OLA MORENA (“Es la historia, estúpido”)

(Francisco Pérez Arce Ibarra)

Muy cerca de la hora cero. A 28 días de unas elecciones cruciales, la ola morena sorprende por su tamaño, y porque, pese a los esfuerzos de la derecha unida, sigue creciendo.

Los especialistas en temas electorales hacen mediciones, usan tecnicismos, establecen techos y pisos. Cuando éstos quedan hechos añicos, hacen nuevos cálculos y establecen nuevos parámetros. Me recuerdan los métodos econométricos que pronostican crecimientos económicos, paridades monetarias y tasas inflacionarias, y cada poquito tiempo, hacen “ajustes”. Bueno, pues el techo de intención del voto a favor de AMLO fue de treinta, “ajustaron” a cuarenta, llegó a 50, y ahora no hay techo.

¿Qué pasó? ¿De dónde salió esa ola morena?

Empiezo con una obviedad: los fenómenos históricos son complejos. Otra obviedad: las cosas suceden cuando suceden… ni antes ni después. Pero no son como los fenómenos de la naturaleza, en los que la voluntad humana no decide. En los hechos históricos la acción de los individuos cuenta. Las elecciones suman decisiones inteligentes de individuos. Tales decisiones contienen una carga de experiencias, conocimientos, asociaciones mentales, sentimientos, deseos, intuiciones… y la acumulación de todo eso conduce a una identidad… Uno se identifica con otros individuos porque comparte mucho de aquella carga. Lo que parece un contagio que desata una epidemia, en realidad es un proceso de identificación con otros. El carisma de un candidato proviene más que de sus características personales (o además de ellas) de esa identificación masiva de sus cargas emocionales y sus experiencias. El candidato es capaz de expresar (representar) esa carga, y entonces sucede el contagio. Una vez declarada la epidemia, el crecimiento es geométrico. La clave está en esa carga emocional y de experiencias. ¡Es la  historia!

1.

La ola morena se parece a la ola cardenista de 1988. Entonces y ahora la situación económica es detonante. En el 88 la sociedad sufría el deterioro de su nivel de vida provocado por la inflación, las devaluaciones, y los pactos para contener los precios que imponía el mayor costo a los asalariados. Había un gran reclamo al presidente Miguel De la Madrid. Pero esa irritación sumaba otro factor decisivo: una experiencia acumulada de veinte años de movimientos sociales, desde el 68, pasando por la insurgencia obrera, el auge campesino de tomas de tierras, el surgimiento del movimiento urbano popular, la experiencia guerrillera, y el movimiento magisterial… Todo eso en los calientes años setenta. Casi todos esos movimientos tuvieron finales represivos. Casi todas las causas fueron derrotadas. Pero en conjunto representaron una acumulación de experiencia organizativa, y de rabia, por las represiones violentas y arteras: garrotazos, despidos, encarcelamientos, desapariciones, asesinatos. Acumulación de agravios.

A esos dos factores: la situación económica y los veinte años de movimientos, hay que sumar una más, también histórica: la vigencia del cardenismo en muchas regiones del país. Quien fue capaz de expresar (representar) esa carga emocional y de experiencias fue Cuauhtémoc Cárdenas, el hijo del General. Había pasado medio siglo del gobierno de Lázaro Cárdenas, pero sus acciones eran recordadas por amplios sectores de la sociedad. ¡Es la historia!

Lo del 88 fue inesperado y sorprendente. El régimen. En su inercia autoritaria, no sospechaba siquiera que pudiera levantarse la ola cardenista que causó la primera gran derrota electoral del PRI. Tenían el aparato institucional para administrar el resultado, e impusieron el increíble triunfo del PRI y su candidato.

2.

