Jorge Fernández Souza escribe sobre “Caramba y zamba la cosa. El 68 vuelto a contar”

Jorge Fernández Souza

Presentación del libro de Francisco Pérez Arce.

–Casa Lamm, 7 de mayo de 2018–.

¿Qué determinó que una pelea callejera entre dos grupos de estudiantes, de una vocacional del Politécnico y de una preparatoria particular incorporada a la UNAM, se convirtiera en un movimiento masivo estudiantil- popular como el de 1968?

La respuesta a ésta pregunta es una de las virtudes de Caramba y Zamba la Cosa, el libro de Francisco Pérez Arce caracterizado por una suerte de brevedad profunda (o de profunda brevedad). La explicación de esa transformación del enfrentamiento juvenil casual en una ola que sacudió al sistema político mexicano, nos la ofrece Paco en las páginas de su texto.

Narra cómo el 22 de julio de 1968, un episodio de confrontación entre estudiantes que debió de haber sido intrascendente, derivó en una acción represiva de granaderos que golpearon a estudiantes y profesores de la Vocacional 5 del Poli. La agresión que produjo alumnos golpeados, heridos, y detenidos que fueron pronto liberados, causó la molestia que a su vez condujo a que se convocara a una manifestación de protesta contra la brutalidad policíaca que se llevó a cabo el 26 de julio. Y en ese día, como en una metáfora anticipada de lo que vendría, confluyeron la inconformidad aparentemente primaria ocasionada por la represión, y el pensamiento político de izquierda que se expresaba en otra manifestación, ésta de apoyo a la Revolución Cubana. Las dos marchas, la reiterada represión por parte de los granaderos a la columna politécnica que pretendía llevar su protesta al Zócalo, el conflicto extendido al centro de la Ciudad, la salida del ejército a la calle el 29 de julio, el basukazo a la puerta colonial de San Ildefonso, son narradas por el autor como hechos que van ampliando el conflicto que parecía reflejar solamente (hasta esas fechas) una expresión natural de rebeldía juvenil frente a la autoridad.

Hemos llegado al absurdo, dice el autor cuando comenta que en unos pocos días se pasó de esa pelea de jóvenes en la Plaza de la Ciudadela a la ocupación del mismo centro de la Ciudad por el ejército, al ataque contra un emblemático edificio universitario, al allanamiento del local del Partido Comunista y a la detención de sus dirigentes. Sí, la dimensión de la represión, de la respuesta estudiantil, de los enfrentamientos, parecen un absurdo. Sin embargo, el mismo autor nos dirá más adelante por qué no lo era.

Después de relatar el inicio de las huelgas en las escuelas y facultades de la Universidad Nacional, en el Politécnico y en Chapingo, la solidaridad y los paros en universidades de algunos estados, el crecimiento exponencial del movimiento, las manifestaciones de agosto (mes que en la obra es mencionado como el de la primavera del propio movimiento), Francisco Pérez Arce expresa en unas líneas una reflexión que nos saca de la duda acerca del porqué de la transformación del enfrentamiento estudiantil callejero en un movimiento político de enorme relevancia. La cita es obligada. Dice el autor: “….lo que era una protesta por la violencia policiaca se ha convertido en otra cosa, con un significado más profundo, difícil de explicar”. Difícil de explicar pero que el autor explica con sencilla claridad ….Sigo con la cita: “ Es la rebelión juvenil frente a un estado de cosas insatisfactorio, contra una visión del mundo acartonada, contra una democracia inexistente, contra el presidencialismo, contra el poder vertical inapelable, contra el influyentismo y la corrupción, contra la simulación, contra la demagogia, contra las desigualdades sociales….La rebelión no formula sus motivos más profundos, no los explica programáticamente pero los contiene. Sólo muestra la punta del iceberg”. (Fin de la cita). Además de lo que nos lleva a entender, la cita misma obliga a pensar en tiempo presente.

