Contratos de Utilidad Compartida: La Entrega del petróleo a las trasnacionales

Francisco Pérez Arce Ibarra

En su programa de CNN Carmen Aristegui obligó a Emilio Lozoya, director de Pemex, a salirse del guión que traía preparado y tuvo que explicar cómo funcionarían los Contratos de Utilidad Compartida, que son la clave de la reforma energética propuesta por Peña Nieto.

Explica el director de Pemex: El Estado convoca a las empresas petroleras a concursar en una licitación para la perforación de pozos en aguas profundas. Entonces pueden presentarse los siguientes escenarios:

a)      Pemex decide no participar en esa licitación porque el riesgo de no encontrar suficiente petróleo es alto. O bien porque no cuenta con el capital o la tecnología necesarios. O bien porque no está en el campo de su especialización. Por cualquier razón: Pemex decide no participar. Entonces tendríamos a las grandes empresas mundiales concursando entre sí para explorar y extraer el petróleo mexicano.

b)      Pemex decide participar sola, por su cuenta y riesgo, participar en la licitación, en la que concursaría en igualdad de circunstancias con las petroleras del mundo. Según los discursos del secretario de Energía y del Presidente, Pemex no cuenta ni con el capital ni con la tecnología ni con la experiencia para emprender sola  la explotación del petróleo en aguas profundas. Por lo que, supongo, esas grandes empresas mundiales, con su gran capacidad y experiencia, tendrían grandes posibilidades de ganar la licitación.

c)      Pemex decide participar en asociación con una o más empresas petroleras que aporten la tecnología necesaria y parte de la inversión requerida. En ese caso, Pemex y socio podrían ganar la licitación. (Aunque bien visto, Pemex sería el socio tonto).

d)      El Estado decide no concursar el contrato sino asignárselo directamente a Pemex. Esta posibilidad no parece viable, porque contradice el argumento único que tiene el gobierno para hacer la reforma: que Pemex no cuenta ni con el capital ni con la tecnología ni con la experiencia para ese tipo de actividad.

En resumidas cuentas, los Contratos de Utilidad Compartida son el medio para entregar el petróleo mexicano a las empresas petroleras trasnacionales. Los Contratos se pagarían en producto, es decir en petróleo, o en efectivo;  el resultado es el mismo: El hidrocarburo es extraído y vendido por una empresa que cobra la factura en dólares. “El petróleo sigue siendo de la nación”, repiten los voceros oficiales y oficiosos…, pero los dólares no.

¿En qué proporción se comparten las utilidades? Bueno, eso lo establecerán las condiciones de la licitación. Pero en buena lógica, las empresas petroleras mundiales querrán participar siempre que haya una utilidad grande, una utilidad extraordinaria, es decir, siempre que incluya una parte de la “renta petrolera”. Se trata, por lo tanto, de entregar parte del patrimonio de los mexicanos.

La propuesta panista propone directamente concesionar la explotación del petróleo; hacerlo directamente y sin ambages. La propuesta priísta entrega el petróleo de una manera más pudorosa; pero el resultado es el mismo, se trata de abrir la explotación del petróleo a las grandes empresas trasnacionales: Exactamente lo contrario de lo que hizo el General Cárdenas en 1938. Exactamente lo contrario.

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