarse Movimiento Urbano Popular; se dieron al margen de las organizaciones controladas oficialmente. Nacieron siendo movimientos independientes.

En el ámbito sindical sucedió la insurgencia. Brotaron huelgas obreras por todas partes y en todo tipo de industria. Había razones económicas: los salarios empezaban a sufrir un deterioro continuo y las corporaciones sindicales oficiales eran incapaces de responder a las demandas  espontáneas de la base. Eran corporaciones, como la CTM, acartonadas, autoritarias y obedientes a las políticas gubernamentales. Naturalmente tendieron a convertirse en agrupaciones independientes que debían confrontar no sólo a los patrones sino al mismo tiempo a los sindicatos antidemocráticos, insertados en el PRI,  y que eran coloquialmente llamados sindicatos charros.

 

El Frente Sindical de Yucatán

Los estudiantes yucatecos no se sumaron a la rebeldía del 68. En 1972, sin embargo, empezó una efervescencia que sumaba las resonancias del movimiento estudiantil nacional y un conflicto en el PRI donde la corriente más popular se sintió desplazada con la elección de Carlos Loret de Mora como candidato a gobernador. Era el último año del presidente Díaz Ordaz.

Las federaciones de estudiantes, habitualmente controladas por el partido oficial, adoptaron entonces posiciones críticas. Pero lo más notorio fue la rápida coordinación entre los campos universitario y sindical. La paz cetemista empezó a resquebrajarse en 1973; en ello desempeñó un papel destacado el Frente Estudiantil Cultural Jacinto Canek, que desde los primeros brotes de sindicalismo independiente fue activo organizador de acciones solidarias. Relacionado con esa organización universitaria, un joven abogado (recién egresado de la Universidad de Yucatán, y que había sido dirigente estudiantil), Efraín Calderón Lara, abrió un despacho jurídico al que empezaron a llegar grupos de obreros en busca de asesoría para formular sus demandas laborales y organizarse en sindicatos independientes. También contribuyó al auge la presencia de los electricistas del STERM y de los ferrocarrileros vallejistas que no sólo dieron apoyo político sino que aportaron, cuando fue necesario, su infraestructura: locales para reuniones y aparatos de impresión.

En 1973 hubo movimientos en fábricas de calzado, de confección, panaderías, gasolineras, empresas de transporte y de la construcción, así como de empleados universitarios y de oficinas públicas. La CTM fue incapaz de controlar el movimiento. El despacho de Efraín Calderón Lara, conocido como Charras, se llenó de trabajo. Con el apoyo estudiantil y la suma de nuevos contingentes,  el movimiento consiguió varios registros sindicales, estalló huelgas, logró contratos colectivos en empresas en las que ni se soñaba en conseguir algo así. Y con una fuerza considerable, con grupos organizados por todos lados, en octubre de 1973 se constituyó el Frente Sindical Independiente. El nuevo año, 1974, empezó con varias huelgas y un pronóstico muy favorable para el recién constituido Frente.

 

Gobierno y delito

En pleno ascenso de la lucha sindical, el 11 de febrero, estalló la huelga de Construcciones Urbanas del Sur Este, S.A. (CUSESA). El gobierno, la CTM y las organizaciones patronales que decían “estar cansadas” de la agitación que se extendía en el Estado.

El gobernador Loret de Mola atribuye ese ambiente de agitación a distintos factores: está obsesionado por la supuesta mano negra de sus enemigos políticos Carlos Sansores Pérez, cacique de Campeche y líder de la cámara de diputados, y Víctor Cervera Pacheco, también diputado federal y ex alcalde de Mérida. Ellos eran, según Loret, los principales interesados en que no hubiera paz en Yucatán. Le concede una parte de la culpa, no menor, al presidente Echeverría quien, según él, toleraba la agitación estudiantil yucateca y aun la propiciaba. Pero en lo laboral el principal culpable era Charras, el asesor sindical.

Escribe Loret:

La sociedad entera parece aliada contra el díscolo, representante del diablo mismo. Gamboa (el jefe de la policía) es el ángel. Charras, el demonio. Tal la imagen simplista que los conservadores de Mérida se forman de estos dos singulares personajes. (1)

El jefe de la policía, coronel Felipe Gamboa y Gamboa, le dice en lenguaje críptico: “señor gobernador, yo quiero servir a usted y a Yucatán. Esto de Charras está insoportable. Creo que ha llegado la hora de ser enérgicos con él”.

Según él mismo, le contestó: “Cuidado, coronel, con tocar físicamente a ese muchacho. Presiónelo, aconséjelo y vigílelo… No vaya a pretender algo ilegal en CUSESA. Pero mucho, muchísimo cuidado, coronel, con tocarlo físicamente…” (2)

Gambo interpreta esas palabras como la luz verde de su jefe y de inmediato se reúne con su plana mayor (Enrique Cicero, subdirector de Instrucción; Marrufo Chan, subdirector administrativo; Chan López, comandante de Patrullas) y planean desaparecer a Charras. Encargan la tarea a dos agentes (poco conocidos en el estado y con características físicas de gente de otro lado), el sargento Néstor Martínez Cruz y Eduardo Sáenz Campillo, y a José Pérez Valdés (ex agente, contratado especialmente para este caso).

El capitán Marrufo Chan recurre al subdirector de Tránsito Javier Angulo Marín quien les proporciona un automóvil Dodge Dart azul y dos juegos de placas y tarjetas de circulación falsas. Además del auto, a los comisionados les entregan tres mil pesos, dos pistolas y ampolletas de Seconal, por si el “sujeto se resiste”.

El miércoles 13 de febrero a las diez de la noche localizan el Volkswagen café de la víctima. Lo siguen. Efraín y sus dos acompañantes (Pedro Quijano Uc y Miguel Ángel González Sulub) se dan cuenta de que los van siguiendo y salen por la carretera a Chichén. Unos minutos después creen haber perdido a sus seguidores y dan vuelta en “U”. Los estaban esperando.

Como a las once de la noche los obligan a detenerse. Pistola en mano lo separan de sus acompañantes y lo secuestran. Se llevan las llaves del Volkswagen.

Los secuestradores le inyectan el Seconal pero no tiene efecto inmediato. Charras se resiste. Lo golpean brutalmente, lo amarran de pies y manos, lo meten a la cajuela y salen de la ciudad por la carretera de Chetumal.

A la mañana siguiente –escribe el gobernador-, cuando presido el acto de homenaje a Vicente Guerrero, el procurador general de Justicia licenciado Rodríguez Rojas me informa confidencialmente que hay una denuncia en el sentido de que Calderón Lara fue secuestrado la noche anterior… “Habla con el coronel” le digo. Pienso que Gamboa lo tiene a buen resguardo para evitar que haga algún despiporre en la diligencia de CUSESA, citada para primera hora de ese mismo día 14. Me traslado al aeropuerto para asistir a la inauguración de los vuelos de la empresa Bonanza. Al llegar me entrevistan los tres líderes estudiantiles y piden que se busque a Calderón Lara, porque ha sido secuestrado. El coronel está ahí, cerca de ellos. Lo llamo y le ordeno, delante de los muchachos, buscar a Charras…

Voy después a mi despacho de palacio. Ordeno que me comuniquen con el coronel para preguntarle dónde está el desaparecido, pero no logro dar con él. Me tiene doce horas en suspenso, mientras los estudiantes bloquean la calle 60 en su esquina con la 57, es decir, frente a las oficinas centrales de la Universidad, en señal de protesta por la desaparición de Calderón Lara. (3)

Mientras esto sucede 80 golpeadores de la CTM rompen la huelga de CUSESA.

En la madrugada de ese día jueves 14 los secuestradores habían asesinado a Efraín, de un balazo en la cabeza, en el kilómetro 101 de la carretera a Chetumal. El ejecutor, Pérez Valdés, lo cubrió con una toalla para no verle la cara al dispararle. Lo entierran a la orilla de la carretera. Los asesinos informan a Chan López que Efraín ya estaba “11 definitivo”, lo que en clave policiaca significaba que ya estaba muerto. Chan informa a su vez a Gamboa quien ordena que quemen el coche, cosa que hacen.

El mismo jueves los estudiantes y las organizaciones del Frente saben que ha sido secuestrado y se movilizan. Los estudiantes toman las calles e interrumpen el tránsito. Exigen que aparezca Charras. Responsabilizan al gobierno, a los empresarios y a la CTM.

Según el gobernador, Gamboa le informa de la muerte de Charras hasta la tarde del día 15:

Llega a palacio a la una de la tarde, muy pálido, y me pide un aparte. Al concluir la audiencia que sostenía en aquel momento, penetro al saloncito donde me aguarda Gamboa, me siento sin decir palabra, le señalo un asiento, y me quedo mirándolo:

-Señor gobernador –dice-, Dios quiere que usted gobierne en paz.

-Pues, por favor que lo demuestre, porque están bloqueando las calles. ¿Dónde está Charra, coronel? ¿Por qué no lo devuelve usted inmediatamente? ¿Por qué me deja usted sin comunicación tantas horas? ¿Qué pasa?

-El pobre muchacho se les ahogó en la cajuela del carro en que lo llevaban.

(…)

Me quedo solo bajo el peso de una angustia tan profunda, tan aguda y amarga, como nunca conocí otra. Pienso en suicidarme. ¿Cómo? ¿Confesar así algo que yo no había hecho? ¿Dejar una mancha sobre mi familia? Jamás. Hay que demostrar la verdad –me digo; pero luego analizo que, ante el seguro problema político previsible, mi deber es actuar en coordinación con el gobierno federal… (Vuelo a México)… Dejo a Mérida en ascuas, bajo una protesta estudiantil en ascenso… Siempre hallaba a Moya (secretario de Gobernación). Esta vez no está. Me dirijo al capitán Fernando Gutiérrez Barrios, subsecretario. Le relato los hechos tan escueta y exactamente como yo los conozco, y le ruego que me dé orientaciones, en tanto vemos al ministro.

Gutiérrez Barrios no se altera. Inmutable, me dice:

-Desde luego hay que proceder dentro de la ley. ¿El coronel está en sitio seguro, no desaparecerá?

-No creo; sigue al frente de su responsabilidad –respondo.

-Bien, no hay que levantar polvo antes de resolver. ¿Qué cree usted que debe hacerse? –me pregunta.

-Estimo que debo renunciar para defenderme fuera del poder…

-Valerosa actitud. No me parece conveniente…

A la mañana siguiente hablo con Moya. Me dice:

-Ni el señor presidente, a quien ya informé por teléfono a las Bermudas, ni yo, aceptaremos que usted renuncie. Nada remediaríamos; y además, lo harían polvo a usted. Ya sé que no tiene culpa. Tampoco el señor presidente la tuvo en la jornada de Los Halcones. Estas cosas son así. Usted debe encabezar la investigación y esclarecer el caso y consignar a los responsables. Saldrá fortalecido. Asuma inmediatamente la responsabilidad. (4)

 

El viernes 15 Mérida está que arde. Los estudiantes en huelga han puesto barricadas en dos cruceros céntricos de la ciudad. En la tarde realizan un gran mitin en la plaza principal.

El sábado 16 la policía, al mando del coronel Gamboa, intenta destruir las barricadas. No lo logra. Después, tiradores anónimos balacean el edificio central de la universidad. Esta nueva agresión calienta más los ánimos y amplios sectores de la sociedad se suman a las protestas. Los estudiantes secuestran 30 camiones en coordinación con los choferes del sindicato independiente Jacinto Canek. A las cinco de la tarde la policía retira todos sus efectivos y entra el ejército a patrullar la ciudad.

