“La culpa la tiene El Chapo”, dijo Chong.

La segunda fuga del Chapo

–Francisco Pérez Arce Ibarra–

Un túnel de kilómetro y medio a más de diez metros de profundidad que va a dar exactamente a la regadera de su celda. Túnel bien construido, con sistema de aire e iluminación, que no pudo perforarse con mucho sigilo y debió tomar varios meses de trabajo a varias personas, sepa dios cuántas. No es una obra que pueda hacerse con pico y pala, tuvieron que emplear equipo pesado y sacar toneladas de tierra en camiones que nadie vio.

Un penal de alta seguridad que cuenta con cámaras que vigilan a los presos 24 horas, un foco en cada celda que nunca se apaga. Una fortaleza de muros y cimientos impenetrables. Una cárcel perfecta que lleva con justicia el mote de “alta seguridad”.

Pero la gente del Chapo hizo el túnel que brotó exactamente donde querían. El Chapo descendió, montó una motocicleta que corría sobre rieles, y en unos minutos estaba del otro lado, libre, donde sus cómplices pudieron recogerlo y llevárselo a dios sabe dónde, cuando los carceleros apenas notaban su ausencia: no aparecía en la pantalla y se tardaba mucho en la regadera y sospecharon y lo buscaron y no lo encontraron y dieron la alarma: “se fugó el Chapo”.

“¡No! ¿El Chapo Guzmán? ¿Y precisamente cuando el presidente Peña y su secretario de gobernación andan de visita oficial a Francia? ¡Que de inmediato se regrese Osorio Chong, el secretario, y que investigue qué pasó, y que dé la cara, y que empiece el control de daños!”

Chong volvió y fue  conocer el túnel y recibió todos los informes posibles, y convocó a una conferencia de prensa.

Extraña conferencia de prensa. Convocada para informar del gran escape, el discurso se ocupa de describir las insuperables medidas de seguridad, los protocolos rigurosos, la certificación internacional de la alta seguridad de esta prisión, la de Almoloya, conocida como “del Altiplano”. Extraño, digo, que se ocupe de la seguridad indiscutible de prisión cuando el motivo de la conferencia era informar de la evasión de un preso. Pareciera que el secretario Chong estuviera diciendo: “nosotros hicimos bien el trabajo y de todos modos se fugó”. O bien: “la culpa no la tenemos nosotros, la tiene el Chapo”. O quizá, “evadió todas esas medidas porque es más inteligente que nosotros”. O quizá, más probablemente, “hubo fallas humanas, de los encargados de la prisión…”, es decir, la corrupción, integrada en el sistema, es la que explica el suceso. Quiso decir lo que creemos todos: no hay sistema penal que aguante un cañonazo de millones de dólares. Inteligencia se necesita, por supuesto, pero sobre todo mucho dinero.

La corrupción es la culpable. Pero no la de los custodios, sino la de todo el sistema. El túnel no es posible sin la complicidad de funcionarios y altos mandos de policía y ejército.

Destituir a funcionarios del sistema penitenciario y encarcelar a unos cuantos custodios cómplices no basta para exculpar a los mandos de más alto nivel. El secretario de Gobernación y el Presidente son los principales responsables. Si a algún preso tenían que vigilar era a ese. Ellos hicieron gran alharaca cuando lo agarraron, fue su gran logro, lo festejaron como un campeonato. No podían dejarlo ir. Más allá de la corrupción existente y conocida, tuvieron que cuidarlo, y al no hacerlo quedaron en ridículo ante todo el mundo. El Chapo, el criminal más buscado (otra vez) hizo el gran escape. El gobierno de Peña, hizo el gran ridículo.

 

15 de julio de 2015

Votar por Morena

–Francisco Pérez Arce Ibarra–

No se trata de votar por el menos malo. Plantearlo así sería darle la razón a los anulistas. Se trata de votar por un partido que se propone contradecir al sistema. Sólo hay uno que lo hace: Morena. Los partidos del Pacto por México (PRD, PAN y PRI) representan al sistema, son el sistema. Proponen continuar por la ruta que el gobierno actual y los gobiernos recientes han trazado. Las diferencias son de matiz. El Partido Verde, que puede tener un cúmulo importante de votos, obtenidos con una mercadotecnia tramposa, es un aliado íntimo del PRI. Los demás partidos luchan por su vida y francamente no representan nada por sí mismos ni social ni ideológicamente. Si no existiera Morena el voto nulo o la abstención serían las únicas opciones críticas contra el sistema. Pero existe Morena, y aunque puedo discrepar en algo de su discurso, no hay duda de que es opositor franco.

En el proceso electoral del 2012 se enfrentaban dos proyectos: de un lado la continuidad del neoliberalismo que enarbolaban el PRI y el PAN, y de otro la crítica a ese sistema, que representaba la coalición progresista que postulaba a López Obrador. En el centro de la polémica estaban las “reformas estructurales”. PRI y PAN defendían la privatización del mundo (el petróleo incluido), y el dominio del capital privado (la inversión extranjera como varita mágica salvadora del país), y el predominio de las corporaciones gigantes (las de comunicaciones incluidas, encabezadas por Televisa).

El gobierno de Peña Nieto se presentó como la vanguardia del neoliberalismo, yendo más allá de lo que habían logrado los gobiernos panistas.

El PRD abandonó el bando progresista y se sumó al Pacto, con la intención de ser parte del poder, de influir en él siendo compadre de las reformas. A ello llamaron ser “izquierda moderna”, y fue bien vista por los locutores de la televisión y los comentaristas remunerados. Es cierto que votaron contra la reforma energética, la madre de todas las reformas; pero se opusieron a ella tardíamente. Una vez concluido el ciclo de las reformas, el PRD se acomodó como el aliado del sistema que refunfuñó, pero siguió siendo la “izquierda moderna”, cómoda y hasta amiga de Peña. Seguimos viendo las fotos sonrientes de los líderes perredistas dejándose palmear las espaldas por el presidente y sus secretarios. Hablando el mismo lenguaje. Siendo parte del poder. Proponiendo, si acaso, modificaciones mínimas que atenuaran los excesos del gobierno derechista.

Morena, en esos tres años, en los cuales logró organizarse nacionalmente y obtuvo el registro legal como partido político, encabezó o apoyó movilizaciones de masas contra las reformas estructurales. Sobre todo lo hizo con la reforma energética. Se opuso sistemática y firmemente a la privatización del petróleo. (El PRD también se opuso, y en ello participó destacadamente Cuauhtémoc Cárdenas quien acabó abandonando las filas de ese partido pocos meses después). Apoyó las protestas de los maestros de la CNTE contra la reforma educativa. Se sumó a causas comunitarias y combatió la minería depredadora. Denunció permanentemente la represión de la protesta social.

En el periodo 2012-2015 el país vivió tres grandes movilizaciones de magnitud y de extensión nacional: contra la reforma educativa, contra la reforma energética y por la aparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Hubo muchos otros movimientos sociales, de gran significación, como la lucha contra las empresas mineras que atentaban contra las comunidades y el medio ambiente, por la defensa del agua y contra la represión policiaca. Pero aquellos tres movimientos fueron los que tuvieron trascendencia nacional. Morena se ha movilizado en torno a esas causas y se ha pronunciado sin dudarlo en apoyo de los movimientos por los derechos de los pueblos. Es un partido político que no ha olvidado (en su interior luchan por no olvidar) su carácter de movimiento. Muchos de los que estamos ahí apostamos porque la dinámica electoral no separe a la organización de sus tareas no electorales, de sus tareas como movimiento, de su convicción de que la lucha no es cada tres años por obtener puestos públicos, sino todos los días del lado de las causas populares y la lucha social. Muchos de los que estamos ahí apostamos porque nuestros legisladores se conviertan en acompañantes y cauces de la lucha social.

