No al “IVA”: triunfo por defaul

Francisco Pérez Arce Ibarra 

 

 

(Se le llama triunfo por defaul (castellanización de defoult)

 cuando se le anota el triunfo a uno de los equipos

porque el contendiente no se presenta el día de la competencia.)

 

No quisieron echarle más leña al fuego. Leña seca hubiera sido ponerle IVA a medicinas y alimentos, un gancho al hígado a la economía popular. El gobierno de Peña y el PRI y el PAN (y demás aliados) estaban listos para eso. Tenían listo el discurso que justificaba el golpe. Pero la resistencia de los maestros a la reforma educativa y las fuertes manifestaciones en defensa del petróleo, decidieron al gobierno no abrir otro frente.

A los dirigentes de organizaciones empresariales no les gustó la iniciativa de la reforma hacendaria. Hasta ahora habían coincidido alegremente con el gobierno en las otras reformas: la laboral, la educativa, la energética. La derecha estaba en plena luna de miel. Peña tocaba por nota el concierto neoliberal. Probablemente entienden el cambio de estrategia del equipo priísta que valoró el complicado escenario de la guerra. No abrir otro frente era lo razonable. Porque para el proyecto neoliberal el petróleo es la joya de la corona. Ahí es donde está el tesoro, ahí están cientos de miles de millones de dólares en juego. Calcularon que la batalla del IVA se podía posponer. Incluso se permiten hacer concesiones a la propuesta progresista de obtener recursos fiscales de las grandes empresas y de las personas físicas de altos ingresos, con medidas como quitar la consolidación fiscal, gravar las ganancias de la bolsa de valores y aumentar el ISR para ingresos personales superiores al medio millón anual.

La reforma hacendaria da un respiro al PRD del Pacto por México. El gobierno le echa un salvavidas a punto del naufragio. Puede  erigirse ganador de un punto importante para la economía popular, y sentir que dio un zarpazo a los grandes capitales en beneficio del gasto social. Pero viendo el escenario completo, más que un triunfo de la izquierda es una jugada que cede un terreno para ganar otro. Evitar distraerse en una batalla que pensaban podían dar simultáneamente a las otras pero no habían calculado la fuerza de los oponentes. Evitar la dispersión y concentrarse en la que sin duda es la batalla de todas las batallas: el petróleo.

La batalla de todas las batallas no la tienen ganada. El mitin del domingo pasado y el pronunciamiento de Cuauhtémoc Cárdenas que alineó a sectores no afines a Morena, muestran una gran fuerza social, y anuncian una batalla larga que no terminaría tras una votación apresurada en el Congreso, que se alargaría en el periodo de votaciones en los congresos estatales y, si logran también ahí la mayoría requerida para la reforma constitucional, seguiría la batalla con una anunciada lucha por la revocación de la misma en el 2015. Y entretanto un sinnúmero de actos de resistencia civil pacífica. Estos actos de resistencia, grandes y chicos, son un mensaje no sólo para el gobierno de Peña, sino también para las empresas privadas que quieran venir por el petróleo mexicano.

El siguiente capítulo de esa batalla de todas las batallas lo viviremos el domingo 22 de septiembre, dentro de dos semanas, en la manifestación a la que convocó López Obrador, que caminará del Ángel de la independencia al Zócalo. Será (espero que sea) una manifestación gigantesca, comparable a las más grandes habidas en la ciudad y el país, o quizá la más grande de todas.

 

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