Los días 16 y 17, a pesar de que el ejército patrulla las calles la huelga continúa y el movimiento estudiantil conserva la ofensiva. Pintas en las paredes y en los camiones, volanteo, mítines en calles y mercados, grandes concentraciones diarias en el edificio central, tienen que ser aceptadas por las patrullas del ejército que en general se mantienen a la expectativa. El Consejo Universitario publica un desplegado denunciando la represión, Radio Universidad informa regularmente pese a las amenazas por parte de Gobernación y los intentos de interferencia de las radiodifusoras privadas. (5)

El lunes 18 se informa que han encontrado el cadáver de Charras. Tiene indicios de haber sido torturado.

Si el secuestro moviliza al Frente y a algunos estudiantes y el ametrallamiento de la Universidad extiende la lucha a casi todo el estudiantado, el descubrimiento del asesinato indigna a numerosos sectores populares hasta entonces pasivos y los pone en acción.

El sepelio se lleva a cabo el día 20 y se convierte en una manifestación de más de 15 mil personas, con banda de guerra al frente y una gran caravana de camiones manejados por los choferes del Sindicato Jacinto Canek.

El gobernador viajó varias veces al D.F. pidiendo instrucciones para enfrentar la crisis política. La línea del gobierno federal fue, en todo momento, oponerse a la renuncia del gobernador y presentarlo como el principal impulsor de las investigaciones.

El 14 de marzo, después de un mes de huelga, y coincidiendo con una manifestación silenciosa de aproximadamente mil personas de la Universidad al cementerio, el gobernador informa que el director general de Seguridad Pública del Estado, Teniente Coronel José Felipe Gamboa Gamboa, el subdirector Carlos Manuel Chan, el comandante Víctor Chan y cinco de sus subalternos son los responsables del asesinato de Efraín Calderón Lara… (6)

El movimiento duró 60 días. Se levantó la huelga universitaria y Mérida volvió paulatinamente a la normalidad después de que apresaron a los jefes policiacos y a los ejecutores del crimen. (Uno de los tres participantes directos nunca fue encontrado). El comandante Gambo y los mandos involucrados fueron juzgados. Les dieron sentencias amigables y recibieron trato de privilegio en la cárcel de Chetumal. Salieron libres tres meses antes de que Loret dejara el poder. El autor material, el que jaló el gatillo, Pérez Valdés, recibió apoyos económicos generosos mientras estuvo preso; se fugó mucho antes de cumplir su condena. (7)

El Frente Sindical Independiente adoptó el nombre de Efraín Calderón Lara y mantuvo una actividad intensa hasta 1977, año en que la Insurgencia obrera, en todo el país, estaba declinando.

 

 

Esbirrismo como política de gobierno

El libro de Carlos Loret de Mola, Confesiones de un gobernador, publicado en 1978, tiene el título apropiado. Las páginas dedicadas al caso del asesinato de Efraín Calderón y la airada reacción popular, ocupa un capítulo IX, que titula “El Drama”, y continúa en el capítulo X, “Ante el odio”. En su propia apreciación los 60 días posteriores al asesinato constituyeron el peor momento de su gobierno y la crisis política más aguda. En su relato busca obsesivamente justificar su actuación y subrayar su inocencia. No lo logra, sin embargo. Consigue por el contrario hacer el bosquejo de un crimen de estado en el que está involucrado él mismo y los mandos policiacos que sienten la necesidad de responder a exigencias airadas de los empresarios y la CTM. Pero también acaban siendo involucrados el subsecretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, el secretario de gobernación, Mario Moya Palencia y el presidente Echeverría. (8)

La autodefensa del gobernador se base en que él no ordenó el asesinato. Sin embargo en su mismo relato reconoce que el coronel Gamboa le dijo refiriéndose a Charras, precisamente un día antes del recuento que se llevaría a cabo en la huelga de CUSESA, “esto de Charras está insoportable, creo que ha llegado la hora de ser enérgicos con él”, a lo que Loret contesta: “Cuidado, coronel, con tocar físicamente a ese muchacho. Presiónelo, aconséjelo y vigílelo… pero mucho cuidado, coronel, con tocarlo físicamente”. Gamboa responde: “No se preocupe, señor gobernador. Yo sé lo que hago”.  Un día después el procurador le informa que hay una denuncia en el sentido de que Calderón Lara fue secuestrado la noche anterior… Le dice Loret al procurador: “habla con el coronel, pienso que Gamboa lo tiene a buen resguardo para evitar que haga algún despiporre en la diligencia de CUSESA…”

El gobernador sabe que la policía ha secuestrado a Calderón. Ordena a Gamboa que lo devuelva. Éste lo hace esperar casi un día antes de informarle que “se les murió” asfixiado en la cajuela. La ciudad está encendida. Estudiantes y sindicalistas toman las calles.  El gobernador vuela al D.F. “dejo a Mérida en ascuas, bajo una protesta estudiantil en ascenso”.  Informa al subsecretario de Gobernación Gutiérrez Barrios lo sucedido. Al día siguiente habla con el secretario, Moya Palencia, quién ya informó al presidente. Le prohíben que renuncie (lo que supuestamente él ofreció). Le dicen que debe ponerse al frente de la investigación y castigar a los culpables. Vuelve a Mérida. Pregunta al coronel dónde está el cuerpo de Calderón. El coronel responde: “Nadie lo encontrará jamás. Está en el monte más intrincado de Quintana Roo”. El gobernador advierte: “Sí lo encontrarán, de eso puede usted estar seguro”. Gamboa se justifica: “La orden era sacarlo de circulación por una horas, darle un susto; pero mis gentes llevaron la cosa hasta apartarlo fuera del Estado, a ver si se calmaba… Y se les ahogó en la cajuela”. El gobernador reflexiona: “El esbirrismo es una cadena de conductas oficiosas que conducen desde una buena intención  equivocada hasta un final aberrante. Elige bien la palabra: Esbirrismo. Se trata de una forma de ejercer el poder por encima de la ley. Pero el gobernador es el eslabón más alto de esa cadena. En los hechos él autorizó la acción de coronel. Supo que estaba secuestrado y no lo denunció ante el procurador. Supo que lo habían asesinado y tampoco lo denunció. Supo que habían escondido el cuerpo en un monte intrincado y no ordenó que lo entregaran. Supo el nombre de los organizadores del secuestro y lo ejecutores del asesinato y tampoco los denunció a la procuraduría.

El cuerpo es encontrado y trasladado a Mérida el miércoles 20. Ha pasado una semana desde el secuestro. La autopsia realizada en Mérida encuentra que la causa de muerte fue un balazo en la cabeza. (Sorprende que en una primera autopsia, realizada en Carrillo Puerto, no detectaron el balazo.) Loret vuelve a México el 5 de marzo a informar de las nuevas circunstancias. La protesta social va en aumento. Lo mandan de regreso con la misma consigna: que siga las investigaciones. El día 9 es convocado por Gobernación y viaja nuevamente a México.  “Tanto don Fernando (Gutiérrez Barrios) como el licenciado Moya me dan precisas indicaciones. Una línea de conducta señalada por el gobierno federal: justicia y esclarecimiento pleno. Consignación de todos los responsables.” El día 11 la policía judicial de Yucatán tiene en sus manos al autor material, Pérez Valdés.  Días después entran a prisión todos los involucrados en la organización del secuestro y asesinato, desde Gamboa para abajo.

 

La mala conciencia del gobernador

El secuestro y asesinato de Efraín Calderón fue organizado y llevado a cabo por el gobierno. Se trataba de un líder sindical y estudiantil con gran arraigo y prestigio. La sociedad vio de inmediato en este crimen las manos del gobierno. La detención del coronel Gamboa, sus allegados y los ejecutores materiales logra pacificar la protesta que se mantuvo durante 60 días.

La sociedad reaccionó ante un crimen del gobierno. El liderazgo de Charras era auténtico. El movimiento sindical que pretendían frenar con ese crimen tenía raíces largas y causas legítimas. Los dichos y las acciones de Loret de Mola dan cuenta de un pensamiento superficial expresado en un lenguaje ramplón. En su mente, la movilización social no responde a otra cosa que las acciones malévolas de sus enemigos políticos personales (dentro del mismo sistema) Carvera y Sansores. O bien, o también, a la intervención de “agitadorcillos” o “lidercillos” de intenciones oscuras. Es un pensamiento que desprecia profundamente a obreros y estudiantes. Éstos son incapaces de rebelarse, organizarse y luchar por sus demandas; son simplemente materia de manipulación. De un pensamiento de esa naturaleza proviene la conclusión de que basta con desaparecer a un líder para que la protesta desaparezca con él. O que es necesario dar lecciones ejemplares: y entonces reprimen a los movimientos con violencia.

Efraín Calderón Lara, conocido como Charras, era un líder auténtico, respetado y querido por estudiantes y obreros. Él no era el movimiento sino parte del movimiento. Por su edad y por sus ideas representa a una generación rebelde que buscó con insistencia cambiar al país por la vía pacífica. Fue una pérdida grande. Fue una tristeza grande. Cuarenta años después de su muerte sigue siendo recordado con calidez… y también con rabia. Que no se olvide su nombre; tampoco los nombres de los asesinos.

 

 

 

 

 

 

 

NOTAS

(1)   Carlos Loret de Mola: Confesiones de un Gobernador, Ed. Grijalbo, México, 1978, p.206.

(2)   Ibid, p. 207.

(3)   Idem.

(4)   Idem.

(5)   Frente Sindical Independiente Efraín Calderón Lara, Yucatán 1973-1977, (S.F), p.46.

(6)   Idem.

(7)   Ibid, pp. 47 y ss.

(8)   Las citas de este apartado provienen del libro citado de Carlos Loret de Mola, capítulos IX y X, pp. 197 y ss.

 

1994, abril: el nuevo ungido

Francisco Pérez Arce Ibarra

Unos días de forcejeo dieron paso al nuevo dedazo. Con el folklórico método de la voz de ultratumba a través de un video en el que Colosio se expresa bien de Ernesto Zedillo, el presidente Salinas impone: éste es el nuevo ungido.

El día cinco la asamblea del Comité Nacional cetemista, presidida por el increíble Fidel Velázquez, lo nombra su candidato. “Todos los dedos señalaron la bóveda del auditorio…”, es la votación que hizo a Zedillo “el candidato de los obreros”.

“Un Zedillo mucho más aplomado –sigue el cronista de El Financiero—con voz firme, se paró frente al atril. Fue directo. Fue interrumpido diez veces por las porras que coordinaba un hombre barbado. Fue Zedillo. Ya no fue Colosio, el mártir no mereció una sola mención.”

En la CTM fue el primer acto de campaña. En el SNTE el segundo. Elba Esther Gordillo, el día seis de abril, tuvo que tragar camote porque en una memorable reunión de febrero, recién nombrado Zedillo coordinador de la campaña de Colosio, le reclamó al primero que, como secretario de educación había incumplido con la modernización educativa. Ahora lo apoyaba como su candidato “salido de una escuela del pueblo”. Zedillo salió contento, dijeron los cronistas… seguramente guardaba temores… “van a ver que el nivel de vitaminas me va a subir hoy, gracias a ustedes… me van a ver alegre en esta campaña.”

Los periodistas se quejan del trato rudo que reciben de los agentes de seguridad. Ni de lejecitos pueden acceder al candidato.

La atmósfera en Chiapas está muy cargada. Los campesinos mantienen las invasiones. Los ganaderos se envalentonan. El gobierno duda. Un grupo armado, que no pertenece al EZLN, provoca una balacera contra un retén de soldados. Suena a provocación para romper la tregua.