La transformación del país, el cambio de ruta del país, no se concretará en las elecciones de este año. Este es sólo un episodio de la lucha por esos objetivos. Hay que dar todas las luchas todo el tiempo.

 

Elecciones y protesta social

–Francisco Pérez Arce Ibarra– 

1.– Año electoral pintado de Ayotzinapa– 

Las elecciones del 2015 están marcadas por una inédita movilización de protesta por la agresión que sufrieron los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre de 2014. Las manifestaciones, mítines y pronunciamientos se extendieron por todo el país y se mantuvieron intensamente durante seis meses. La desaparición forzada de 43 jóvenes prendió la indignación en amplias capas de la sociedad. Los padres de los normalistas se convirtieron en un motor muy poderoso que  formuló desde el principio la exigencia de que aparecieran con vida, y  señaló que el Estado era el responsable. Las consignas “Vivos se los llevaron/ Vivos los queremos”, “¡Fue el Estado!” y “Fuera Peña” expresan la esencia del movimiento.

El gobierno federal quiso eludir la responsabilidad de lo sucedido en Iguala. Su discurso se encaminó a culpar al gobierno municipal, acaso con una complicidad del gobierno del Estado, pero no más allá. Los padres de los 43 normalistas desaparecidos y las masivas movilizaciones le cerraron el camino al presidente y al procurador. Éstos, sin embargo, insistieron en acotar su responsabilidad y se apresuraron a dar por cerrado el caso con el encarcelamiento del presidente municipal de Iguala, su esposa, algunos policías, y los miembros de la organización criminal Guerreros Unidos, supuestos ejecutores materiales del supuesto asesinato de los 43.

El señalamiento de la responsabilidad directa del gobierno federal, hizo que se repitieran las consignas “Fuera Peña” y “Fue el Estado”; culpaban  al conjunto del sistema, incluidos los partidos políticos de izquierda, y en particular al mayor de ellos, el PRD.

Las izquierdas se sumaron a la protesta. Incluso las bases del PRD lo hicieron, a pesar de que su partido estaba involucrado en el crimen ya que tanto el Presidente Municipal de Iguala como el gobernador de Guerrero llegaron a sus puestos  postulados por ese partido.

El arranque del año electoral 2015 está pintado de Ayotzinapa. Empezó cargando una pesada condena al sistema en su conjunto. El movimiento de Ayotzinapa fortaleció la corriente de opinión que propone el voto nulo (y el boicot a las elecciones), como la única forma de protesta verdadera, de rechazo y condena al sistema. Plantea que acudir a votar por cualquier partido significa legitimar al sistema.

2.- El descrédito del INE

Además de cargar con la marca de Ayotzinapa, el proceso electoral arrastra el descrédito de sus operadores. El Instituto Nacional Electoral, INE,  ha  sido señalado por su incapacidad  de emparejar las condiciones de la competencia. El comportamiento de uno de los partidos ha exhibido al Instituto: El Partido Verde violó de manera sistemática las reglas de la competencia obteniendo ventajas a la vista de todo mundo. El INE le aplicó sanciones económicas una y otra vez, hasta sumar una cantidad mayor a los 300 millones de pesos. Pero el partido Verde tras cada sanción económica volvió a violar las reglas. Las sanciones económicas no frenaron las violaciones a la ley. El resultado es que se ha puesto precio a las ventajas que un partido quiera comprar.

El IFE, antecedente institucional del INE, había dejado un mal precedente con la forma en que trató los hechos que enturbiaron las elecciones del 2012. El caso más clamoroso fue la compra masiva de votos por parte del partido que ganó la elección presidencial, el PRI, mediante el reparto de tarjetas bancarias. El caso fue ampliamente documentado y al final reconocido por todos, pero no tuvo consecuencias. El Instituto encargado de vigilar la equidad en la competencia tampoco vio el ostentoso gasto de la campaña presidencial de ese partido.

Los escándalos de corrupción y dobles discursos de diputados y gobernantes (incluido el “conflicto de interés” del propio presidente de la república que obtuvo de contratistas del gobierno una casa de 89 millones de pesos), han propiciado la desconfianza en la legitimidad de los poderes estatuidos.

En ese contexto de desprestigio del gobierno por los escándalos de corrupción se iniciaron las campañas electorales en abril de 2015.

Los Partidos Políticos contendientes actúan buscando la máxima efectividad mercadotécnica: repeticiones de fotos de candidatos y frases insustanciales. La confrontación, cuando la hay, se base en acusaciones de corrupción al partido o candidato contendiente; o atribuyéndose méritos por supuestos logros gubernamentales. En la ruidosa competencia mercadotécnica no aparece, por ninguna parte, un debate de ideas o proyectos.

Concedamos que el INE hace un riguroso reparto de tiempos oficiales entre los partidos políticos. Pero la inequidad no está en los millones de “impactos” transmitidos por radio y televisión, sino en el monopolio de los medios electrónicos de comunicación. Fuera de los spots, hay una línea en los programas informativos que inclinan la balanza a favor de los partidos afines al sistema, particularmente al partido en el gobierno; y en contra, por la vía de la descalificación o el silencio, del partido que representa una oposición frontal al sistema: el partido MORENA.

La cancelación de uno de los espacios independientes y críticos del sistema, el programa periodístico de Carmen Aristegui en MVS, fue muestra de intolerancia y afirmó la alianza del poder gubernamental con los principales medios electrónicos de comunicación

3.- Las izquierdas

En ese terreno desigual actúan las izquierdas.

El PRD, el partido histórico de las izquierdas que en 1988 las reunió por primera vez en una lucha electoral, se ha convertido en el partido de izquierda “institucional”. Gobierna varios estados y municipios. Es una fuerza parlamentaria importante. Los partidos de la derecha lo consideran un interlocutor apropiado. Se llama a sí mismo “de izquierda moderna”, para deslindarse de la izquierda radical. Ha construido bases electorales apoyándose en su ejercicio del poder, usando los mismos métodos clientelares y corporativos contra los que peleó en su origen. Cuenta con una estructura nacional y, hasta el 2012, era la segunda fuerza electoral. Ha sufrido a partir de entonces desprendimientos importantes y ha sido criticada por seguir una política entreguista. El punto de quiebre fue la firma del Pacto Por México en diciembre de 2012; ahí se comprometió con los partidos de la derecha: el gobernante PRI, y el representante de la derecha histórica, PAN, a ser parte y coautor de un conjunto de reformas, entre ellas las llamadas “reformas estructurales”.

El PRD se deslindó del Pacto cuando se formuló  la reforma energética; un deslinde tardío; en los hechos había colaborado en el fortalecimiento del gobierno de Peña Nieto. El Pacto Por México le costó bases sociales y prestigio y, sobre todo, un divorcio tajante de los movimientos de protesta, que estuvieron muy activos en las calles durante 2013 y 2014. Frente a estas protestas, el gobierno federal, en los hechos apoyado por el PRD, siguió una política sistemática de represión.

