PRI y PAN ya festejan su reforma petrolera

Francisco Pérez Arce Ibarra

Arrogantes, satisfechos, el PRI y el PAN dan por hecho la privatización del petróleo. Tienen la reforma energética en la bolsa. Legisladores de esos dos partidos, y sus apéndices (Verde y Panal), ajustan para la mayoría calificada. Sonríen. Encontraron la fórmula de privatizar sin usar esa palabra tan costosa. Pemex no se privatiza. Se abre la actividad petrolera a la inversión privada. Reformar la constitución para que empresas privadas puedan explorar y extraer el petróleo en aguas profundas y el llamado shale gas. No se vende ni un tornillo de Pemex, pero vienen las inversiones de las trasnacionales a extraer el petróleo y a quedarse, por supuesto, con una ganancia extraordinaria, es decir con la renta petrolera. ¿Por qué si no vendrían esas empresas a invertir en México? Si no hay ganancias extraordinarias no vienen las grandes inversiones. Es decir, la nación cede una parte importante de la renta a las empresas que vengan a invertir.

Al final, los adoradores de la inversión privada, PRI y PAN, se han quedado con un solo argumento: “México no tiene el capital ni la tecnología para hacer esas inversiones. México retiene una parte de esa renta (cede otra parte) que de otro modo no tendría. México gana”.

Visto desde otro lado, en realidad México pierde lo que cede como ganancias extraordinarias de las empresas. Pero pierde algo más, pierde soberanía sobre sus recursos. Pierde la capacidad de decidir cuándo y cómo se explotan esos recursos; cómo y en que se invierten los excedentes. Cede esas decisiones a empresas trasnacionales. Recientemente Argentina expropió las acciones de una empresa privada que controlaba la petrolera nacional; lo hizo por una razón muy sencilla, se dio cuenta que la empresa actuaba de acuerdo a los intereses de la empresa, no de la nación; las utilidades se repartían entre los accionistas, y no se usaban de acuerdo con los intereses nacionales. Las reinversiones que se  hacen de acuerdo a los intereses de una empresa que tiene actividades en diferentes países, y va a reinvertir sus utilidades en los lugares que encuentren mejores condiciones para la empresa, y no en el país del que extrajeron los recursos.

Con la victoria que festejan por adelantado PRI y PAN, México no sólo malbarataría recursos no renovables, de gran valor estratégico,  sino que perdería el control sobre ellos; y además metería  al escenario político a empresas muy poderosas, que vendrían  a sentar sus reales, llegarían para quedarse, se convertirían  en otro poder fáctico. No son damas de la caridad. No vienen a crear empleos; eso es un cuento de hadas.  Acostumbran involucrarse en todo, en comprarlo todo, han sido protagonistas en casi todas las guerras modernas. El petróleo sigue siendo un recurso estratégico, y lo seguirá siendo por mucho tiempo, por más que quieran negarlo. Nada gana México metiendo  en su territorio a las transnacionales petroleras. Pierde por cualquier lado que se le vea.

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