En el 2018 también hay una gran irritación social. Es la economía, con su antecedente del gasolinazo, el incumplido auge prometido con “las reformas”, la pobreza que no cesa, la juventud sin alternativas de trabajo ni de estudio. El régimen, con su Pacto por México, impuso una reforma educativa que enfrentó al gobierno con cientos de miles de maestros, y el país se llenó de manifestaciones, siempre masivas, siempre airadas. La imagen dominante de la “evaluación al desempeño” de los maestros, fue la de una fuerte vigilancia policiaca: El retrato de su reforma educativa: Policías vigilando maestros.

Impuso también la reforma energética, una decisión histórica y muy costosa para el régimen. Contaron con la mayoría en las cámaras, pero no con el apoyo del pueblo. La resistencia no fue suficiente para detener la privatización del petróleo. Detrás de la mediciana no deseada venía la promesa de que grandes beneficios llegarían a la población: bajarían los precios de las gasolinas y la electricidad. No hubo tales beneficios. Al contrario, llegaron los gasolinazo. Y la protesta fue inesperada, masiva y nacional.

Un factor decisivo, que no estaba presente en el 88, es la inseguridad extrema. La violencia desatada desde el 2006 con la guerra de Calderón contra el  narcotráfico, mantenida por el gobierno de Peña Nieto.

La inseguridad está en el centro. Y con ella la evidente penetración del crimen organizado en el aparato del estado. Es decir, la existencia de un narco-estado. Eso representa el caso emblemático de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa (26 de septiembre de 2014). No había pasado un mes de los sucesos de Iguala cuando surgió el escándalo de la Casa Blanca de Peña Nieto. En un mes el gobierno quedó marcado para siempre: Ayotzinapa y la Casa Blanca. Insensibilidad y corrupción. Crimen e impunidad. Narco-Estado y autocomplascencia.

El desprestigio del gobierno suma la vergonzosa política exterior, que no hizo sino humillar a México ante el gobierno de Estados Unidos presidido por el inefable Donald Trump. Economía, inseguridad y vergüenza.

A la situación económica y social que causa gran insatisfacción en amplios sectores de la sociedad, sumemos el otro factor: las experiencias electorales de 2006 y 2012., y la existencia de una organización en crecimiento, Morena, y un líder fuerte, Andrés Manuel López Obrador.

El agravio del fraude del 2006 (“voto por voto, casilla por casilla”, contra el “haiga sido como haiga sido”). La masiva compra de votos del 2012 (“Recordar las famosas tarjetas MONEX). Las campañas negras del miedo (“AMLO es un peligro para México”) Y el más reciente fraude del Estado de México por la vía del uso de recursos públicos para  la compra masiva de votos.

Agravios repetidos. Experiencia acumulada. Seis años para la consolidación nacional de Movimiento de Regeneración Nacional, ahora convertido en partido MORENA. Un conjunto de experiencias que ahora han hecho inoperante la campaña negra del miedo. (“Nos han quitado hasta el miedo”). Los estrategas del PRI y el PAN han querido reeditar la campaña del miedo. Han convertido sus campañas electorales en una lista de ataques contra AMLO. (PRI y PAN no hacen sino repetir: “que´no gane AMLO, que no gane AMLO, qué no gane AMLO”) Sus campañas son en contra de alguien, y no a favor de alguien. Hemos visto una campaña electoral en favor de un candidato, y dos campañas en contra de ese mismo candidato. Al parecer, sólo hay un candidato. Y cada vez que sus contendientes lo mencionan para descalificarlo, sus bonos aumentan.

A cuatro semanas de las elecciones ya no pueden pararlo. No al menos con métodos legales y pacíficos. Tendrían que tirar el tablero, porque la partida la tienen perdida. Muchos priístas y panistas ya están gritando el “sálvense quien pueda”. Y los hombres del poder económico no entienden qué pasó. Por qué su poder mediático no convenció. Por qué no ha sido suficiente el gran dinero… Por qué con cada ataque, la ola morena crece… No entienden. “Es la historia, estúpido”.

 

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