Al costo político del Pacto, el PRD tuvo que sumar uno más, el de verse involucrado en el crimen de Iguala, a través de un presidente municipal que provenía de sus filas, y de un gobernador que fue su candidato. Ante estos hechos, los movimientos sociales no consideran al PRD un aliado. Su cosecha electoral en el 2015 no vendrá de las masas movilizadas por distintas causas, ni de los grupos generalmente críticos del sistema. Ante un resultado previsiblemente pobre, tras las elecciones de junio sufrirá nuevos desprendimientos. Y Como consecuencia de un resultado electoral débil, se debilitará aún más.

Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano son partidos chicos que se asumen de izquierda. Están obstinados en alianzas a toda costa con quien sea con tal de obtener los votos necesarios para conservar su registro. No están luchando por otra causa que no sea su propia sobrevivencia.

En 2012 estos partidos se coaligaron  con el PRD en el Frente Progresista que postuló a Andrés Manuel López Obrador como candidato a la presidencia. También postuló a gente identificada con AMLO  a diputaciones y senadurías. PT y MC  acompañaron a López Obrador cuando anunció su rompimiento con el PRD. En los debates legislativo sobre las reformas neoliberales, sus grupos parlamentarios fueron críticos y beligerantes. Representaron congruentemente posiciones de izquierda. Pero en la coyuntura electoral están dispuestos a aliarse con quien sea a cambio de puñados de votos que les permita conservar su registro.

Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) es un partido que fue construido por Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores en tres años de intensos recorridos por el territorio nacional. Sus miembros y dirigentes provienen en buena medida de desprendimientos del PRD y de participantes en organizaciones y movimientos sociales. Una corriente interna concibe a MORENA más como un movimiento que como un partido electoral: como un movimiento que recurre a las elecciones pero cuya actividad no se limita a ellas, e insiste en buscar permanentemente una cercanía con los movimientos sociales. En la coyuntura de las elecciones, la inercia vuelca a toda la organización a la actividad electoral. Su discurso busca deslindarse de los otros partidos. Ser diferente. Objetivo difícil de lograr en medio de la tormenta de spots, frases insustanciales y fotografías de candidatos sonrientes.

MORENA atrae al electorado más inclinado a la izquierda, pero en ese terreno compite con quienes proponen el voto nulo y el boicot electoral. En la ciudad de México se apoya en las buenas cuentas que dejó su principal líder como gobernante. El gobierno lopezobradorista (2000-2006) se reconoce como el único que ha intentado políticas públicas izquierdistas claramente contrastantes con las del gobierno federal.

Los promotores del voto nulo.– Intelectuales, periodistas, dirigentes de organizaciones de la sociedad civil identificadas con causas populares y con la defensa de los derechos humanos, militantes de la izquierda desencantados del PRD pero no afines a MORENA, han creado esta corriente anti-voto.  Su discurso se apoya en el descrédito de los partidos políticos y del INE. Atrae a los electores más irritados. Es una posición que critica al sistema y descalifica la vía electoral, pero no ofrece una alternativa clara. La versión más radical y más fuerte de esta posición se localiza en el Estado de Guerrero y se asocia a los maestros y los grupos que integran el movimiento de Ayotzinapa. La opción del voto nulo, la abstención y el boicot electoral ha existido en coyunturas anteriores, pero nunca había tenido tantos seguidores y tantas razones a su favor. Su cosecha de “no votos” puede ser de varios puntos porcentuales. Si sólo es eso no tendrá consecuencias políticas importantes.

4.- 2015, ensayo para el 2018

Las izquierdas, cada una por su lado, medirán fuerzas en el 2015. Su atomización es un hecho, y no es previsible un escenario que propicie la unidad después de las elecciones. La distancia entre el PRD y MORENA es insalvable.

La idea de “unidad de la izquierda” ya no puede incluir a todos los partidos que se asumen de izquierda, y no puede entenderse como “unidad electoral”. La posibilidad de construir una izquierda amplia y fuerte pasa por la definición de puntos programáticos comunes que contemplen las demandas expresadas por los movimientos sociales, el “Proyecto alternativo de nación” de MORENA, las ideas de quienes hoy promueven el “voto nulo” (que proponen la necesidad de una nueva Constitución) y la crítica de las “reformas estructurales” implantadas por la derecha.

La unidad de las izquierdas tiene que construirse en la movilización social, en la lucha ideológica contra la derecha y, simultáneamente, en la discusión programática. Sólo como consecuencia de todo esto puede resultar una participación electoral unitaria en el 2018.

Once tesis sobre la evaluación educativa

–Francisco Pérez Arce Ibarra–

1) La educación en México tiene deficiencias históricas. Es necesario evaluar al sistema educativo, empezando por el secretario y los altos mandos de la SEP. Los evaluadores deben ser evaluados.

2) La infraestructura educativa es deficiente en general, y muy deficiente en las áreas rurales, indígenas y urbanas pobres. El gasto educativo además de insuficiente ha sido mal empleado. Los burócratas deben ser evaluados.

3) El Sindicato controlado por el grupo que entronizó la cacique Elba Esther Gordillo (hoy presa) recibe enormes cantidades de dinero. De esos recursos no se da cuenta a nadie. El SNTE debe ser auditado.

4) Miles de maestros (“comisionados”) del SNTE cobran su sueldo pero no dan clases, son activistas que trabajan para el PANAL o el PRI y en tiempos electorales se convierten en mapaches. Los comisionados deben ser descomisionados.

5) La camarilla dirigente del SNTE utiliza el chantaje y las concesiones para controlar a los maestros. Los Congresos seccionales son fraudulentos. Los congresos democráticos son descalificados. Las direcciones democráticas deben ser reconocidas.

6) La SEP es un aparato burocrático enorme e ineficiente. La descentralización administrativa buscaba aligerar su ineficacia. Volvieron a centralizarlo por razones de control político. La burocracia debe ser evaluada.

7) Los cuantiosos recursos de la SEP a menudo se destinan a proyectos injustificados y onerosos. Los especialistas de la SEP deben ser evaluados.

8) La educación del pueblo mexicano es pobre en buena medida por la influencia dañina de Televisa y TV Azteca. Sus contenidos son extremadamente pobres. Los contenidos de las televisoras deben ser evaluados.

9) Los locutores de Televisa y TV Azteca (y sus socios menores como Milenio) suelen hacer gala al mismo tiempo de su ignorancia y su prepotencia. Los locutores de las televisoras deben ser evaluados.

10) El rendimiento escolar de los alumnos de primaria a menudo es pobre debido a su alimentación deficiente. Los alumnos deben ser alimentados.

11) Hasta ahora burócratas, diputados  y locutores han querido evaluar a los maestros. De lo que se trata es de evaluar a todo el sistema educativo y transformarlo.

La Huasteca libanesa

 –Francisco Pérez Arce Ibarra–

(Reseña de La casa de las once puertas, de Carlos Martínez Assad)

La novela de Carlos Martínez Assad es de difícil clasificación. Otras novelas entran claramente en un subgénero: thriller, policiaco, aventuras, intimista, filosófica, de crecimiento, biográfica… Romántica, realista, naturalista… O novela de no ficción, testimonial, psicológica.

