Los adoradores de la evaluación y el problema educativo

Los adoradores de la evaluación con pruebas estandarizadas no podrían valorar con justicia a Flora Pérez, tlapaneca, maestra desde hace 28 años en la Montaña Alta de Guerrero. Ella imparte sus clases en dos idiomas, tlapaneco y español, porque algunos niños sólo hablan uno de ellos. Tiene alumnos que caminan 45 minutos para llegar a la escuela y cuando llegan tienen hambre.

Entrevistada por Sergio Ocampo, corresponsal de La Jornada, la maestra Flora Pérez dijo: “Estoy en el movimiento porque el gobierno está haciendo sus reformas sin considerar las necesidades de los pueblos indígenas, que vivimos arrinconados porque no tenemos lo que tienen en las ciudades”.

Pregunta el periodista si tiene miedo a ser evaluada. “No –contesta–. Lo que pasa es que no queremos evaluarnos como lo propone el gobierno. Sabemos de la capacidad que tenemos… Yo soy egresada de la Universidad Pedagógica Nacional… Nosotros evaluamos a nuestros alumnos, lo hacemos de acuerdo con el medio en que se encuentran, porque no podemos comparar un niño de la ciudad con uno de la Montaña, porque muchos ni siquiera conocen el mar ni Chilpancingo, mucho menos la ciudad de México…”

Para mejorar la educación se necesitan maestros como Flora López que conocen su realidad inmediata y aman su trabajo.

La visión plana de quienes diseñaron la “reforma educativa” (que no es ni reforma ni educativa)  supone que la mala calidad de la educación es culpa de maestros incapaces a los que hay que correr si no aprueban los exámenes. No toman en cuenta que la realidad nacional es compleja y diversa.

En verdad se necesita una reforma educativa. Una que considere los problemas y necesidades de cada estado y de cada región. Que ponga en el centro la relación entre la escuela y la comunidad. Que obligue al gobierno a destinar recursos económicos suficientes para tener escuelas dignas en todo el país. Que considere la buena alimentación de los niños como factor indispensable del proceso educativo. Que considere a los maestros como profesionales y no como empleados. Que estimule la creatividad de los maestros. Que ponga a debate los programas de estudio…

Se necesita una reforma que empiece a transformar el sistema educativo que durante tantos años estuvo sometido a prácticas corporativas corruptas bajo el dominio de cacicazgo sindical de Elba Esther Gordillo. Una transformación que requiere de la voluntad plena de los maestros…

Claro, es más fácil crear un Instituto de Evaluación que promueva o despida maestros de acuerdo a sus calificaciones. Eso le daría poder a un Instituto (cuyas características aún no conocemos), pero dejaría intactos los principales problemas del sistema educativo.

No hay reforma educativa. Lo que sí hay es un movimiento magisterial que tiene ideas y propuestas y que está en pleno crecimiento. Tiene que ser escuchado por la sociedad a pesar del golpeteo continuo de la Televisión que hace mucho ruido sin otro objetivo que descalificar al movimiento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s