Romper la tregua, provocar la represión, recuperar sus tierras, exterminar al enemigo, cometer al indio, volverlo a su lugar de sumisión. Ése es el programa de los latifundistas locales. Pero de momento el gobierno no puede apoyarlos, el costo político sería enorme.

Las campañas presidenciales no encienden al país. Navegan sin rumbo. No se establece una lucha de ideas. Fotos, nombres, siglas… es difícil identificar programas, ideas, proyectos de país. Salvo el de Zedillo que no representa la estabilidad pero la promete. Ya no puede ostentar una política económica exitosa, pero la promete.

Cuauhtémoc  también representa algo. No un proyecto claro. Pero lo identifica su apellido y los seis años de oposición terca. Representa la idea de democracia y tiene la imagen de hombre honesto. Pero su proyecto económico no ha sido expuesto con claridad. En días recientes ha moderado su lenguaje en torno a temas como el TLC. Advierte que los cambios no serán abruptos. Es un discurso para ganar la opinión de empresarios. Para conjurar el fantasma de la crisis financiera ante su probable victoria.

Diego acentúa en su discurso los temas de moralidad, familia y religión.

El gobierno salinista y el PRI pasan por un mal momento. La lucha entre facciones no parece fácilmente superable. El sistema hace agua por sus contradicciones internas.

21 de abril

Siguen los días revueltos. Ayer volvió a caer la bolsa de valores: acumula una pérdida de 11% en tres días.

La credibilidad en torno a las investigaciones del homicidio de Lomas Taurinas está en el nivel más bajo: según la encuesta del periódico Reforma el 71% lo atribuye a un complot dentro del propio PRI, y el 45% piensa que el caso nunca se resolverá realmente.

Las recientes encuestas sobre preferencias electorales, incluso la que ayer dio a conocer la CIRT, señalan una tendencia a la alza de Cuauhtémoc y a la baja de Zedillo. Según ésta  la diferencia es todavía muy grande: atribuye a Zedillo 52% y a Cuauhtémoc un modesto 19%. Otra encuesta, la de MORI-Este País, señala tendencias más pronunciadas, y sólo da una ventaja de 10 puntos al PRI: 34% contra 24%. Dicen que el gobierno está realmente preocupado.

La incredulidad en torno a las investigaciones del crimen del 23 de marzo es fuente de incertidumbre para la campaña de Zedillo. De ahí que Salinas, en una movida desesperada, forme una comisión de ciudadanos que coadyuve en la investigación. Está integrada por Carlos Payán, Leonel Godoy, Fernando Gómez Mont, Agustín Basave y Agustín Santamarina.

Neoliberalismo y empleo

Los datos sobre el empleo en México (INEGI) muestran la peor cara de la política económica neoliberal: 35 mil despedidos durante el primer bimestre de 1994. El número de asegurados permanentes por el IMSS decreció en 8.9% entre diciembre de 1992 (9,257,000) y diciembre de 1993 (8,556,000). En febrero de 1993 el número ascendía a  8,635,000. Un año después, en febrero de 1994 había bajado a 8,521,000.

El dato de la población económicamente activa para el conjunto del sexenio, en cuanto a asegurados por el IMSS, muestra la magnitud del problema del desempleo y el fracaso en ese renglón de la política salinista:

Diciembre de 1988:               7,765,000

Febrero de 1994:                   8,521,000

Diferencia                                  756,000

El estimado de incorporación anual de personas al mercado de trabajo es de 900,000. Con base en estas cifras el aumento de desempleados a lo largo del sexenio fue de más de tres millones.

El problema indio

Representantes de 60 comunidades de la nación Purépecha hablaron de la pobreza y marginación de sus pueblos (27 de abril). Demandan atención a sus problemas (salud, desempleo, emigración). Entre sus demandas incluyen el reconocimiento constitucional de la autonomía política, administrativa, territorial y económica de las etnias, modificar las reformas de los artículos 4 y 27, la creación de la sexta circunscripción plurinominal para representación de los indígenas en el Congreso de la Unión, que el Instituto Nacional Indigenista (INI) se convierta en Secretaría de Estado; demandan también fondos para el desarrollo, y manifiestan su apoyo al EZLN.

Mientras tanto los representantes de la CEOIC fueron a Los Pinos: el documento leído en la casa presidencial, y firmado en San Cristóbal Las Casas el 21 de abril, establece que el balance del primer encuentro entre la dirigencia del EZLN y el comisionado para la paz, Manuel Camacho Solís, fue positivo. “Sin embargo, dos puntos quedaron fuera de las conclusiones y que son fundamentales, como las modificaciones al artículo 27 constitucional y la democracia en todas sus expresiones, como demandas generales que son de los mexicanos y de los chiapanecos deben retomarse necesariamente en la segunda ronda de negociaciones.”

La CEOIC hizo votos para la segunda  ronda de conversaciones entre “los hermanos del EZLN y Camacho Solís, se inicie lo más pronto posible… Finalmente la CEOIC demandó: 1) que las tropas del Ejército regresen a sus cuarteles, como un paso más para establecer una paz verdadera… 2) juicio político a los exgobernadores Absalón castellanos Domínguez, Patrocinio González Garrido y Elmar Zetzer Marseille… 3) el reconocimiento del EZLN como fuerza beligerante y 4) que México se retire del Tratado de Libre Comercio para América del Norte porque afecta a los pobres, que somos la mayoría, y porque nunca se consultó a México para su aprobación. (La Jornada, 23 de abril).

 

 

1994, marzo: días revueltos

Francisco Pérez Arce Ibarra

          Algo debe estar podrido en este país, algo muy profundo, cuando los indígenas de             todo el territorio mexicano se dirigen a un pasamontañas, a alguien sin rostro y que           además está armado, para pedirle ayuda…

Subcomandante Marcos

 

The Mexico Behind the Mask: es la portada del Newsweek. Dice entre otras cosas: “Chiapas lo ha cambiado todo… Si eso es así, el mundo debería tomar nota; un México donde todo está cambiando puede, por un tiempo, ser un lugar sumamente incómodo… Chiapas y todo lo que significa, no es el moderno, confiable México que Salinas ha estado promoviendo a los inversionistas de Dallas en Davos… Chiapas no es el México que ha hecho de Salinas y su banda de tecnócratas, los héroes de los economistas de todo el mundo…” (7 de marzo)

La bolsa de valores está cayendo en el primer día de marzo, pero el diálogo de la catedral arroja esperanza. El día dos se difunden los “compromisos por la paz”. Es una serie de propuestas para destinar gasto público en magnitudes importantes y en plazo corto, a la región. Una promesa de modificaciones jurídicas en el ámbito estatal, como la derogación del código penal del Estado y la promulgación de uno nuevo que, además de rectificar el anterior, tipifique el delito de expulsión de una Ley General de derechos de las Comunidades Indígenas, que resultaría de reglamentar los artículos cuarto y 27 constitucionales.

Los “compromisos” son una nota optimista. Pero no es de documentos firmados de donde puede surgir un verdadero “nuevo trato” con las comunidades indígenas. El “nuevo trato” no puede ser exclusivamente de parte del gobierno, sino de la sociedad nacional.

Al retirarse de San Cristóbal, el EZLN deja este párrafo de corazón utópico: “En nuestros sueños hemos visto otro mundo. Un mundo verdadero, un mundo definitivamente más justo que en el que ahora andamos.” Recuerda el “tuve un sueño” de Martin Luther King Jr. En su extenso pliego de demandas los zapatistas habían dibujado ese otro mundo verdadero, esa utopía en la selva que irritó a los intelectuales del pragmatismo. (Una doctora del Colegio de México confesó que la sociedad civil le daba miedo.) A los intelectuales del sistema les irrita la utopía cuando deja de ser literatura y alguien real lucha por ella.

Pero no todos en el sistema reaccionaron con la inmediata descalificación. Un político del sistema, Manuel Camacho, se atrevió a dialogar con los utópicos, a discutir la utopía. Su mérito es haberse atrevido a buscarle agarraderas a un pliego que empezaba exigiendo la renuncia del presidente; y en haber creído en la viabilidad del diálogo que evitara la “solución” autoritaria.

Algunos intelectuales se limitaron a descalificar a los zapatistas legitimando la vía autoritaria. Implícitamente se pronunciaban por abrir el fuego. Pero la mayoría de ellos se pronunció por la paz, y leyó con afecto los comunicados del EZLN.

Jorge Aguilar Mora escribió: “la lectura y relectura de los comunicados del EZLN ha sido una experiencia única donde, frente a la riqueza estilística unida a la pobreza de ideas de nuestra intelectualidad posmodernista, el lenguaje aparece revitalizado, estructurado con una fuerza antidogmática incontenible, apropiado de contenidos fundamentales, terrenales y elementales (elementales como los elementos, no como las verdades de Perogrullo de nuestros opinadores, ni como las tautologías de nuestros grandes creadores de puntadas). Elementales porque en los comunicados del EZLN la palabra recupera su sentido elemental, su sentido propio…” Luego cita a Vallejo: “Satie no expresa esto ni aquello. Su arte como el de Stravinsky, es la vida misma, escueta, a priori, una cosa endiablada, es decir, la vida. En Satie se ve cómo la música llega a ser un arte tan alto y puro, libre e incondicionado, que deja ya de ser arte. Y quizá este es el gran camino: matar el arte a fuerza de libertarlo. Que nadie sea artista. Que el compositor o el poeta componga su música y escriba su poema, de un modo natural, como se come, como se duerme, como se sufre, como se goza… Que el acto de emocionar sea un acto literalmente natural.” (El Financiero)

3 de marzo

Llegó al Zócalo la marcha del Comité “500 años de resistencia indígena”. Unos dos mil indios guerrerenses y no más de mil defeños, ocupamos un pedazo de la explanada. Yo esperaba que hubiera más apoyo de los habitantes de la ciudad. La marcha se autonombró “No están solos”. Partió el 21 de febrero de Chilpancingo.

La primera oradora habla en amuzgo. Discurso melodioso, incomprensible, bello. Siguen discursos en otras lenguas. Distintas y extrañas. Pero el Zócalo es de ellos. ¿Estamos inaugurando un nuevo trato con la población india, con esos diez millones de mexicanos que aún emplean una de las 54 lenguas indígenas? Tendría que haber un cambio profundo. Verdaderamente profundo tanto en los indios como en nosotros, los mexicanos no indios, los mestizos, los güeros…

También hoy salieron los representantes del EZ que estaban en la Catedral. Volvieron a la selva. En el testimonio televisivo los encapuchados, con sus armas y su dignidad, se internan en la selva, miran hacia atrás y hacen una señal de despedida. Un  final optimista. Un final inesperado. Un final literario para un episodio épico. Lo arcaico encima de lo postmoderno. Guerrilleros con el aspecto de héroes antiguos enfrentando a los orgullosos neoliberales telecianos de universidades primermundistas. Recordaron la selva, recordaron el sur. Volvieron a la selva, su selva. Un buen final, pero no es el final.

El engrane chiquito se articula con el engrane mayor: la lucha política nacional, la lucha de un proyecto de nación contra otro proyecto de nación. En palabras de un dirigente indio: “por una país en el que quepamos todos”. Un país que mira al sur. México es un país norte. Es un país indio y no indio. Es un país de extremos. Pero es un solo país y quiere seguir siéndolo. El episodio chiapaneco lo recuerda y lo pone en relieve.