Bueno, la novela de Carlos se resiste a toda clasificación, de pronto parece una novela de viaje, o testimonial, o etnográfica… de pronto entra en el territorio del realismo mágico o del naturalismo… parece también de repente una novela testimonial o de no ficción… Es todo eso pero al final de cuentas se trata de una novela que seduce…

Carlos utiliza un recurso muy efectivo de narración en dos líneas paralelas. El lector sigue las dos historias, una es el recorrido de una familia libanesa desde su llegada a esta tierra y su asentamiento en la Huasteca; la otra es el relato en primera persona de Pedro Hernández, un campesino indígena, maestro bilingüe y luchador social. Los dos caminos no parecen tener más en común que el territorio en el que se desarrollan. El lector espera que las líneas se junten y mantiene la expectativa… Y en efecto, al menos dos veces se tocan en ciertos momentos de la narración, de una manera, digamos tangencial… No abundo más en el asunto porque es saludable que el lector mantenga la pregunta de cómo y cuándo las historias se juntan… Independientemente de ello las dos historias son pedazos de un mismo retrato regional, de una misma época. El lector está situado en un observatorio que le permite miradas distintas a la misma realidad, la misma tierra, la misma patria… la de los personajes que narran y la del autor, por supuesto.

De los dos relatos tiene mayor peso el de la familia libanesa: es el cuerpo de la novela. El origen es el abuelo; el punto de vista es el del nieto, José, que mira con ojos frescos, escucha las historias, hace preguntas, hurga en la memoria de los adultos, y las cuenta. La historia de la familia es la suma de las vidas y las muertes de sus miembros; de episodios realistas, bien asentados en el paisaje pueblerino, que a menudo contienen dosis de fantasía, lo que nos hace recordar a la familia Buendía, fundadora del realismo mágico. Por ejemplo la triste historia de Esperanza, la más pequeña de las hijas del abuelo, y el también triste destino de un su enamorado de nombre Eraín; y este extraño nombre nos lleva a conocer al “vendedor de nombres” que cada año llegaba con la feria con su cargamento que vocea con un amplificador en la mano (Abisai, Basilisis, Égido, Austreberto, Itaí, Coti, Auldárico, Masiosare, Giazul, Cecaña, Zadyali, Recesvinto, Ziziadne, Adorinha… y sigue la interminable lista.

O por ejemplo también la historia de dos hermanas, Lena y Luna, guapas, ambas enamoradas del mismo hombre, doctor de oficio, no precisamente guapo, y que tiene el mal gusto, según lenguas femeninas, de usar calcetines de colores inapropiados, quien al final se decide por una de la jóvenes, y la boda se organiza con toda la parafernalia del caso, el remolino de las damas eligiendo el color de sus vestidos, “Las mujeres que iban y venían con las modistas, confeccionándose los modelos que copiaban de las revistas; había que imitar el vestido diseñado por Valdéz Peza que hizo lucir tan bella a maría Félix en La Diosa Arrodillada o el que llevó Susan Hayward al recibir el Oscar…” Los preparativos de la gran boda que en  el paquete incluía la infaltable luna de miel en Acapulco en el Hotel Caleta… pero las cosas suceden de manera inesperada…

O la historia de ese personaje peculiar, la suegra de la tía Rosario, que acaba viviendo en la casa grande, la de las once puertas, a la que José, nuestro narrador, se topa todos los días en la escalera y le dedica siempre la misma pregunta y hace siempre el mismo comentario; la mente de la tal señora se debilita paulatinamente y adopta comportamientos cada vez más extraños, adquiere la costumbre de robar pequeños objetos que sale a vender a la misma tienda de la misma casa, y con las monedas que obtiene compra naderías en la misma tienda de la misma casa, y los objetos robados reaparecen en el mismo lugar de la misma casa de donde los tomó…

O ese otro personaje, Don Neguib, también libanés, amigo del abuelo, uno de los que se reunían con él para jugar taule, en realidad para conversar de su lejano Líbano. Pues este señor es corrido por su esposa, y llega a vivir al hotel Assad cargando un voluminoso y pesadísimo baúl de fuerte cerradura, cuyo contenido acaba siendo una verdadera sorpresa…

O la lluvia que no paró en cuarenta días con sus noches “y algunos dijeron que llovían ranas y oían como se estrellaban contra los tejados de las casas”.

Pero entre estas historias peculiares, se desarrolla la normalidad de una familia que crece. Y en su cotidianidad encontramos el gusto por la vida en ese pueblo de la Huasteca Hidalguense, Huejutla,  y la nostalgia por la vida en las montañas de Líbano… Nostalgia heredada a través de las palabras del abuelo, pero no sólo, transmitida también a través de la comida…

“(La tía Cara) encargaba la carne para los platillos del día: Kebbeh, hojas de parra, berenjenas rellenas… calabacitas rellenas de carne o tripas de carnero con sus menudencias. Entre los postres los que les salían mejor eran los maamoul, cuadritos coronados con una almendra que podían estar rellenos de pasta de almendra o de dátiles, y los graives, cuya blancura terminaba cuando se remojaban en el café o el chocolate…”

“… uno de los rituales familiares que más apreciábamos: por las tardes ordenaba servir en la sala el café o chocolate con los panes recién salidos del horno de la panadería: tortas de mantequilla, carteras, tacones, pemoles, pastelillos de queso, pastelillos de arroz con leche, tapabocas, chanchacadas de piloncillo, roscas de sal, mestizos, pan de huevo, pan de agua, gaznate con esencia de tequesquite, alfeñiques con cacahuate, nuez o ajonjolí… Nada era igual a las galletas llamadas con elegancia fruta de horno…”

A la identidad libanesa de la familia, heredada de los relatos del abuelo y de la cocina, se suma la identidad Huasteca, basta registrar la mirada del autor al mercado estrella de los domingos: “maíz blanco, negro, morado, anaranjado, amarillo, rosa, café, beis; chiles también de muchos colores y tamaños; frijol con variedades inimaginables del claro al más oscuro, tabaco, café, ajonjolí, chocolate, amaranto, piloncillo, anís, jitomates, chayotes, habas, calabazas, ejotes, rábanos, pemuches, quelites, verdolagas, ruda, romero, perejil, yerbabuena, cilantro, pimienta, clavo y azafrán. Entre las frutas… pequeñas piñas y papayas azucaradas, los montoncitos de coyoles sobre hojas de plátano, las guayabas, los jobos y los chicozapotes; los cítricos: naranjas, limas, mandarinas, sidras y limones. Con las cañas de azúcar hacían unos hatos que les permitían adoptar la forma de pequeños volcanes y a veces en el centro, como si se tratara de una erupción, colocaban manojos de las flores rosadas…” Y la descripción del mercado no termina, siguen los textiles, las artesanías y alimentos elaborados… No podía faltar en el mercado el peluquero que instalaba su peluquería bajo un árbol y se ejecutaba a sus clientes a casquete corto.

El fin del mundo estaba próximo, sin embargo. Así vivieron en Huejutla la crisis de los misiles. En los años anteriores venía de Cuba la música y la fiesta “Se bailaba en las fiestas en las casas con discos de Dámaso Pérez Prado, y al ritmo del mambo hasta los niños bailábamos…” Y de Cuba venían las películas en las que salían Ninón Sevilla y Rosa Carmina, “prohibidas por el párroco desde el púlpito”. De allá de cuba venía la diversión  y el pecado. Pero también de allá estaba por venir el fin del mundo.

