¿Por qué tanto empeño en desechar la hipótesis del atentado?

Los funcionarios del gobierno que dieron la conferencia de prensa sobre los hallazgos en el caso de la tragedia de PEMEX mostraron gran desprecio por las víctimas. Preocupados por desechar totalmente la hipótesis del atentado, se permitieron bromas de pésimo gusto; como la del procurador, que hizo  chiste sobre el contenido de la maleta que la policía del D.F. encontró y pensó que podía contener una bomba. “Lo único que se encontró –dijo– es algo que puede ser muy peligroso para los hombres: cosméticos de mujer”. Quiso ser un guiño machista. Y luego mandó proyectar las fotos: vimos una maleta casi vacía, que contenía un estuche de cosméticos. El tono y el “chiste” parecía burlarse de los que “especulan” con la hipótesis del atentado.

Hay preguntas que rebotan en las paredes: ¿por qué tanto afán en desechar la hipótesis del atentado? ¿Por qué desde el primer momento exigieron “no especular”? (Cuando especular era pensar en un atentado). Lo llamaron, para no alimentar sospechas, el “incidente”. Ahora lo llamarán, oficialmente, “accidente por acumulación de gas”. ¿Pero de dónde salió tanto gas? ¿Cómo pudo acumularse tal cantidad de gas en un edificio de oficinas? Por supuesto que no tienen respuestas. “Se sigue investigando”, dicen.

Murieron 37 personas. Hubo cientos de heridos. La mayoría de las víctimas son trabajadores sindicalizados. ¿Dónde está el inefable líder Carlos Romero Deschamps? ¿Cuál es la posición del sindicato petrolero? Lo que está a la vista es que ese sindicato no representa a los trabajadores. Es representante del gobierno: si le dicen “cállate”, se calla.

Los trabajadores víctimas y sus familias parecen datos incómodos, rompen la estabilidad, generan muchas preguntas molestas. ¿Cómo no recordar otro suceso trágico: el de Pasta de Conchos? Parecen querer decir, igual que entonces: “que les paguen la indemnización a las viudas, y que se olvide el doloroso tema”. “Que se vuelva rápidamente a la normalidad”. “La normalidad, la normalidad, la normalidad…” Todo está bajo control.

Y si tienen razón; si en efecto fue una gran acumulación de gas en un edificio que no tenía por qué utilizar cantidades peligrosas de gas, entonces: con qué tranquilidad se puede volver al trabajo en los edificios adyacentes… O en cualquier otro edificio.

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