¿Hacia dónde mirábamos cuando no mirábamos hacia Chiapas? Mirábamos al norte. El gobierno y su discurso nos hacía norteamericanos. Queríamos ser bilingües de inglés y español y, a la vuelta de los meses, nos recordamos plurilingües: de castellano, nuestra lengua de siglos, lengua que empezó a oírse en estas tierra hace 500 años; el castellano, adoptado y transformado por nuestro paisaje de nombres nahuas, modificado por influencias mayas y de otras culturas indias; el castellano, digo, lengua que queremos y que nos ha leído el alma con Pedro Páramo, Juan Pérez Jolote y muchos más… Y las otras lenguas, cincuenta y cuatro, en las que no podemos expresarnos los 80 millones, pero que de todos modos son nuestras y nos enriquecen como nación. Algunas de ellas están moribundas. El vuelco de enero puede cambiar la actitud nacional de abandono y desprecio a las lenguas más pequeñas. El vuelco de enero podría hacer que ahora buscáramos salvarlas, para salvarnos. Son nuestras lenguas. Es nuestra cultura inapreciable. No puedo olvidar el discurso melodioso en lengua amuzaga, de esa mujer que ayer llenó, con su voz, un zócalo semivacío.

Ser centroamericanos. Ser norteamericanos también. Olvidar cualquiera de nuestras partes es un acto de automutilación.

Guillermo Almeyra nos mira desde Italia: “En la política… los zapatista introdujeron un fresco aire principista, ético, opuesto al transformismo y el oportunismo, al carrerismo, al servilismo ante los potentes y el poder que contagia a las oposiciones incluso de izquierda… Los zapatistas son a la vez mexicanos y universales y, rescatando la dignidad de los tzotziles, de los tojolabales, choles, tzeltales y otras etnias de Chiapas, son capaces igualmente de llegar a los indios del resto de América, a los negros, a los pobres, a los obreros italianos. “. (La Jornada)

El discurso de Colosio (día 6) 

Gran concentración frente al Monumento a la Revolución en el 65 aniversario del PRI. Colosio es el único orador. Cuarenta mil asistentes; pero entre tantos miles se notó la ausencia de unos cuantos: Carlos Salinas, Manuel Camacho, Javier Paniagua. La ausencia del presidente responde al núcleo del discurso colosista: separar al PRI del gobierno. Las crónicas dan cuenta de un mitin frío. Se mandaron rentar 30 mil sillas. Se repartieron lonches (sándwich de doble jamón; manzana, milkiway) y tacos de canasta.

(Un año después, Carlos Fuentes escribiría sobre esta fecha: “el 6 de marzo, Colosio pronunció el discurso más reformista que haya pronunciado cualquier candidato del PRI a la presidencia”. Dos semanas después, estaba muerto.)

“En el acto priísta hubo otros cambios de forma. Por ejemplo, la mayor parte de las delegaciones estatales estuvo integrada por gente con apariencia de pertenecer a las clases medias y medias altas. Escasearon los enviados de agrupaciones que antes aportaban el mayor número de representantes, como los locatarios de mercados populares o las organizaciones sindicales. Incluso la aguerrida porra de los vendedores de billetes de lotería se quedó fuera del improvisado auditorio… En cambio tuvo lugar privilegiado la orquesta sinfónica conducida por el maestro Enrique Batiz (el Huapango de Moncayo y Estrellita de Manuel M. Ponce)” (Miguel Ángel Rivera, La Jornada)

Mientras tanto en San Cristóbal miles de indígenas  campesinos caminaron, junto con 300 maestros e Oaxaca, exigiendo la desmilitarización de la entidad y haciendo pintas en apoyo al EZLN y al subcomandante Marcos. Simultáneamente hubo marchas en Tapachula y Tuxtla Gutiérrez. Las tres fueron convocadas por el Consejo Estatal de Organizaciones Indígenas y Campesinas (CEOIC). La de San Cristóbal terminó en un “plantón” que se mantendría hasta obtener una respuesta del gobernador interino, Javier López Moreno.

Los maestros oaxaqueños habían llegado con 30 toneladas de víveres para los “desplazados”. (Marcos, amigo/ el maestro está contigo.)

En Tuxtla esperaban al gobernador. Les dijeron que llegaría a las seis y luego que a las ocho de la noche. Los manifestantes decidieron esperar: “se nos da una solución o los campesinos no nos movemos de aquí… Los campesinos están viendo canceladas las oportunidades para soluciones pacíficas,  ahora todos se están inclinando por los zapatistas” (Jorge Antonio Luna de la CEOIC)

Dijo también que el gobernador Javier López Moreno hizo mal en rodearse de los ex colaboradores de Absalón Castellanos. “Sólo falta que traigan al ex general para que todo sea igual.”

Avanzada la noche llegó el gobernador. Los campesinos dormían. Entró la comisión. La policía rodeó el edificio. Los campesinos bloquearon las tres entradas de la sede gubernamental. A la media noche había pocos indicios de un arreglo. El gobernador llegó tarde porque había estado en el D.F., en el cumpleaños del priísta.

Día 10

La violencia en Chiapas y el caso Camacho son los temas del momento. Son lo mismo y no. Son lo mismo porque Camacho es el comisionado para la paz, y al parecer habrá anuncios sobre los “acuerdos” con el EZ. Pero también está por decidir su futuro político y su posible ruptura con el PRI. Colosio ya está tirando golpes: hizo una declaración sobre la ineficacia y el carácter demagógico del programa “Hoy no circula”. Es una declaración torpe porque si bien golpea a Camacho, entonces regente, también es un autogol porque Colosio era Secretario de Desarrollo y Ecología.

Pero la violencia en Chiapas está desatada independientemente de la guerra interna del sistema. Parecen anuncios de una guerra civil. En Simojovel asesinaron a balazos a  Mariano Pérez dirigente de la OCEZ (Organización Campesina Emiliano Zapata). El crimen coincide con la ruptura de las pláticas entre el gobierno y la CEOIC, y con la “clausura” de cinco templos de la diócesis de Samuel Ruiz. En las puertas de esos templos aparecieron sellos firmados por el Comité del Frente Cívico Sancristobalense, que llevaba esta leyenda: “Como Dios está en todos lados es mejor que no acudan a los templos y recen en sus casas, les pedimos una disculpa a la comunidad”.

En Ciudad Juárez, Chihuahua, el Obispo emérito Manuel Talamás dijo temer por la integridad física del Obispo de San Cristóbal. Y advirtió: “Quien se mete de redentor termina crucificado”.

Quinientos participantes de 20 estados de la república asisten al Encuentro Nacional de Organizaciones Indígenas y Campesinas. La sede es San Cristóbal. Reiteran la demanda de “autonomía a los pueblos indígenas” y exigen la anulación de las reformas salinistas del artículo 27. Proponen una jornada nacional de movilizaciones para el próximo 10 de abril, aniversario luctuoso de Emiliano Zapata. Antonio Hernández Cruz, dirigente de la CEOIC (que integra a 280 agrupaciones) dijo que la Constitución General de la República debe ser cambiada. “Está muy vieja”, dijo, “enferma y violada; necesitamos una constitución nueva para el nuevo siglo”.

Navegamos a la mitad de marzo. El “factor Camacho” genera expectativas. La campaña de Colosio no prende. La de Cuauhtémoc tampoco: el día 15 en Ciudad Universitaria, encabezó un mitin gris; no fue la Universidad del 88, no fue la mar  de entusiasmo desbordando la explanad de rectoría.

Otra noticia viene a mover las aguas a intranquilas del primer trimestre: secuestraron a Harp Helú, importante hombre del poder financiero. La bolsa de valores acumula 6% de pérdidas en dos días (14 y 15).

Se abre nuevamente la expectativa de una “reforma electoral” con el anuncio de que habrá periodo extraordinario de sesiones de la Cámara. El acuerdo proviene de las oficinas de la Secretaría de Gobernación. Los términos producen fisuras en el PRD. La “ocho columnas” de Reforma y La Jornada dan cuenta de las pugnas inter perredistas (“La Reforma Electoral divide al PRD” y “Crisis en el PRD). En el mitin del Zócalo del 18 de marzo, Cuauhtémoc y Muños Ledo, ante más de 15 mil simpatizantes “mostraron diferencias”  en torno a los acuerdos que llevaron a la convocatoria para el periodo extraordinario. La diferencia es en torno al “grado” de autonomía de los órganos electorales que se lograría con esa reforma. Para Cuauhtémoc es insuficiente. Para Porfirio es un avance y un acuerdo aceptable. El día 20, Cárdenas declaró: “hay diferencias en la apreciación del grado de autonomía de la autoridad electoral, pero no distanciamiento de otro tipo que pudiera llevar a una ruptura entre PML y yo.” Dice también: El apego a los principios es lo que da fuerza y autoridad a los movimientos políticos y sociales y ese es el camino que nos llevará a la victoria el 21 de agosto.”

 Mataron a Colosio (23 de marzo)

Sonó el teléfono a la mitad de una tarde que parecía cualquier tarde. Una amiga, con voz grave, me preguntó si sabía que le habían disparado a Colosio. No, no sabía. Prendí la televisión. Estábamos todos los de la casa.

Nos manteníamos frente a la pantalla, paralizados, temiendo el desenlace. Deseábamos que la herida no fuera mortal. Temíamos no por el candidato del PRI sino por todos, temíamos por un futuro que habíamos adivinado distinto. Pero los movimientos nerviosos en los pasillos del hospital civil de Tijuana, la salida intempestiva de una doctora, la llegada de un obispo, la entrada a la sala de cirujanos de Diana Laura, la esposa de Colosio, eran malos augurios, muy malos. Después llegó la confirmación que venía de Los Pinos: Colosio está muerto. En esa tarde todos envejecimos un poco.

Hay una sensación general de incertidumbre y miedo. Las cosas pasan demasiado rápido. No ha terminado el primer trimestre del año y ya sucedieron cosas que podrían marcar un siglo: la guerra de Chiapas, la paz en Chiapas, la reforma electoral y el asesinato de Colosio. Otra vez, en un día, todo se hizo viejo. Antier está muy lejos.

“Parece, dijo mi hijo de 14 años, como si estuviéramos leyendo un libro de historia”. Así es. Hay periodos cortos en los que la historia parece condensarse.

Esta tarde ya no podemos asegurar que el futuro inmediato siga la dirección que imaginábamos antier: paz en Chiapas, discusión de la reforma electoral, campañas proselitistas intensas de los partidos. ¿De qué depende?

De que la sociedad no se retraiga temerosa, que no inhiba su participación en los asuntos públicos; y de que el gobierno respete el calendario político electoral. El primer temor es ese, que se utilice el crimen para justificar una dilación. Pero un país entero no debiera cambiar su destino por la decisión de los asesinos.

Transcribo párrafos de un artículo de Francisco Ruiz Massieu publicado en La Jornada, que en ese momento no tenía mayor importancia, era uno más de los elogios póstumos de Colosio, pero meses después tiene un eco grave y raro: “(los últimos 100 días) habían sido muy duros para el candidato Colosio y en esos días resistió todo” (…) “aguantó a pie firme las acerbas críticas a su campaña”, “desestimó la presión que lo excitaba a romper con el presidente (…)

“…hasta el final no hubo en él más que comentario cariñoso para el presidente, al que profesaba un afecto hermético; referencia cordial hacia quienes, con intención o sin ella, perturbaban su avance…”

“…cuando se confirmó su muerte, sólo pude exclamar con una voz que nunca supe que tenía: pobre Donaldo, pobre de mí, pobres de nosotros, pobres de todos nosotros”.