El mercado  y el peluquero de pueblo nos ponen en la otra mirada. La historia paralela, la del campesino albañil maestro rural luchador agrario que nos recuerda que estamos en tierra de caciques, y que la gente de ahí es “en verdad muy pobre”. Y que la tierra lo es todo para una comunidad indígena, y que la disputa por la tierra es a muerte, y que el cacique es poderoso y es ojete. Y sigue el relato de las muertes y la cárcel. Refiere  la lucha campesina desatada en los años setenta. Y delinea también las raíces del movimiento indígena…

Nuestro personaje indio agrarista pasa cuatro años en la cárcel de Pachuca. El agrarismo no ha terminado. Los tiempos cambiaban. Cambiaba también la economía. De la defensa de la tierra ante la ganadería extensiva, se estaba pasando a la defensa de la tierra contra el regreso de la industria petrolera.

La casa de las once puertas es también la novela del regreso. El regreso a Líbano no puede limitarse a la imágenes serenas de los ojos del abuelo, no se puede eludir la realidad de un país que ha sufrido violencia y guerras desastrosas. También es el regreso a una Huejutla diferente… fueron trastocadas las añoranzas… “el progreso había cambiado las puertas de madera de cedro rojo de los comercios por cortinas metálicas”… “la catedral asediada por grandes anuncios publicitarios…”

Pero algo permanece. Algo muy profundo asoma cuando la Nana Lupe hace sus “enchiladas con las tortillas recién salidas del comal de barro, con su salsa y  su queso con frijoles negros pequeñitos”.

Las enchiladas no huyeron de la Huasteca.

En Líbano sobreviven los cedros, “árboles nativos que la tradición dice que Dios sembró en el paraíso…”

21 de febrero, 2015

Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

El Pino contra Chuayffet

–Francisco Pérez Arce Ibarra–

“A los trabajadores les asiste la razón”, es el llamativo título del desplegado del 4 de febrero firmado por el Secretario de Educación de Guerrero, Salvador Martínez della Rocca (El Pino). Está dirigido a Videgaray, Chuayffet, senadores, diputados y a la opinión pública. El motivo es que 12 mil trabajadores de la educación del estado no recibieron su salario, lo cual es, obviamente, una violación grave de la ley.  Es el reclamo de un funcionario estatal porque, además de ilegal, suspender el pago de miles de maestros, es como echar leña al fuego a la situación que vive Guerrero.

La SEP y el gobierno federal estrenaron el poder que ahora tienen de manejar centralmente el pago de los salarios de todos los maestros del país. La medida, acordada el año pasado, es parte de la Reforma Educativa, cuya sustancia no es otra que centralizar el poder en el secretario de educación y, consecuentemente, en el presidente. El tema de la reforma y la centralización de pagos, no es la educación sino el poder. Forma parte de la remodelación del presidencialismo.

Los Estados han perdido otra tajada de soberanía. La política laboral en su sector educativo depende ahora totalmente del centro, pero las consecuencias políticas tiene que enfrentarlas el gobierno local. Su capacidad política para resolverlas se reduce a cero. Por eso un secretario estatal, que además tiene historia como líder social, se pone del lado de los trabajadores  y utiliza un lenguaje que no es el de un funcionario: “Ante la actual situación de Guerrero que hizo eclosión por la barbarie cometida en iguala y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, este tipo de medidas arbitrarias (el no pago a 12 mil trabajadores) exacerban el grave momento de excepción conocida en todo el país e incluso mundialmente, por lo que exigimos una pronta solución de este nuevo conflicto y justicia para las familias de los desaparecidos, castigo a los culpables y alto a la impunidad”.

 

Teles para ganar elecciones

–Francisco Pérez Arce Ibarra–

 En su mensaje de año nuevo, Enrique Peña Nieto prometió, entre otras cosas, que entregaría de inmediato televisiones digitales a diez millones de las familias más pobres de México. ¿Entendí bien? ¿Va a entregar diez millones de teles? Quizá se refiere a diez millones de personas que conforman a las familias más pobres, y en ese caso entregaría entre dos y tres millones de teles. De cualquier manera, el gobierno comprará millones de teles para regalárselas a los más pobres.

¿Alguien cree que lo que urge a los más pobres es tener televisiones digitales? Nadie puede creer tal cosa, ni siquiera los dueños de Televisa y TV Azteca, quienes, por supuesto estarán encantados del regalón de Peña. También veremos rostros sonrientes de mexicanos pobres recibiendo grandes cajas de cartón. Estarán muy felices los empresarios que hagan la venta, y algunos intermediarios que se llevarán su tajada.

Suponiendo que cada aparato cueste unos mil pesos, el gobierno federal gastará entre 2 mil y diez mil millones de pesos. Por supuesto habría muchas opciones mejores para mejorar la vida de los más pobres (y del país), pero ninguna con el efecto inmediato de adornar la imagen del presidente y conseguir como “contraprestación” unos cuantos millones de votos para el PRI el próximo julio y, por si fuera poco, aumentar la penetración del duopolio televisivo.

En un escenario económico tenebroso, como el de 2015 (con el petróleo a la baja, el dólar a la alza, y la inseguridad pública creciendo), el gobierno necesita acciones de efecto inmediato. Se trata de una estrategia antigua: “pan y circo”. Esto cubre la segunda parte del binomio. Buscarán otras dádivas para cubrir la primera. Aunque sea a costa del gasto público. Aunque tengan que financiarlo con deuda. Se trata de medidas de emergencia, para que “se sienta en los bolsillos de los ciudadanos” los efectos buenos de las “reformas estructurales”, y para no perder las elecciones del 2015. Pero pudiera ser (ojalá) que la antigua y perversa estrategia esta vez no les funcionara, porque entre los más pobres, y los pobres, y los casi pobres y los desempleados y los semi empleados y los sin futuro y los sin presente, hay una gran inconformidad, una gran irritación.

6 de enero de 2015

 

 

 

Diciembre de 2012: modelo para reprimir

-Francisco Pérez Arce Ibarra-

Tremendos días de diciembre

Publicado en 5 diciembre, 2012

Días de diciembre cargados de significados. La escenografía: El Palacio Legislativo cercado por muros metálicos y policías con su habitual equipo intimidatorio. Peña Nieto tomaría posesión. Afuera, miles de jóvenes protestaban contra la imposición anunciada. En el Ángel, MORENA convocó a miles de personas que también condenaban al presidente impuesto. Y en otras 31 ciudades había protestas. Los manifestantes del Palacio Legislativo se movieron hacia el Centro. Peña Nieto daría su primer discurso en Palacio Nacional. La clase política uniformemente vestida de traje negro, y ataviada de gestos satisfechos pero severos, como de prohombres en horas históricas, presenció el discurso largo y, esencialmente, aburrido. Sus seis ejes y 13 decisiones no tienen verdadera sustancia. Pero para eso están los locutores de la TV para encontrar sustancia donde no la hay, y contagiar con sus propios gestos satisfacción nacional. Pero en la calle había violencia. Un grupo de manifestantes muy agresivo estalló contra policías y aparadores comerciales. La respuesta de la policía fue extraordinariamente violenta, y no para combatir a los grupos violentos, sino a todos los manifestantes que había. El resultado fue lamentable: dos heridos muy graves, y decenas de heridos no tan graves o leves. Y más de cien detenidos. Las imágenes volaron, como siempre, en las redes sociales. La televisión prepara, apunta y fuego. Intentan dejar la impresión que todas las manifestaciones del día fueron irracionalmente violentas. Un grupo lo fue, pero los provocadores no fueron detenidos, y violenta fue la policía, más violenta y más irracional. Y sobre todo arbitraria. Los detenidos eran manifestantes, pero no habían realizado actos violentos. 69 seguían presos tres días después. Todos, o casi todos, inocentes de lo que se les acusa: actos violentos. Son manifestantes que se expresaban libremente. Se convirtieron en presos políticos. Se dice que fueron detenidos en flagrancia: pero los vídeos muestran que es mentira. Fueron detenidos en lugares distintos a aquellos donde acciones violentas. Los que fueron agarrados en flagrancia fueron los policías del D.F. Las redes los exhiben arbitrarios y brutales.

