Represión a maestros en Chiapas. Resistencia y Victoria.

Francisco Pérez Arce Ibarra

Cuatro hombres ensangrentados y con las manos atadas amontonados en la caja de una camioneta pick up: Es la foto de la primera plana de La Jornada del domingo 30 de junio. Son maestros de Chiapas. La policía del Estado disolvió el Congreso de la Sección 7 del SNTE. La fuerza policiaca ingresó al recinto donde se encontraban más de 800 delegados al congreso. Resultaron decenas de heridos y detenidos. Se trató de una represión lisa y llana ejecutada por el gobierno, ordenada por la cúpula sindical que encabeza Juan Díaz. La justificación del ataque fue el supuesto secuestro de un grupo de delegados afines de la corriente oficialista. Ante la denuncia hecha por la propia dirección del SNTE, el gobierno no dudó y mandó reprimir.

Lo que en realidad pasaba era que los delegados estaban esperando la reanudación de los trabajos tras el acuerdo de que permanecerían todos los delegados presentes para evitar la tradicional maniobra de los charros de sacar a sus delegados, instalar un congreso paralelo y nombrar a su comité estatal, mismo que es reconocido de inmediato por las instancias nacionales. Lo han hecho muchas veces a lo largo de los años en diferentes secciones. Ahí donde los maestros democráticos cuentan con la mayoría de los delegados, su congreso es boicoteado; en cambio un congreso paralelo, así tenga una minoría ridícula, es aceptado “estatutariamente”,  y son ellos los que el dinero de las cuotas y las prebendas que otorga la SEP.

Es larga la historia de ese charrismo “estatutario” del SNTE. Funcionaba así bajo el mando de viejo cacique Jonguitud Barrios. Mantuvo la tradición la recién defenestrada Elba Esther Gordillo. Y continúa bajo el nuevo charro, Juan Díaz de la Torre. Para operar esas maniobras estatutarias, se requiere del apoyo del gobierno a través de la SEP, la Secretaría del Trabajo, los gobiernos de los Estados y los tribunales laborales. Por eso el charrismo burocrático no puede ser independiente, ni mínimamente. Por eso fue tan fácil tumbar a Jonguitud cuando a Salinas de Gortari de le dio la gana, y a Elba Esther, cuando el gobierno de Peña Nieto así lo quiso. Por eso también Juan Díaz se sometió de inmediato a las órdenes de Gobernación y de la SEP.

El nuevo episodio de Chiapas no hace sino mostrar la íntima alianza de intereses entre gobierno y charros. Ni uno ni otros quieren secciones democráticas. La reciente reforma educativa que desaparece la bilateralidad en las relaciones laborales (entre los maestros y su patrón, el gobierno), necesita de un aparato sindical que reniegue de sus funciones sindicales, es decir de la defensa de los derechos de los trabajadores, y sea una simple oficina administrativa que funcione como departamento de relaciones laborales. Nunca como ahora los maestros democráticos que aspiran a una auténtica organización sindical fueron tan disfuncionales para el proyecto gubernamental.

En los meses recientes los maestros democráticos se han manifestado contra la “reforma educativa” de manera muy poderosa en cinco entidades de la República (en los que son mayoría), y ha habido protestas de distinta magnitud en otros diez estados. Es un movimiento que está creciendo tanto por el número de participantes, como por la comprensión y apoyo de la sociedad. La represión en Chiapas puede ser como leña al fuego. En 1979 ahí, en Chiapas, empezó la rebeldía magisterial que luego se extendió por el país.

NOTA del 2 de julio:

La noche del domingo liberaron a los 29 maestros detenidos. “la negociación para su liberación se llevó a cabo en la Secretaría de Gobernación federal, directamente con el subsecretario de Gobierno Luis Enrique Miranda Nava, quien intervino ante el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello”. (La Jornada)

¿Por qué intervino la policía? ¿Quién lo ordenó? ¿Cuál es su justificación legal? Se trata de una violación evidente de la Constitución. No puede un gobierno ordenar que mil policías entren a un recinto privado, donde se lleva a cabo una asamblea, golpeen a diestra y siniestra y detengan a personas que no cometían ningún delito. Es un atraco al “Estado de Derecho” en el que supuestamente vivimos.

Mientras tanto, los delegados afines a Luis Díaz de la Torre,se encuentran concentrados en varios hoteles de Tuxtla Gutiérrez a la expectativa de dar el “charrazo estatutario”. Si se instala el Congreso con todos los delegados, los democráticos ganarán el nuevo Comité Ejecutivo de la sección. Si los charros recurren a sus maniobras habituales, el conflicto estallará en Chiapas y tendrá eco en todo el país.

NOTA del 16 de agosto

“El 29 de junio, la policía reprimió salvajemente el 26 congreso seccional extraordinario de la sección 7, para impedir una victoria del magisterio disidente. Pero días después, el 5 de julio, se reanudó el evento estatutario y se reconoció el triunfo del Bloque Democrático… Al terminar, Manuel Velasco, gobernador de la entidad, corrió a la celebración magisterial para levantar la mano al dirigente triunfador y tomarse la foto con él.” (Del artículo “Maestros, los dilemas de Espartaco”, de Luis Hernández, La Jornada, 16 de julio, 2013)

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