Los días siguientes al crimen se va fortaleciendo la hipótesis del complot al tiempo que se esfuma la del loco asesino solitario.

Registro la idea banal que sostienen Octavio Paz y Héctor Aguilar, entre otros, que culpa a los intelectuales de izquierda, a los críticos que hicieron la “apología de la violencia en Chiapas”.

Cuauhtémoc Cárdenas dijo: es otro síntoma de la descomposición política y social del régimen.

Hay una duda total. Todo México desconfía de la investigación.

Las consecuencias políticas del crimen pueden ser gravísimas. En primer lugar la paz en Chiapas se hace más frágil. El EZLN emprende su consulta y da a sus efectivos la señal de alerta. Esperan una ofensiva del ejército federal. Para el Sub no hay duda: los asesinos de Colosio querían provocar el rompimiento de la paz.

Camacho quedó en una pésima situación política. No tanto por los gritos de “asesino” que recibió en la agencia funeraria Gayosso, cuando fue a hacer una guardia ante el féretro de Colosio, sino por el deterioro de su relación con el PRI, y porque desde hoy se considera “un mártir de la democracia” quien hasta ayer era públicamente su enemigo político. Colosio Mártir representa ahora el cambio dentro del sistema. El asesinato dejó a Camacho fuera del campo de juego. Quería ser “factor”, opción de centro, carta viable en un posible conflicto postelectoral. Quería ser: Camacho el que logró la paz en Chiapas sin gran costo para el sistema; pero también: Camacho el que se distanció del PRI y sus métodos, pero siempre declarando su lealtad al presidente… Camacho el que no se había ido a la oposición y sin embargo podía ser bien visto por el PRD (o al menos por algunas de sus corrientes). Quería se Camacho negociador político, cuando las circunstancias demandaran un negociador político. Todo eso no sirve ya después del asesinato de Colosio. No importa quién lo haya hecho, quien mató a Colosio también quitó de en medio a Manuel Camacho. Paradójicamente, Colosio y Camacho se habían reunido apenas dos días antes para hacer las paces. Desconocemos los términos del acuerdo, pero Colosio estaba contento; se había quitado un obstáculo de enfrente.

A su muerte, Colosio se convirtió en el profeta del cambio. Había hablado de terminar con el tutelaje de gobierno sobre el PRI, de buscar votos no fraudulentos, de combatir los métodos viciados del priísmo… Acostumbrado el país a la demagogia del siglo priísta, era difícil tomarlo en serio. Pero lo asesinaron y entonces sus palabras adquirieron peso. ¿Lo mataron porque lo decía en serio?

En vida se le criticaba su falta de liderazgo, su mediocridad, su falta de audacia para enfrentar los grandes problemas nacionales (por ejemplo Chiapas). Ahora su actitud elusiva ante la cuestión chiapaneca se considera “prudente”. Así lo declara el propio subcomandante Marcos.

Se le consideraba el abanderado de la continuidad. ¿Lo era? Si tomamos en serio el contenido de sus discursos no lo era. Si en el asesinato de un periodista deben buscarse los móviles en sus artículos ¿en el de un político pueden encontrarse en sus discursos?

Al terminar marzo

El país navega entre la bruma. La economía, la política, la justicia, son parte de la misma incertidumbre. ¿Quién mató al candidato? ¿Quién será el nuevo destapado? Se suceden las condenas al crimen. Pero si la condena es unánime ¿quién disparó? El pueblo ya dio su veredicto: el gobierno. Puede haber variantes en cuanto al nombre del culpable: Salinas, Hank González, Córdoba Montoya, Gutiérrez Barrios… para citar a los más mencionados. En cuanto a Salinas, hay una sentencia por doble vía: el presidente es todopoderoso, si no fue él, tampoco lo evitó. La cultura del presidencialismo lo hace culpable. Los tumbos den la investigación (la apresurada hipótesis del asesino solitario, las contradicciones en la investigación policiaca, la rápida renuncia del procurador) alimentan la certeza popular. El pueblo ya señaló al culpable, sólo una investigación convincente puede cambiar este veredicto: el culpable está en Los Pinos.

 

1994, febrero: el campo de batalla

Francisco Pérez Arce Ibarra

La desigualdad en México ha sido habitual,

y nos hemos acostumbrado a vivir con ella.

Fernando Benítez, 1994

 

México es el país de la desigualdad.

Humboldt, 1802

Herman Bellinghausen escribió el 9 de febrero: “Pasado el brote (sublevación, estallido, erupción) zapatista, pasada al menos la etapa inicial, la primera secuela concreta ha sido la revuelta municipal que crece día con día”. Evidentemente el problema chiapaneco no termina en la rebelión armada. La sacudida de enero hizo que las organizaciones indias y campesinas sacaran sus cuentas pendientes. En el conflicto municipal se expresaba la historia de caciquismo y la antidemocracia.

Para el PRD no se trataba de una “guerrilla justiciera”, sino de un problema social complejo. Apoyó la “causa zapatista” y se metió a la coyuntura chiapaneca, no para apuntalar la vía armada, sino para intentar ampliar los espacios democráticos.

La izquierda legal estaba obligada a “deslindarse” de la vía armada. No podía ser de otro modo cuando su discurso proponía la transición pacífica a la democracia. Había recorrido los años del salinismo, a pesar de la represión, insistiendo en acudir a las urnas, y presionando para el cambio con movilizaciones postelectorales. A veces no precisamente legales, como la toma de palacios municipales y el bloqueo de carreteras; pero siempre desechando expresamente  la vía armada. Además, desde los últimos meses del 93 el PRD y Cuauhtémoc Cárdenas estaban empeñados en una campaña electoral con vistas a los comicios del 21 de agosto. La desconfianza en los organismos electorales, y las elecciones locales recientes, no modificaron la decisión de insistir en las urnas como forma de lucha, aunque previendo la movilización ante el fraude anunciado. Se jugaba, forzosamente, al proceso electoral y al conflicto postelectoral. La reforma del 93, impuesta por el binomio legislativo PRI-PAN, no representaba avances sustanciales que garantizaran elecciones justas. Y sin embargo, antes de enero no parecía haber condiciones para forzar una nueva reforma.

Cuauhtémoc Cárdenas y el PRD estaban en campaña electoral. Con o sin confianza en las elecciones se apostaba al cambio pacífico. Si ese era el discurso, deslindarse de la declaración de guerra hecha por un ejército guerrillero era una posición lógica. Lo que acercaba a las posiciones era que los guerrilleros no luchaban por la toma del poder ni por implantar un régimen socialista. Era un ejército “reformista”. Todos sus puntos podían ser suscritos por las organizaciones legales, salvo la guerra. Encontrábamos una extraña combinación: un levantamiento armado reformista y un partido electoral sin confianza en las elecciones.

La sociedad civil se había metido a la coyuntura con la exigencia de paz y con una abierta simpatía por los zapatistas, por los indios, por los campesinos marginados. El PRD se metía a la coyuntura con la mirada puesta en la reforma electoral.

Mientras en la prensa gobiernista se repiten las condenas simplonas a la violencia y a la subversión, en esta coyuntura se fortalece una prensa independiente y seria. Diarios nacionales como La Jornada, El Financiero y Reforma desempeñan un papel reflexivo y crítico. Es un espacio limitado a la prensa escrita, el monopolio televisivo (Televisa y Televisión Azteca) sigue actuando impunemente con una férrea línea oficialista, sin ningún contrapeso. Y hay muy escasas fisuras en el control de la radio. La prensa escrita, sin embargo, aumenta su influencia entre la población, sobre todo en las áreas urbanas. Si bien los tirajes de los diarios siguen siendo muy bajos, algunos tuvieron que aumentarlos sensiblemente. En estos dos meses primeros del 94 La Jornada llegó a publicitar un tiraje superior a los 150 mil ejemplares, el doble del habitual. Y era común que, en ciertas zonas, como el sur de la ciudad de México, el periódico se agotara en las primeras horas de la mañana.

Esta nueva realidad de la prensa mexicana, ya imposible de controlar desde las oficinas del poder supremo, impidió el coro unánime de condena a los zapatistas. Miguel Ángel Granados Chapa escribió: “La violencia de la guerrilla, cuyo pronto fin es deseable, parece haber sido impuesta por las circunstancias. Las invitaciones al comportamiento institucional que ahora se reitera (se refiere a un discurso del secretario de la Defensa), carecen de sentido para grupos humanos a los que un por una se les han ido cerrando las puertas de la acción legal. Esa es la gran responsabilidad del gobierno, de los políticos que por no haber sido realmente elegidos no sienten compromiso ni vinculación alguna con los electores y pueden darse el lujo de despreciarlos.” (Reforma, 11 de febrero).

La tregua sigue; el diálogo no empieza, se empantana. Hay una calma chicha. El gobierno, aparentemente repuesto, actúa con mayor seguridad, como si el susto hubiera pasado y el agua estuviera volviendo lentamente  su nivel. Sin embargo hay la sensación de que algo se gesta calladamente, la tempestad reposa.

En otros lados los vientos se arremolinan. Los universitarios pueden ser protagonistas: la UAM está en huelga y hay varios emplazamientos para el 15 de febrero.

Grupos mixtecos poblanos (500 delegados de 22 comunidades) integran el Movimiento Zapatista del Sur, y declaran su deseo de acercarse al EZLN: “El MZS reclama cumplimiento de las reivindicaciones sociales y políticas de los mixtecos y la inclusión de sus demandas en las conversaciones de paz, así como la autonomía para las minorías nacionales.”

Los diarios están plagados de notas sobre mítines y pequeños actos de inconformidad. La campaña de Cuauhtémoc Cárdenas se está convirtiendo en una convocatoria permanente a los sectores inconformes.

Colosio, que durante enero paseó lamentablemente como el viudo del sistema, empieza a tomar la iniciativa. Quiere moverse con más audacia. Declara estar dispuesto a entrevistarse con el EZLN, lo que le valió las ocho columnas en algunos diarios (Reforma, 11 de febrero). Paradójicamente su campaña también parece una protesta permanente: cosecha reclamos y no tiene más remedio que contestar con promesas.

Zócalo festivo (día 13)

Es domingo, termina la marcha de las cien horas por la democracia convocad por el PRD. Según la prensa a lo largo de cuatro días con sus noches, cincuenta mil personas caminaron alrededor de la plaza principal del país, El Zócalo. Está enraizando una certeza: “vamos a ganar las elecciones”. El optimismo parece fundado: estas cien horas de recorrido son una muestra de tenacidad. Cuatro días, cuatro noches y cuatro horas. La marcha no se suspendió ni un minuto. En las madrugadas eran unos cuantos cansados, desvelados, tercos caminantes. A otras horas eran cientos, a veces miles.

En la hora 99 somos miles. Eufóricos. Además de la muestra de voluntad, es un punto de ascenso en la campaña cardenista. Hace unos días, en el Monumento a la Revolución, al constituirse la ADN (Alianza Democrática Nacional), Cárdenas centró su discurso en la reforma al Código Electoral. Fue una señal de fuerza, pero también una dirección, una respuesta a la coyuntura con un objetivo político preciso. En la hora cien se reitera el objetivo y se establece un plazo: 10 días para que el presidente convoque a un periodo extraordinario de sesiones de la Cámara. Dice Cuauhtémoc en su discurso: “La suerte del país depende de un solo hombre, Carlos Salinas”.