Días violentos dan la bienvenida a Enrique Peña Nieto y la despedida de Marcelo Ebrard.

El conjunto de estampas parece anunciar una forma de gobierno, una lección ejemplar, un cierre de filas de la clase política con el presidente. El broche de oro: la firma de un pacto por México que fue firmado por el PRI, el PAN y el PRD con Peña Nieto. Quedaron deslindados los campos: El PRD está mucho más cerca del PRI que de MORENA.

Criminalizar la protesta social

Publicado en 8 diciembre, 2012

–      La policía detiene a 69 manifestantes o transeúntes  en el centro del D.F. Hubo actos violentos en sitios distintos al de las detenciones.

–      Las redes ofrecen muchos videos que muestran que las detenciones son arteras, que los detenidos son manifestantes pacíficos, que no se encuentran en los lugares donde hubo violencia. No se ve por ninguna parte la flagrancia que alega la policía.

–      Organizaciones de derechos humanos, abogados, parientes y amigos de los detenidos protestan cotidianamente por las detenciones ilegales y violatorias de los derechos humanos.

–      La Comisión de los Derechos Humanos del D.F. documenta ampliamente las detenciones ilegales de decenas de los detenidos.

–      El jefe de gobierno, Migue Ángel Mancera, declara que se revisaran todos los casos y los inocentes serán liberados. (Nomás faltaba que declarara algo distinto.)

–      Si los jueces, la procuraduría y el gobierno actúan con la mínima decencia, los 69 presos serán liberado. (Respiro de alivio.)

–      Pero no basta. 69 ciudadanos inocentes han pasado varios días en la cárcel. ¿Por qué? ¿No se viola la ley al detener a inocentes? ¿No hay culpables de esas violaciones?

–      Si no se actúa contra los que violaron la ley, la impunidad tiene permiso.  Quizá se consiguió lo que se buscaba: criminalizar la protesta social. Se detuvo a manifestantes que se expresaban libre y pacíficamente y se les metió en la cárcel. Que salgan libres nueve días después no cambia el hecho: se castigó a quienes protestaban pacífica y legalmente.

–      El mensaje: “mejor no te manifiestes, aunque lo hagas de manera pacífica y legal puedes ser confundido con vándalo, y en lo que son peras o son manzanas te vamos a meter a la cárcel al menos una semana”.

La del 1 de diciembre fue una razzia vil.

Publicado en 10 diciembre, 2012

Dejaron en la cárcel a 14 y liberaron a 56. Con este hecho, el gobierno, la Procuraduría y la juez han reconocido, plenamente, que hubo una razzia ilegal ordenada por los mandos policíacos. Una razzia, ni más ni menos, en la que detuvieron a inocentes, manifestantes pacíficos y hasta transeúntes. ¿A eso hemos llegado en el D.F.? ¿A operativos policíacos en forma de razzias? Porque no hay ninguna duda de que eso fue. El hecho de que hayan liberado a 56 detenidos reconociendo que son totalmente inocentes, deja a los policías y sus mandos en calidad de culpables. Si los policías cumplieron órdenes, eso no los exculpa, pero señala a los mandos como los principales culpables. Los delitos cometidos por policías y gobierno no pueden quedar impunes. Las razzias atentan contra las garantías individuales y los derechos humanos. Nada justifica que decenas de ciudadanos haya sufrido 9 días de cárcel sin motivo. Si no se castiga a los culpables, si prevalece la impunidad, entonces en cualquier día un jefe policíaco, un procurador o un jefe de gobierno pueden ordenar razzias a su antojo. Ha sido el peor ataque a la Constitución y contra la convivencia pacífica en mucho tiempo. Y se hizo precisamente en la ciudad de México, cuya fama es tener el gobierno más progresista del país.

¿Y por qué dejaron a 14 presos? Quizá como coartada, sólo para no reconocer que los verdaderos culpables andan libres y ni siquiera son perseguidos. La mayoría  o todos (los 14) son también inocentes. Pero la juez y el gobierno creen que salvan la cara. Al contrario, se hunden en una mayor vergüenza porque a una injusticia añaden otra. Y atribuirles el delito de ataque a la paz pública, es un insulto al sentido común y a cualquier idea de justicia. La posibilidad de sentenciarlos a penas de hasta 45 años de prisión es una atrocidad.

El gobierno de Mancera empezó bajo el ominoso signo de la represión (aunque él no la haya ordenado), y con la carga de 14 presos políticos. Muchos habitantes de la ciudad nos sentimos agraviados y levantaremos la voz de indignación mientras los 14 sigan presos.  Son nuestros presos políticos: como lo fueron los del 68, los de Atenco, los de la APPO.

R9, R9, permiso para detener

Publicado en 11 diciembre, 2012

“¡R9!, ¡R9!, ¡ya!” Fue la orden que recibió la policía del D.F. el 1 de diciembre. R9: significa detener. Esa fue la orden, pasar de la contención a la detención. Y llegó la orden de quién sabe quién, porque el jefe de la policía Mondragón ya no lo era, y alguien usó su clave; entonces puede presumirse que venía del jefe de gobierno, Marcelo Ebrard.

R9, R9… De la contención a la detención… Es decir: permiso para detener a los manifestantes, a los que se pueda, y no a los que hubieran cometido delitos. Así sucedió en el ya famoso cerco de Filomeno Mata: detenciones en masa. Los policías sabían que no estaban deteniendo a quienes habían provocado la violencia, no a quienes habían ido preparados con bombas molotov, no a los grupos provocadores. Esos ya se habían esfumado. Detuvieron a quienes se manifestaba pacíficamente y no agredían a nadie.

Videos, fotos y testimonios fueron contundentes. Los detenidos son inocentes. La juez no tuvo más remedio que dejar en libertad a la gran mayoría. Sólo quedaron 14. Pero contra esos 14 tampoco hay pruebas. Es evidente que el grupo organizado de provocadores no fue tocado ni con el pétalo de una detención.

Los 56 que obtuvieron su libertad nunca debieron perderla. Pasaron 9 días en la cárcel sin motivo alguno. Sus garantías individuales y sus derechos humanos fueron violados arteramente. Como lo siguen siendo los de los 14 que faltan.

El presidente del Tribunal superior de Justicia del D.F. insiste en que las detenciones de los 70 ¡fueron legales! Y suelta algo que parece una amenaza: recordó que los 56 fueron liberados con las reservas de ley.

Quienes alteraron el orden público, quienes atacaron la paz pública, fueron los policías que atendieron la orden superior: R9, R9.

Ecos del 68 en la lucha por liberar a “los 14 que nos faltan”

Publicado en 14 diciembre, 2012

Manifestaciones ayer, 13 de diciembre, demandaron la libertad de “los 14 que nos faltan”. Exigen, como en el 68, libertad a los presos políticos. Son nuestros 14 presos políticos de hoy. Están privados de su libertad por haber manifestado pacíficamente sus ideas el 1 de diciembre. La policía los agarró cuando recibieron la orden de detener…  y no detuvieron a los culpables de los actos violentos, sino a quienes se manifestaban pacíficamente… los agresores se habían esfumado. La policía lo sabe. Lo sabe el ministerio público y la juez. Por eso liberaron a 56 de los 70 detenidos. “Los catorce que nos faltan” no son casos distintos de los ya liberados.