La obra contiene mucho. Pero estos párrafos son centrales en su precisión y en lo que aporta. Ahí mismo el autor se refiere a los seis puntos que formaron el pliego petitorio del movimiento (libertad a los presos políticos, derogación de los artículos de disolución social del Código Penal, desaparición del cuerpo de granaderos, destitución de los jefes policíacos involucrados en la represión, indemnización a las víctimas y el deslinde de responsabilidades de funcionarios de gobierno). Y ahí mismo abunda diciendo que esos seis puntos y la exigencia de diálogo público representaron la parte visible de una crítica que iba más allá de esos mismos puntos y de los excesos policíacos. La punta del iceberg pues, como indica el autor.

Pérez Arce nos conduce por ese agosto de las manifestaciones y del movimiento en primavera, a través de los capítulos que van del rayo en cielo tranquilo al cielo encapotado pasando por el viento en popa. Nos recuerda la práctica de la libertad que se vive en el movimiento, la alegría de la participación y de la organización, las discusiones largas en las asambleas. Nos hace vivir también las tensiones de las movilizaciones de agosto y del septiembre con nubarrones. Del ánimo liberador con toques festivos, nos traslada a la confrontación mayor que se expresa en la toma de Ciudad Universitaria y en los combates del Casco de Santo Tomás (en el caso de CU con el episodio de Alcira refugiada en el baño de Filosofía y Letras….Alcira, la poeta uruguaya que por años animó los pasillos de esa Facultad).

Y cuando narra el crimen del 2 de octubre en Tlatelolco, el autor actualiza dos datos importantes: una noche antes había habido pláticas entre delegados del Consejo Nacional de Huelga (el órgano principal de organización de los estudiantes) con representantes del gobierno; y la dirección del movimiento había decidido no hacer una manifestación ese día sino un mitin, probablemente por prudencia, tal vez porque podía pensarse en una salida que tomara en cuenta los seis puntos del pliego petitorio. A saber.

Pero de haber sido así, en el caso de que en el horizonte hubiera aparecido una posibilidad de acuerdos, la matanza puede tal vez haber obedecido a una reacción gubernamental (particularmente de la Presidencia de la República o de la Secretaría de Gobernación) para evitar cualquier arreglo que pudiera significar un triunfo, así fuera mínimo, del movimiento. Eso, así se demostró el 2 de octubre, no cabía. Nada que fuera producto del diálogo era aceptable desde la perspectiva gubernamental. En muchos aspectos, con todos los años desde entonces transcurridos, la tendencia sigue siendo la misma.

Aunque la huelga continuó hasta bien entrado el mes de noviembre, el golpe de Tlatelolco había sido brutal y obligó al repliegue del movimiento. Disminuidas, las brigadas y el volanteo siguieron hasta ese mes en medio de la persecución y con la carga de la matanza y de la represión que incluía el aumento en el número de detenidos y presos. El autor nos dice que el movimiento fue derrotado el 2 de octubre por medio de las armas. “Pero también, al mismo tiempo, había obtenido una costosa victoria cultural. Eso habría de apreciarse con el tiempo”.

Victoria cultural y política, me atrevo a agregar, que vaya que se ha apreciado y ha crecido con el tiempo. Porque el movimiento del 68, y en particular el 2 de octubre, se convirtieron en una referencia política indispensable respecto al carácter de la sociedad y del estado mexicanos y de las necesidades de cambios profundos. Lo que empezó como una gresca estudiantil menor y se convirtió en un cuestionamiento masivo al estado de cosas nacional, había tenido con seguridad antecedentes referenciales en las luchas ferrocarrileras, de médicos, de maestros, o en el levantamiento de Madera en Chihuahua. Pero a su vez ha estado presente en el sindicalismo independiente de los años setenta y de las décadas siguientes, en la lucha armada que fue sofocada con la guerra sucia, en las reivindicaciones magisteriales de entonces y de ahora. Todas estas luchas sociales y políticas son, en mayor o menor medida, deudoras del 68, como también lo son las de los estudiantes del CEU, del 132, de los pueblos originarios, del EZLN, las demandas urbanas populares o los intentos democratizadores por la vía electoral. Han tenido y tienen sus causas propias, pero desafiando al tiempo coinciden con el 68 en la idea de que un mundo distinto y mejor es posible.