El zócalo es una fiesta. Es nuestro. Lo tomamos con naturalidad, con la misma naturalidad con la que tomamos las escuelas en el 68. Es nuestro. Hay optimismo pero sabemos que es un momento crucial y que se abren dos posibilidades: entramos a un proceso de transición a la democracia encontrando formas novedosas de conciliación política o se inaugura  una etapa de endurecimiento, represión masiva y selectiva, terror y silencio. Las dos son posibles. Las dos representarían el inicio de otra historia.

¿De quién son esas tierras?

Quinientos campesinos de la Coordinadora Nacional de Pueblos Indios, tomaron en Chllón 18 fincas “abandonadas” a raíz del conflicto armado. Los campesinos se posesionaron de varios miles de hectáreas “porque son bienes comunales pertenecientes al ejido”, según lo demuestran con “Títulos Primordiales” de 1774.

“Desde el 29 de agosto de 1971, los ejidatarios de Bachajón, Chilón, solicitaron a la Secretaría de la Reforma Agraria la restitución de esas tierras, la cual fue aprobada por el Cuerpo Colegiado Agrario de Jalapa, Ver., el 8 de marzo de 1990.”

“Saben que las tierras que tomaron les perteneces y no las habían tomado porque tenían miedo, pero ahora que por el conflicto los posesionarios abandonaron, aprovecharon para recuperarlas.” (La Jornada)

De acuerdo con el Consejo Estatal de Organizaciones Indígenas y Campesinas (CEOIC), el día 15 ocuparon 42 predios en el Valle de Tulijá; otras 800 en la Trinitaria; bloquearon la carretera  de Chanal y se apoderaron del Ayuntamiento; en Teopisca reforzaron la posesión de la alcaldía y amenazaron con apoderarse de 300 mil hectáreas de 11 municipios de la Selva Lacandona. (El Financiero)

Este mismo día el gobierno anunció cambios en el gasto público: aumenta el gasto social (pasa del 53.9% al 55% del total) y, más importante, aumenta lo destinado al campo: de 15 mil 206 millones a 27 mil 67 millones. Es decir casi un 80%. Al mismo tiempo Salinas ratifica su apoyo a las negociaciones que están a punto de iniciarse en Chiapas.

Absalón (día 16)

Hoy liberaron a Absalón Castellanos, exgobernador, quien había sido secuestrado en los primeros días de la rebelión. Punto a favor del EZLN. Lo recibieron Manuel Camacho, Samuel Ruiz y la Cruz Roja. Punto también para Camacho y Don Samuel: se fortalece la opción política.

Dice Herman Bellinhausen que dicen Chip Morris y Pedro Meza: “Lo de ahora no es levantamiento, no es revolución, es Tsa´kob”. Y explica: “Tsa´kob significa en tzotzil, literalmente, buscar la palabra, pero también buscar el problema… Buscar problema es buscar diálogo”. Dice también que el carnaval indio es una fiesta militar. Estamos en carnaval. Entregar hoy al general Castellanos ante una multitud de periodistas, es un golpe de carnaval. (La Jornada)

Hoy mismo se crea una nueva zona militar en Tenosique, Tabasco, compuesta por tres batallones (la 38° zona militar). Se dice que desde 1990 se han denunciado incursiones de soldados y guerrilleros guatemaltecos. La nueva zona, dice también la nota periodística, abarca a los municipios chiapanecos de Ocosingo, Catazajá y Palenque. Selva en guerra.

En Guadalupe Tepeyac, lugar donde entregaron a Castellanos, la población vitoriaba a los zapatistas: “Vivan los indios”.

Dice un guerrillero entrevistado por La Jornada: “Nosotros no nos andamos con pendejaditas… porque tomar las armas es la última decisión de la vida, por eso no las vamos a dejar fácilmente.”

El diálogo entre el EZLN y el gobierno empezará el lunes 21, precisamente seis meses antes de las elecciones federales.

El mismo 21 de febrero partirá de Chilpancingo hacia el D.F. una “marcha por la paz y la seguridad de los pueblos indígenas. ¡No están solos!”. Con esto, el Consejo Guerrerense 500 años de Resistencia Indígena responde a la carta del Subcomandante Marcos, donde pedía a la sociedad nacional que no los dejaran solos. La marcha concluirá el 3 de marzo con una concentración en el Zócalo del D.F.

En Radio Universidad Tomás Mojarro, El Valedor, con la vehemencia que lo caracteriza, advirtió a los zapatistas: “cuidado con las traiciones del enemigo histórico… Cuidado, zapatistas. Ustedes nos representan a todos”.

La marginalidad chiapaneca

                                Chiapas                               Nacional                                            

Natalidad                       62.4                                       33.5                                       (x 1,000)

Incremento población    4.4                                         2.2                                         (% anual)

Muertes por infecciones

Intestinales                      152.2                                    38                                          (x 1,000)

Muertes por neumonía

e influenza                     25.5                                       16.5                                       (x 1,000)

Muertes por deficiencias

Nutricionales                  22.3                                       10.5                                       (x 1,000)

Población total de Chiapas                         3,215,000

(Datos del INEGI)

 

La catedral de la paz (día 21)

Empieza el diálogo en la Catedral de San Cristóbal Las Casas. A partir de hoy, “La Catedral de la paz”. El subcomandante Marcos, en entrevista periodística, pone en el centro de la discusión el asunto de la autonomía de las regiones pluriétnicas como un posible terreno de negociaciones.

El EZLN sigue siendo una fuerza militar aislada y representa directamente a los pueblos indios de una región de Chiapas, pero moralmente representa a muchas otras fuerzas políticas y organizaciones sociales no sólo indias. “Nos representa a todos”, dijo El Valedor.

No sólo están cosechando el efecto publicitario nacional y mundial sino que expresan un descontento disperso, que no se atrevía a manifestarse o se manifestaba marginal y tímidamente, como sabiéndose débil y sin perspectivas. Expresan directamente la desesperación de muchos pueblos indios y campesinos hundidos en la pobreza extrema; pero por otra parte expresan a los “damnificados de siempre” de las ciudades. Ofrecen un símbolo: los héroes enmascarados; y una tradición de rebeldía: el zapatismo. Ofrecen también banderas que son antiguas y modernas: justicia y democracia.

Leyendo al Sub pienso en dos concepciones de la política: la de los profesionales, los administradores, los puestos bien pagados, los proyectos realistas; y la otra, la “romántica”, la que representa directamente necesidades y deseos de la gente, la del 68, la del Che, la de Mandela, los románticos de siempre. Me pregunto si hay una tercera, una de políticos profesionales que no se hayan despojado de ese elemento definitorio que es la generosidad: Cuahtémoc, Samuel Ruiz, otros.

Sigo leyendo al Sub. Pienso que había una idea suicida, una decisión de martirio: “¿Cuándo íbamos a pensar que íbamos a tener la iniciativa política nacional? Nos conformábamos con que alguno quedara vivo después de todo el desmadre que siguiera a la lucha”. (El Financiero)

22 de febrero

Pedro Aspe pidió al pleno de la cúpula empresarial “no desesperarse ni pedir inflar la reactivación, pues ésta ya viene y si le atizamos ahora puede salirse de control y perder el principal objetivo: bajar la inflación”. (El Financiero)

Día de la bandera

El gobierno parece haber retomado el control. El diálogo arroja un saldo favorable al 25% de las demandas del EZ, según el subcomandante Marcos. Pero sobre todo el tono parece ser: habrá paz.

Y para el gobierno federal ese es el asunto: “paz social”, “las instituciones funcionan”, “el sistema cuenta con una reserva suficiente” (reserva política. Esa reserva es lo que hoy representan Manuel Camacho y el ala negociadora, los “no comprometidos plenamente con la ideología neoliberal” y que pueden reeditar la vieja política priísta.

La estabilidad no está garantizada. La bolsa de valores da tumbos. Sigue el diálogo en la Catedral, pero los terratenientes, finqueros, ganaderos, caciques preparan el contraataque. ¿Van a permitir que les quiten tierra y poder? ¿Dónde están las guardias blancas?

La negociación no puede ser una negociación micro, regional, limitada al pequeño territorio zapatista, el problema indio es nacional y profundo. Escribe el sub: “El nuevo proyecto de nación tiene que contar ya en su dirección, con ese otro poder que nació y que para nosotros, para el EZLN, lleva un buen rumbo, mucho mejor que el que llevamos nosotros, e infinitamente superior al que lleva el gobierno federal…”

“Lo que se refiere a la democracia nacional rebasa la mesa de San Cristóbal, y lo que se refiere a la reforma del artículo 27 constitucional, y también rebasa la mesa de San Cristóbal… Y para que se dé una democracia, la mesa tiene que ser más grande: el país entero.” (La Jornada, 24 de febrero).

Salinas instruyó a Camacho para que fuera “generoso” con los indios. Fernando Benitez había escrito el mismo día: “En la primera mitad del s. XVI, la esposa de un minero rico o de un dueño de grandes propiedades salía a la catedral en una litera de marfil, cargada por negros engalanados y delante marchaba su limosnero, que arrojaba monedas a una multitud de mendigos. El arzobispo, el virrey, tenían sus limosneros, hombres de gran honradez y prestigio…” (La Jornada).

Salinas: “Tratándose de demandas sociales de los indígenas, yo le he autorizado (a Camacho) también ser generoso en esa respuesta”. (La Jornada, 28 de febrero)

Salinas ofrece generosidad. Los indios demandan justicia.

Termina febrero

El país se acostumbra a las imágenes chiapanecas. Para los medios ha sido el tema estrella durante dos meses. Los nuevos símbolos se comercializan con rapidez, y con esa misma velocidad se anulan. Es explicable la molestia del subcomandante Marcos ante la aparición de productos (souvenirs) con el tema de EZLN y los pasamontañas (camisetas, muñecos y hasta condones marca Alzados). Convertir la rebelión en moda borra su significado profundo. ¿Dónde están los indios? ¿Dónde está la guerra?

Fuera de la frivolidad consumista, en Chiapas la situación es tensa. Los ganaderos, finqueros, dueños de vidas se reorganizan y arman. En el resto del país la situación se relaja. El asunto salarial universitario no se ha extendido, y parece que habrá arreglos con dos puntos arriba de lo ofrecido. Rompen el tope salarial pero casi no se nota.

El gobierno responde a la crisis de enero con medidas de contención social, ampliando y acelerando el gasto social. Mucho dinero en pocos meses. Los “acuerdos” con el EZ se refieren a este renglón: inversión en comunicaciones, salud, educación. Una buena parte del gasto se reencausará hacia esa región.

El otro problema es la democracia. Difícil que se dé una solución. Están las dos mesas: la chica, en San Cristóbal, y la grande, en la Secretaría de Gobernación. En la primera el EZ y Camacho. En la segunda, el PRD y Carpizo. Tanto Camacho como Carpizo representan a Salinas. Inimaginados representantes del presidente. Son hábiles negociadores, sobre todo Camacho, pero las decisiones se toman en Los Pinos.

En cierto sentido, la solución de la mesa chica está en la grande. Declaró el Sub: “No queremos parches para que el proceso electoral siga adelante o para fingir paz. Tiene que haber cambios en las leyes electorales…”

“El diálogo inició su etapa más difícil: las demandas de carácter nacional… si no hay un cambio que sustente esa solución, que para nosotros es la democracia y la libertad, los acuerdos de San Cristóbal van a ser vacíos…”

Cuando el EZLN demanda la renuncia del Ejecutivo Federal, es porque “no se puede ser juez y parte. ¿Cómo va a garantizar el gobierno respeto a las elecciones, si ya se definió desde principios de este año por un candidato?”

Otra posibilidad es “una reforma electoral que le entregue a la sociedad civil el poder de calificar las elecciones”.

