La maestra y el expediente (fábula)

Francisco Pérez Arce Ibarra

Estaba la maestra frente al emperador. Los separaba una mesa de caoba hermosamente labrada. Su Majestad tenía frente a sí un expediente grueso. No lo abrió, ni lo tocó siquiera. En la portada, muy visible, estaba el nombre de la maestra. En una de las paredes del Salón Real colgaba un cuadro extraño: el dibujo de un murciélago que pendía de sus garras cabeza abajo.

–La pobre criatura sueña que es un árbol –dijo Su Majestad, y luego de un breve silencio añadió– ¿pero dónde están sus raíces?

Terminó el tiempo de la entrevista. La maestra salió caminando de espaldas para no darle la espalda al emperador, como ordenaba el protocolo. Afuera del Palacio la detuvo el Verdugo Real tomándola del brazo. Soñó tantas veces ser árbol que había acabado por creerlo. Ahora sólo le quedaba la duda de si el verdugo la conduciría a La Torre o directamente al patíbulo.

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