La Procuraduría de justicia de D.F., los policías que los “remitieron”,  y la juez 47 que ordenó que siguieran presos, los acusan de “ataques a la paz pública”, tipificado en el artículo 362 del Código Penal del D.F., un delito de carácter político, equiparable al de terrorismo, por el cual se pueden aplicar penas de 5 a 30 años de prisión (sin derecho a fianza), y pueden ser aumentados en 50% si se presenta el agravante de haber sido cometido “en pandilla”. Es decir, se pueden aplicar penas de hasta 45 años de prisión. Diría que es desproporcionado si no fuera porque es estúpidamente injusto. Ayer, los manifestantes levantaron, con toda razón, la demanda de derogar el 362.

56 de los 70 fueron liberados. Se reconoce así que fueron detenidos injustamente y perdieron 9 días de su vida en libertad. Sin razón alguna. Por acciones y omisiones de autoridades policíacas y judiciales. Además hay denuncias de tortura física y psicológica. Si tales comportamientos de las autoridades no se sancionan, se tolera y santifica la impunidad. Hay voces que exigen, con toda razón, “deslinde de responsabilidades”: que se investigue y sancione a los culpables de violar las garantías individuales y los derechos humanos de los 70 detenidos.

En el 68, los estudiantes levantaron como bandera un pliego de 6 puntos. Tres de ellos hoy se repiten:

1)      Libertad presos políticos. Entonces los presos eran los líderes ferrocarrileros, culpables de haber encabezado una huelga en 1959. Hoy son “los 14 que nos faltan”, culpables de ejercer su derecho a manifestarse pública y pacíficamente.

2)      Derogar los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal, que tipificaban el delito de “disolución social”, delito político, que se aplicaba a dirigentes sociales, con el que se mantenía en prisión a los líderes ferrocarrileros. Hoy se pide derogar el artículo 362 del código penal local, que tipifica el delito de “ataque a la paz pública”, del que se pretende acusar a “los 14 que nos faltan”.

3)      Deslinde de responsabilidades. Entonces, en julio del 68, hubo heridos y muertos, y evidentemente había responsables en el gobierno. “El deslinde de responsabilidades” era la exigencia mínima contra la impunidad. Ahora también hay heridos. Afortunadamente no hay muertes que lamentar. Pero se violaron los derechos de 70 ciudadanos a quienes se privó injusta y arbitrariamente de su liberad. A 56 de ellos durante 9 días. Y a “los 14 que nos faltan”, por un tiempo que aún no termina. Cada día que permanecen en prisión es un día más de injusticia.

De aquellos 6 puntos del 68, hoy se repiten 3. Es lamentable que el gobierno al que en estos días se exige su cumplimiento, sea el de la ciudad de México, un gobierno de izquierda que, nadie puede ignorarlo, está ligado históricamente con los movimientos anti autoritarios y justicieros de nuestro pasado reciente.

Rita Emilia Neri es inocente

Publicado en 16 diciembre, 2012

La juez María del Carmen Patricia Mora Brito dictó auto de formal prisión a Rita Emilia Neri Moctezuma basándose en imágenes de las cámaras de seguridad del D.F. en las que aparece cerca de sujetos que lanzan piedras contra policías. Dice la Juez: ese comportamiento denota conformidad con los actos violentos.

A ver si entendí, señora juez, ¿Rita Emilia está presa porque en imágenes de un video del D.F. aparece cerca de quienes están tirando piedras?

¿No sería mejor, señora juez, sugerirle al Ministerio Público que presente a quienes lanzaban las piedras y no a una persona que aparece junto a ellos sin participar en la agresión? ¿Es justo mantener en la cárcel a Rita Emilia por el delito de aparecer en las imágenes cerca de los violentos? ¿Decir que el comportamiento de Rita “denota conformidad con los actos violentos”, no es una apreciación subjetiva?  Y en todo caso ¿no son los culpables los que ejecutaron las acciones violentas y no una persona cuya cercanía, según usted, “denota conformidad con los actos violentos”? ¿Cuál es el delito, entonces, que se le imputa a Rita: “denotar conformidad con los actos violentos”? Su alegato en realidad confirma que la policía no agarró a los violentos y en cambio detuvo  los que andaban por ahí “denotando” su conformidad.

En caso de encontrarla culpable, señora juez, la sentencia diría: culpable de tener una actitud que “denota conformidad” con los actos violentos.

El alegato de la juez Mora Brito lo único que hace es confirmar que tienen presa a una joven inocente, y que dejaron en la calle a los culpables de las acciones violentas

Derogar el 362 es absolutamente necesario

Publicado en 19 diciembre, 2012

Derogar el artículo 362 del Código Penal del D.F. es indispensable para que sea efectivo el derecho de los ciudadanos a manifestar públicamente sus ideas, para garantizar el derecho a la libertad de expresión y de tránsito. Los 14 que nos faltan, los 14 presos políticos que fueron detenido el 1 de diciembre, son inocentes. Permanecen presos por decisión de la Procuraduría del D.F. (del gobierno de izquierda) y de una juez que interpretó absurdamente la presencia de los detenidos cerca de quienes realizaron agresiones violentas (de quienes rompieron vidrios de aparadores comerciales e hicieron destrozos en inmuebles públicos). Los hoy presos políticos se manifestaban pacíficamente, o simplemente ejercían su derecho de tránsito en las calles de la ciudad. Mantenerlos en prisión es una advertencia para cualquiera que convoque o participe en mítines y marchas. La provocación de un grupo infiltrado puede llevar a inocentes a la cárcel, y se les puede acusar de “ataques  la paz pública”, delito tipificado en el artículo 362, con lo cual  podrían recibir condenas de hasta 30 años de prisión (o el 50% adicional si se supone el agravante de haber actuado en pandilla). Los acontecimientos del 1 de diciembre, y la actitud del gobierno del D.F. ante los 14 presos políticos, limitan, acotan, advierten, inhiben el derecho de manifestación. Es una barbaridad que los 14 que nos faltan sigan presos. Es también una barbaridad que se les quiera aplicar el 362.

Los asambleístas de los partidos de izquierda han presentado una iniciativa para derogar el artículo 362 del Código Penal del D.F. Se trata de una reforma absolutamente necesaria. Como es también absolutamente necesaria la libertad de los 14 que nos faltan. Su permanencia en la cárcel nos agravia a todos

Insostenible el artículo 362 del Código Penal del DF

Publicado en 20 diciembre, 2012

El texto del 362:

Ataques a la paz pública.

Se le impondrá de 5 a 30 años de prisión y suspensión de derechos políticos hasta por 10 años al que mediante la utilización de sustancias tóxicas, por incendio, inundación o violencia extrema realice actos en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, que perturben la paz pública,  menoscaben la autoridad del Gobierno del DF o presionen a la autoridad para que tome una determinación.

Es, por decir lo menos, ambiguo. ¿En qué pensaban los legisladores cuando tipificaron este delito contra quienes perturban la paz pública mediante la utilización de sustancias tóxicas, por incendio, inundación o violencia extrema? Parece que tenían en mente algo parecido al terrorismo. Cuando hablan de inundación, no creo que pensaran en alguien que tapa el caño de una casa y produce una inundación para estropear la alfombra. Sino en quien revienta tuberías y causa una verdadera gran inundación. ¿Y lo de sustancias tóxicas? No creo que pensaran en alguien que altera una bebida para dormir a un borracho y robarlo, sino en alguien que busca intoxicar a mucha gente dispersando gases en, por ejemplo, una estación del metro.