Ni más ni menos que la reforma constitucional que demanda el PRD y se discute estos días en Gobernación.

28 de febrero

El EZLN y el Comisionado, informa el Obispo, han llegado a un documento de compromiso que puede ser firmado definitivamente en unos días. La situación en Chiapas no deja de ser complicada. No por las negociaciones de paz, sino por la guerra civil que parece gestarse. Las manifestaciones de los ganaderos y pequeños agricultores contra el EZ y las monjas y el obispo… Los más de 100 ranchos ocupados… los conflictos municipales. El acuerdo de paz no resolverá automáticamente esa situación. La violencia está a flor de tierra.

A Lo que aspira “acuerdo para una paz digna”, desde el punto de vista del gobierno, es a la tranquilidad nacional. Para poder asegurar, ahora sí, que el conflicto se limita a una región aislada. Al menos ya no habrá una guerra declarada contra el gobierno federal  y su ejército. El problema es ahora de otra naturaleza y sus efectos sobre el resto del país, más débiles.

El gobierno quiso aplicar la fórmula: “concede lo indispensable para que todo siga igual”. Pero ¿todo sigue igual? Hace dos meses que todos venimos afirmando: el país cambió, ya no es el mismo de antes del primero de enero.

Del comunicado del 27 de febrero: “Hablaron así los hombres sin rostro. No había fuego en sus manos y era su palabra clara y sin dobleces. Antes que el día venciera otra vez a la noche se fueron y en la tierra quedó su palabra sola: ¡Ya basta!”.

1994: Paisaje de enero

(En 1995 apareció mi libro: 1994, el año que nos persigue. “Paisaje de enero” es el primer capítulo. Así veíamos, o así veía yo, el levantamiento indígena encabezado por el EZLN, y el cambio que provocó en el estado anímico del país.)

Francisco Pérez Arce Ibarra

Ahora, ese gran Nadie que habita

 en las sombras de México, ha salido al sol.

Carlos Fuentes

 

Año nuevo, sorpresa, Chiapas. La prensa tartamudea. La información nos envuelve, insuficiente y áspera. Días de leer el periódico, varios periódicos, todas las páginas. Andar en busca de claves, de datos ocultos entre líneas. Días de lectura obsesiva que de todas maneras nos deja insatisfechos. ¿Qué es esto?

Las impresione inmediatas son ambiguas o ambivalentes. Desconfianza, duda sobre el origen verdadero y la autenticidad de la rebelión indígena. Los escépticos no pueden ver una rebelión de la tierra, buscan la mano negra. Abundan las hipótesis: el ejército (o una fracción del mismo), políticos priístas marginados, la CIA (infaltable en estos análisis), las bandas de narcotraficantes, la Iglesia (o una fracción de la misma). En el extremo del absurdo hay quienes ven el dinero de Ross Perot, el multimillonario texano que se convirtió en el enemigo número uno del Tratado de Libre Comercio. No son las únicas, pero sí las más concurridas, todas las he oído en tertulias y sobremesas.

Otra vertiente escéptica (en la cual me incluyo) ve un movimiento que comete el gran pecado de la ingenuidad o la ceguera: declararle la guerra al gobierno y su ejército y exigir la renuncia del presidente sólo puede provenir de un percepción extraordinariamente errada no nada más de la correlación de fuerzas entre los dos ejércitos, sino del estado de ánimo de la sociedad nacional. Pronostica con dolor (y con cierto sentimiento de culpa) una masacre. Como no parece haber ceguera ante la realidad nacional, el acto de rebelión tiene algo de martirio.

Hay también, desde luego, las versiones de autores oficiosos, como los “intelectuales orgánicos del salinismo”, muy doctos, diseñadas para que cuadren con sus modelos y deseos. Versiones que muestran ignorancia de la realidad chiapaneca. Estos profesionales de las interpretaciones rápidas no necesitan el dato terrenal del insignificante rincón de la selva. Son los infalibles, los apologistas del futuro disparando descalificaciones instantáneas: la realidad es un espejismo, la rebelión no existe, los guerrilleros son un arcaísmo de mal gusto que acabará bajo las balas del ejército ante el desprecio de la sociedad moderna.

Pero el espejismo se repite. Es un espejismo terco. Se pone frente al país para que pueda verse desde todo su territorio. Acaba convenciendo: Chiapas es el escenario de la rebelión indígena que en nuestra intuición va pasando de desesperada  suicida a inteligente y audaz… aunque quizá también desesperada y suicida… ¿Qué duele más, una muerte oculta silenciosa resignada, o una muerte de pasamontañas, paliacate y rifle de palo? Duele igual, pero al menos te trataron un día con respeto, con temor. Frase inolvidable del Subcomandante Marcos, ese recién llegado a la escena nacional: “Somos los muertos de siempre. ¿De qué debemos pedir perdón? ¿Y a quién?”

La muerte siempre es muerte. La muerte tiene permiso. En Chiapas siempre lo ha tenido.

Ante el paisaje de enero los ciudadanos comunes apoyamos las demandas zapatistas. Tienen razón: viven en l miseria extrema, una vida demasiado parecida a una muerte verdadera. La muerte es a falta de futuro. Apoyamos su causa pero tememos la dinámica imparable de la violencia. Estamos llenos de las imágenes fraticidas de la desmembrada Yugoslavia. No era necesaria la violencia, dicen. ¿No era necesaria? Hoy hablamos de Chiapas, reconocemos su injusticia y su miseria. ¿De qué hablábamos cuando no hablábamos de Chiapas? Del Tratado de Libre Comercio, del primer mundo (nuestro primer mundo), del futuro luminoso (nuestro futuro luminoso), de la gloria del consumo (nuestro consumo interminable).

Se extiende la certeza de que estamos presenciando una auténtica y justa rebelión indígena y que es preciso evitar la masacre. En palabras de Carlos Montemayor, en artículo publicado el mismo dos de enero: “La solución militar en el México actual no puede ser una buena decisión: sería una terrible equivocación. No podrá resolverse ningún conflicto social, agrario, indígena, con la intervención del Ejército mexicano.”

En los primeros días de enero hablamos de Chiapas con asombro. Unas semanas después hablaríamos de sus indiscutibles logros políticos. El sistema político se cuarteó.

Cuando el presidente y su gobierno supieron que no iban a sofocar el fuego en dos dís, que se trataba de una guerra en la selva que podría durar meses, quizá años… Y cuando el presidente y su gobierno que amplios sectores de la sociedad se manifestaban por la paz, y la paz quería decir que el Ejército federal cesara su ofensiva contra el EZLN, contra los pueblos de la selva. Cuando se dieron cuenta que no sería adoptada como “verdad nacional” la decretada por el presidente: son “grupos violentos” y “profesionales de la violencia”, de ninguna manera indios campesinos en rebeldía. Sí, hay indios, pero son inditos engañados por esos grupos en los que, por si fuera poco, hay extranjeros inmiscuidos. (¿Más extranjeros todavía que los mayas?)

También el presidente y su gobierno supieron que  internacionalmente la prensa y las organizaciones de derechos humanos diagnosticaron una rebelión indígena producto del modelo neoliberal “ejemplarmente aplicado en México”.

El presidente se dio cuenta de todo eso y ajustó su equipo, cambió “lo que no funcionó”. Declaró el cese unilateral al fuego. Promulgo una ley de amnistía. Destituyó al secretario de Gobernación y al gobernador interino de Chiapas. En sus apariciones en televisión, Salinas tenía el rostro desencajado. En unos cuantos días, entre e primero y el diez de enero, su prestigio, su imagen internacional, el ejemplo ante la comunidad financiera, se habían desmoronado.

En gobernación puso a Jorge Carpizo quien inusitadamente declaró que no pertenecía  ningún partido político. Fue una reacción rápida y audaz del presidente. Otra pieza del paquete de medidas emergentes fue el nombramiento de Manuel Camacho como “Comisionado para la paz y la reconciliación en Chiapas”. Camacho se convirtió en protagonista de la crisis nacional. En contraste, el candidato priísta a la presidencia. Luis Donaldo Colosio, fu el personaje gris de enero: no tomó iniciativas, y la que tomó fue insignificante. No decía nada, o lo que decía resultaba anodino, sin contenido ni dirección. Colosio fue el político inexistente. Por eso los priístas tenían dudas, pensaban que tal vez el presidente cambiaría de opinión y de candidato.

El 12 de enero

Había otro protagonista: el pueblo con su nuevo nombre de Sociedad Civil. Es decir, la gente común que habitualmente se aparta de las decisiones políticas, pero en los momentos en que se siente lastimada, toma la voz y las calles. El 12 de enero fue uno de esos días. Las calles del centro histórico de la capital se vieron inundadas por una multitud enérgica, que había salido a manifestarse por la paz, de manera casi espontánea. No eran los contingentes de otras marchas organizadas por sindicatos, partidos, grupos político, ejidos, escuelas. Era el ciudadano que llegaba solo y se incorporaba a una columna que crecí en cada cuadra y tenía muy claro su objetivo: detener la guerra, evitar la masacre. No añadir muerte a las injusticias acumuladas en las regiones marginadas del país; reconocer las injusticias y asumir su reparación como asunto nacional. Fue un momento de lucidez y responsabilidad compartida por amplias capas de la sociedad. Eso representó el 12 de enero.

El gobierno detuvo el fuego, recuperó imagen y ganó tiempo. Pero también modificó el terreno de la política oficial. Seguían las dudas sobre el futuro del candidato oficial. Pero Salinas, cuando terminaba enero, quiso borrar las dudas sobre el futuro del candidato oficial. Pero Salinas, cuando terminaba enero, quiso borrar las dudas: a punto de viajar a Devos, Suiza, reunió en Los Pinos a una selección nacional de la política oficial (Carpizo estaba incluido) y pronunció la célebre frase: “No se  hagan bolas, es Colosio”.

No pasa nada

El presidente viajó a Devos, Suiza, a reunirse con los capitanes mundiales de los negocios y las finanzas. Ahí repitió que en Chiapas habría un grupo violento de profesionales de la violencia y que se trataba de un problema localizado regionalmente. Quiso dejar la impresión de que el sobresalto había pasado y todo estaba nuevamente bajo control. Podían seguir hablando de negocios: hablemos del TLC y las expectativas de un gran flujo de capitales hacia México. Hablemos de cosas serias.

Pero la crisis no ha terminado. Hay avances hacia el diálogo entre el EZLN y el gobierno. Se pactó una tregua y se declaró una zona franca. La Cruz Roja Internacional pudo instalar campamentos para auxiliar a los civiles. Pero en enero no se inició el diálogo.

El efecto Chiapas desequilibró al sistema: una fuerza relativamente pequeña, en una región aislada, mostró su frágil equilibrio. Debían haberlo sabido. Su cálculo no podía ignorar realidades tan a la vista: la miseria, la desesperación, la ausencia de alternativas. El autoengaño no podía ser tanto. Chiapas  el EZLN fueron un disparo sorpresivo, certero y trascendente. Pero el disparo no surgió de un lugar insospechado, era el eslabón más débil de la cadena.

No podían ignorarlo. No hablo de los servicios de inteligencia que debían estar informados del surgimiento del EZLN, sino de que no podían ignorar el rezago social. Sus propios datos dan cuenta de la pobreza extendida, de la pobreza extrema. La situación se agravó debido a la recesión económica de 1993: Junto a la pobreza, tan importantes como ella, están las cuentas negras de la justicia, la discriminación al indio, la antidemocracia. Autoritarismo e impunidad. Prepotencia y soberbia. Un coctel que no podía disolverse con recursos Pronasol de emergencia, con el gasto social de la culpa, con la derrama tardía de recursos.