No hay perspectiva de lucha que no deba de voltear al 68 y Paco nos lo recuerda. Si, con todas las condicionantes sociales que explica el autor, alguien diría que también el inconsciente colectivo influyó para que una pelea callejera se transformara en un movimiento de los alcances que tuvo el de 68, en la mente también colectiva de muchos sectores de la población mexicana el 68 está grabado a profundidad.

Cuando el autor termina de hablar de los hechos del movimiento, cuando desarrolla el capítulo al que llama de manera gráfica “Después del Naufragio”, y cuando escribe la Posdata, con esa síntesis magistral que caracteriza a la obra toca la situación de los presos, las aberraciones jurídicas de los procesos del 68, el cambio presidencial, y llega hasta la matanza del 10 de junio de 1971.

A final, en el último capítulo, Pérez Arce se refiere al 68 en el mundo, a las figuras del Che y de Ho Chi Min, a mayo en París, a Praga, a Luther King, a la liberación femenina, a los obispos latinoamericanos reunidos en Medellín vislumbrando la opción preferencial por los pobres….. Las menciones son valiosas en sí, en cada caso, y porque dan un marco general, mundial, a lo que ocurrió en México en el 68. Habla de imágenes y de movimientos que transitaron por el 68 mexicano y que emocionaban como emocionaban las consignas y las demandas propias.

Y esto vale también que sea destacado: el libro no es solamente narración histórico-literaria de muy buena hechura; es también emoción que entre otras cosas, entre la crudeza de la protesta y de la represión, introduce lo festivo. De ahí el título: Caramba y Zamba la Cosa, que vivan los estudiantes, de Violeta Parra (cantada por ella misma o por Mercedes Sosa). Lleva a pensar en Nacha Guevara cuando canta a Benedetti diciendo que en la calle codo a codo somos muchos más que dos. Y como transmite rebeldía hace que pongamos atención a un poema de Doris Lessing: “Ser rebelde lleva la vida entera…. Inscribirte en la soledad del desacuerdo…. Dejar atrás a los usurpadores…. No hay premio a una rebelde más allá de poder regar sus flores en el tiempo que apropia….. y si de paso una rebelde tiene la alegría en soledad, ha vencido al mundo.”

Compañía y soledad, camaradería y ensimismamiento, esperanza y frustración, dolor y alegría, música variada y balas. Si se cantaba la música de protesta latinoamericana también se escuchaba a los Beatles. Alguna vez un compañero me comentó que mientras esperaba el inicio del mitin en Tlatelolco estaba oyendo en un pequeño radio Hey Jude ( don’t make it bad / take a sad song and make it better/ Remember to let her into your heart / Then you can start to make it better…) cuya letra parecía hecha para dar ánimos frente a lo que en pocos minutos ocurriría. La escuchaba en un radio porque, claro, no vislumbrábamos los celulares y menos con transmisiones musicales.

De ahí, de todo eso, que sea inevitable pensar que el libro está hecho a varias manos. La mano del historiador, la mano del novelista, la mano del militante que sabe de marchas, de coraje, de represión, de muertes y de presos, pero también de gozo y de esperanza. Imagino a varios Pacos (al menos tres) sentados en torno a una mesa de trabajo, dándose ideas, complementándose y corrigiéndose entre ellos.

Finalmente: en esta hora sombría para México, recordar al movimiento estudiantil popular del 68 es obligado por varias razones: para no olvidar la capacidad organizativa y de lucha, ni la represión, ni lo que ha pasado y puede pasar. Para esto también el texto es de un gran valor, y más en este año cincuenta del 68. Se antoja que se debería recordar el inicio del 22 de julio, los momentos más significativos, desde luego el 2 de octubre que no se olvida. Se antoja recordar las consignas y revivirlas en las actuales; se antoja por ejemplo, traer a colación aquella consigna del mayo francés que se reprodujo en México: esto no es más que el principio, la lucha continúa.

 

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