Para el gobierno salinista, la inserción de la economía nacional en la economía global había sido, más que una estrategia, un credo.

En pocos días de enero, como en las tragedias griegas, las cuentas del pasado se juntaron en un solo punto. Pero aquí no había el personaje trágico que tomar conciencia de su culpa, sino un político pragmático que con un golpe de timón buscaba sobrevivir a la tempestad.

Termina enero. La tregua se mantiene. El diálogo entre el gobierno y el Ez es probable. Todos los esfuerzos del gobierno son para reparar la imagen del presidente, mostrarlo controlador de la situación. Aparece en escena la probable reforma electoral. Chiapas la hace posible, pero también la preexistencia de una propuesta esgrimida por un partido, el único que se había inconformado con la reforma del 93, el PRD.

Legisladores del voto fácil (Crónica de Fin de año)

 

Francisco Pérez Arce Ibarra

Tampoco Acteal se olvida

 

¡Eso no fue fast  track! La forma en que se aprobó la reforma energética en los congresos estatales aún no tiene nombre. En tres estados se aprobó antes de que se cumplieran 24 horas de enviada la minuta de la cámara federal. En menos de una semana 28 congresos estatales habían dicho sí. Sólo en dos se votó en contra: Tabasco y Guerrero, y en otros dos se impidió su aprobación inmediata: Tlaxcala y Michoacán. En el D.F. no tenemos derechos plenos, por lo que no importaba legalmente el voto de nuestros representantes: de todas maneras opinaron en contra.

La reforma constitucional se promulgó por el ejecutivo el 20 de diciembre. Festejaron  Peña Nieto y sus diputados, senadores y funcionarios. Festejó la prensa extranjera y algunas empresas petroleras extranjeras. Pero el pueblo de México no festejó en lo absoluto la “reforma histórica”. No todas las reformas históricas son festejadas por el pueblo. Sólo algunas. La gente salió en marzo del 38 a dar su apoyo al gobierno de Lázaro Cárdenas por la expropiación del petróleo y la expulsión de las empresas extranjeras que extraían el petróleo y miraban con altanería a tribunales y gobierno mexicanos. Y el pueblo salió a las calles y ofreció su apoyo de todos los modos posibles al Gral. Cárdenas. Pero una reforma como la de estos días es rechazada, hasta ahora de manera pasiva, por la mayoría de los mexicanos. La resistencia ya empezó y pudiera crecer a niveles que preocupen al gobierno y sus patrocinadores. Porque, como quiera, la batalla no ha terminado. Nunca termina cuando se golpea tan arteramente el interés de casi todos. No termina la resistencia porque la gente sigue ahí, y su rechazo, aunque todavía pasivo, puede activarse de repente. La gente, adormilada y todo, se empieza a dar cuenta de lo que le han hecho. Los gobernantes lo saben, por eso arrecian su millonaria campaña publicitaria: anuncios ramplones que aseguran que disminuirán los precios del gas y de la electricidad: “pagarás menos”. Publicidad ramplona: no intentan la mínima explicación  de las razones de tal beneficio. Simplemente repiten: disminuirán los precios; pagarás menos. Repetirlo todos los días en todos los medios, hasta que se convierta en una verdad incontrovertible. Propaganda ramplona y costosa para inhibir la resistencia. Para bajar la flama. Es parte de la batalla.

El imaginario colectivo no cambia tan fácil ni tan rápidamente. El petróleo, el Gral. Cárdenas, las empresas trasnacionales explotadoras que se llevan lo que es nuestro y además explotan a los trabajadores mexicanos. Imágenes bien arraigadas en el orgullo nacionalista. No lo van a cambiar ni rápida ni fácilmente, con todo y su propaganda interminable.

La resistencia ha comenzado. No convoca todavía a multitudes. Pero es novedosa. En primer lugar por incluir a nuevos actores en la batalla. Ya no es la izquierda organizada, con sus desprestigios y sus dirigentes conocidos. Son organizaciones de ciudadanos. Nuevos liderazgos. Artistas, intelectuales, periodistas, activistas de Organizaciones no Gubernamentales (ONG). Estudiantes, otra vez, que en el D.F. además suman el enojo por el aumento del boleto del Metro.

Los legisladores del voto rápido recibirán prontísimo las iniciativas presidencias de las leyes secundarias necesarias para hacer efectiva la aplicación de la reforma, es decir para que puedan llegar las empresas extranjeras a recibir su premio en forma de contratos o licencias. Legalmente tienen tres meses para aprobar esas leyes. Pero no hay problema: la oficina del ejecutivo hace los proyectos y ellos los votan, no al vapor porque eso es muy lento, sino antes de que hierva el agua. Levantar la mano es fácil, y además han estado practicando.  Al mismo tiempo estarán los cabildeos entre las empresas trasnacionales y los funcionarios mexicanos. Para que los contratos o licencias se firmen rápidamente. Antes que la resistencia crezca. Antes que la Consulta demandada se convierta en una bandera demasiado visible y extendida. Antes de que empiecen las campañas de las elecciones intermedias del 2015.

Hacerlo todo rápido, antes de que nos demos cuenta.

Los jefes de la derecha (Gobierno, PRI y PAN) lo planearon con calendario en mano. El día de la virgen, 12 de diciembre, se aprueba en el Congreso Federal. Los fieles desfilan en La Villa. En una semana, o antes, obtienen los votos necesarios de los Congresos de los Estados. El 20 de diciembre, en pleno periodo navideño, se promulga y se festeja en Palacio Nacional.

En enero el ejecutivo enviará los proyectos de leyes secundarias, y los diputados del voto fácil la pasarán aún antes de que termine el plazo legal de 120 días. En abril se estarán preparando los contratos. Y mientras tanto seguirá la campaña publicitaria. Ese es el nuevo terreno de la batalla. El gobierno lleva la ventaja. Puede tener ya bien metidas las trasnacionales antes de que termine el 2014. Pero quién sabe. En el papel son favoritos, pero quién sabe. Como se dice en el argot deportivo, los partidos hay que jugarlos.

 

Tan parecido a Díaz Ordaz

22 de diciembre: En el aniversario de la muerte de Morelos, el secretario de Gobernación, Osorio  Chong, a propósito de las reformas peñistas, y particularmente de la reforma energética, dijo frases de advertencia que son más bien de amenaza:

“(El gobierno) seguirá abierto a escuchar todas las voces que quieran ser parte de la edificación del México de las oportunidades, pero que nadie se confunda: tolerancia es gobierno; tolerancia también tiene límites y tolerancia también es firmeza”.  En esa línea podrían seguir las frases: tolerancia es represión; represión es gobierno; represión es tolerancia. ¿Es lo que piensa? Cuando emplea la palabra “firmeza” delante de la fórmula “que nadie se confunda”, en un escenario en que las protestas han sido cotidianas, y que los opositores deseamos y proponemos que la protesta siga y se amplíe en el 2014 ante los nuevos episodios de la mayoría automática aplicada no al vapor sino con la rapidez de la obediencia… Digo, la fórmula “que nadie se confunda” y “la tolerancia tiene límites y tolerancia también es firmeza”, tienen el olor de la amenaza. Tan parecida a aquella otra, histórica, de Gustavo Díaz Ordaz, quien ante la protesta estudiantil, en su Informe del 1 de septiembre del 68, dijo:

“…todo tiene un límite y no podemos permitir que se siga quebrantando irremisiblemente el orden jurídico, como a la vista de todos ha venido sucediendo…” Y más adelante: “No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario…” Y un mes después, el 2 de octubre, cometía el imperdonable crimen de la Plaza de Tlatelolco.

Detrás de las definiciones de Osorio Chong laten las mismas pulsiones de aquel presidente de negra memoria.

 

Nuevo modelo para la “tolerancia”

El primero de diciembre de 2012 vimos, con sorpresa, un nuevo trato a la manifestación callejera. Aprovechando o propiciando la acción de grupos de jóvenes atléticos de rostros tapados, listos a agredir a la policía y a destruir mobiliario urbano y aparadores comerciales, que fueron llamados “anarquistas” (y ellos mismos se ostentaban con ese nombre), el gobierno justificó golpizas y detenciones de manifestantes que no eran los agresores. Detuvieron a más de cien. La mayoría salió libre en un día. A 14 les dieron formal prisión acusados de “ataques a la seguridad pública”, delito por el que podrían ser condenados a 30 años de prisión. Hubo una repulsa social a la represión absurda. Las imágenes en las redes sociales mostraban sin lugar a dudas que los detenidos no eran los agresores. Los locutores de la TV querían asociar a unos y a otros. Eran simplemente inocentes. No habían hecho otra cosa que manifestarse en las calles del D.F. como tantos lo hicimos tantas veces en más de una década sin que hubiera enfrentamientos con la policía, ni represión abierta, ni detenciones. El Zócalo era nuestro espacio para la protesta. Lo fue cien veces. Lo llenamos tantas veces. Lo desbordamos. Recorrimos Reforma y Madero. Hubo un plantón larguísimo en el 2006. Marchamos cuánto quisimos en el 2012. Los estudiantes del #Yosoy132 llegaron y salieron del Zócalo las veces quisieron. Hubo manifestaciones convocadas por nadie, a través de las redes, encabezadas por nadie. El Ángel fue visitado y revisitado una y otra vez. La policía del D.F. se formaba para prevenir provocaciones en lugares como la Embajada de Estados Unidos. Las calles eran nuestras y de quién quisiera manifestar sus ideas. Los locutores de la televisión despotricaban contra los manifestantes que afectaban la circulación vehicular, y alteraban la vida normal de la ciudad. Pero las manifestaciones se hacían, y salvo gritos y manotazos de algunos automovilistas explicablemente alterados por la interrupción del tráfico, nunca había confrontaciones serias. El derecho a la manifestación era, en lo fundamental, respetado. Eso fue lo que decidieron cambiar el primero de diciembre del 2012, día de la toma de posesión del presidente Peña. Un mensaje. Ensayaron un nuevo trato a las manifestaciones disidentes. A partir de entonces hemos visto a menudo las barreras metálicas para interrumpir el paso de manifestantes a ciertos espacios públicos. Vimos una y otra vez la aparición de grupos de jóvenes “anarquistas” que provocaban a la policía, y a ésta responder con violencia, no contra los provocadores, sino contra los manifestantes. Lograron, al menos parcialmente, inhibir la manifestación. Muchos ciudadanos que vieron el espectáculo de la represión (en vivo en la T.V.), dudan antes de acudir a una marcha o mitin. Ante cualquier movilización ciudadana, la presencia policiaca es desproporcionada. La sola presencia masiva de policías, y la posibilidad de que aparezcan los provocadores, es un método de intimidación. Además los locutores de la T.V. se encargan de identificar a provocadores con manifestantes. Así lo hicieron insistentemente con los maestros de la CNTE; al grado de identificar CNTE con violencia.

Termina el 2013 con un saldo rojo para el país. Perdimos petróleo y soberanía. La inseguridad pública, provocada por las bandas del crimen organizado, sigue en el mismo nivel de 2012. El gobierno federal y los gobiernos locales son incapaces de frenarla. La economía se hunde en el estancamiento. El desempleo se mantiene altísimo. La T.V. sigue en las mismas manos y con las mismas prácticas. Hay un presidencialismo renovado. Así estamos. La resistencia, sin embargo, tiene la virtud de la terquedad.

Que sea feliz el 2014.