Y dónde tenía la cabeza el Agente del Ministerio Público (y qué diablos pensaba la juez), cuando aplicó este artículo a  #Los14QueFaltan. Desde luego no inundaron la ciudad, ni intoxicaron a nadie, ni incendiaron edificio alguno. Queda entonces la frase: “violencia extrema”. Pero si se atreven a calificar de violencia extrema a acciones como arrojar proyectiles contra aparadores o causar destrozos en inmuebles públicos, y cosas por el estilo… Entonces ¿qué sería disparar un fusil automático contra seres humanos? ¿Súper violencia extrema? ¿Y detonar una granada en medio de un mitin? ¿Súper violencia extrema plus? ¿Y colgar a un muerto en un puente o arrojar cabezas humanas recién cercenadas en una cantina? ¿Súper violencia extrema plus agravada?

#Los14QueFaltan son completamente inocentes. No emplearon violencia extrema ni no extrema. Simplemente estaban manifestándose pacíficamente cerca (y no tanto) de los lugares donde hubo acciones violentas. Pero aun quienes arrojaron piedras y causaron daños en inmuebles públicos y privados (a quienes la policía no detuvo), están muy lejos de cualquier definición de terrorismo. Si el Ministerio público no lo ve, y la juez no se da cuenta, están, para decirlo suave, aplicando criterios que nada tienen que ver con el texto de la ley, ni con lo que sucedió el 1 de Diciembre, ni con el sentido común, ni con su obligación de procurar justicia y aplicar la ley.

La última frase del texto del 362: “que perturben la paz pública,  menoscaben la autoridad del Gobierno del DF o presionen a la autoridad para que tome una determinación”, parece dirigirse a manifestaciones políticas. Una manifestación por, digamos, exigir la libertad de los presos políticos, busca presionar a la autoridad para que tome una determinación justa. Si en esa manifestación un grupo acelerado o infiltrado arroja piedras o daña inmuebles, puede repetirse el 1 de diciembre, la policía puede meter a la cárcel a manifestantes por estar cerca de los violentos y acusarlos de ataques a la paz pública.

El artículo 362 es insostenible; tiene que ser derogado. #Los14QueFaltan son inocentes; tienen que salir libres

#Los14QueFaltan siguen en la cárcel.

Publicado en 22 diciembre, 2012

Nuestros presos políticos, #Los14QueFaltan, siguen en la cárcel. Pasarán ahí la navidad. Los asambleístas no derogaron el artículo 362. Pueden hacerlo en la próxima sesión. Los representantes panistas se oponen, les gusta un artículo de esa clase, que facilite la represión, que criminalice la protesta. Ojalá no tengamos que avergonzarnos de los representantes de los partidos de izquierda. Ojalá el gobierno de Mancera no siga manchando sus primeras semanas con la vergüenza de esta injusticia.

Esta es la carta que enviaron #Los14:

Reclusorio Norte, DF a 22 de diciembre de 2012

A quien corresponda,

Agradecemos profundamente a toda la ciudadanía, organizaciones, activistas, por los que pelean por sus derechos, garantías individuales, vidas dignas, unidas y plenas.

Comunicamos directamente al jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, al Presidente de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal Manuel Granados y a toda la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, para que se dé la resolución en base a la derogación del artículo 362, a su vez exigimos nuestra pronta liberación, ante los abusos, irregularidades e incongruencias de parte de las autoridades en todo nuestro proceso y en la errónea y arbitraria imputación de delitos.

Nos mantenemos fuertes, unidos y nos pronunciamos sistemáticamente en ayunos de 48, 72 hrs y algunos compañeros continuaremos a una huelga de hambre, esto a partir del día 24 de diciembre a las 12:00 hrs hasta obtener una respuesta positiva de nuestra liberación.

Así convocamos a toda la ciudadanía que se ha generado por todos los presos desde el 1 de diciembre a que se sumen a la lucha sistemáticamente de acuerdo a sus posibilidades y capacidades.

La libre democracia y las leyes siempre deben ser a favor del pueblo, de la sociedad y para la gente, para los dignos Mexicanos.

Todos libres, unidos y Fuertes

#Los14QueFaltan podrán salir bajo fianza, pero…

Publicado en 26 diciembre, 2012

La reforma del 362 permitirá que #Los14QueFaltan salgan libres bajo fianza. Un grupo de asambleístas de los partidos de izquierda habían propuesto derogar el 362 porque su ambigüedad y la ausencia de definiciones permite que se le use, como sucedió, para criminalizar la protesta social. El PAN se opuso a que fuera derogado porque está en su naturaleza: son enemigos viscerales de las manifestaciones populares de protesta. Pero también hubo asambleístas de izquierda se negaron a derogar el mencionado artículo. Finalmente los promotores de la iniciativa aceptaron una negociación que no lo deroga sino sólo lo reforma. En la nueva redacción bajan las penas de 2 a 7 años de prisión (en la actual son de 5 a 30 años), por lo que los detenidos alcanzan el beneficio de la libertad bajo fianza. Cuando salgan Los#14 lo festejaremos con gran alegría, y podremos decir que lograron su libertad gracias a la movilización, a la protesta. Podremos festejarlo como un triunfo, pero…

Pero no es suficiente. #Los14 son, sencillamente, inocentes. Fueron detenidos de manera arbitraria. Se encontraban protestando pacíficamente. Los verdaderos provocadores no fueron detenidos. De todas maneras nos alegrará enormemente que #Los14 salgan de la cárcel, que termine esa injusticia. Festejaremos, pero…

La gran cantidad de videos que se han hecho públicos a través de las redes, y los alegatos de los abogados que los defienden, muestran plenamente su inocencia, que la policía actuó con violencia, que hizo detenciones al azar, que no es verdad que fueron detenidos en flagrancia, que las declaraciones de los policías que efectuaron las detenciones son contradictorias. Y todas esas contradicciones y mentiras que están a la vista de quienes quieran verlas, no las vio la inefable juez 47, María del Carmen Patricia Mora Brito, cuyos  argumentos enrevesados han mantenido en la cárcel a 14 inocentes durante 26 días.

Nos alegraremos enormemente que salgan los #14QueFaltan. Lo festejaremos como un triunfo de la sociedad que no permanece callada ante injusticias evidentes. Un triunfo de la gente que filmó y difundió las acciones arbitrarias y violentas de la policía. Pero quedan muchas cuentas pendientes. La impunidad prevalece.

Todo mundo lo sabe: #Los14 son inocentes.

Publicado en 27 diciembre, 2012

El 362 era insostenible por todos lados. Un delito sin definiciones claras, “Ataques a la paz pública”, que permitía igualar la rotura de un vidrio con un acto terrorista; que busca castigar actos de “violencia extrema”, sin definir qué diablos es eso. Aplicarlo para los hechos del 1 de diciembre era absurdo. Ninguno de los actos perseguidos fue, ni de lejos, comparable con un acto terrorista. Y por criticables que fueran, las agresiones al mobiliario urbano y a establecimientos comerciales, aplicarles penas de hasta 30 años de cárcel a quienes la cometieron era absolutamente desproporcionado. El problema del 362 es que no define con claridad el delito que se propone castigar, y al no hacerlo resulta una ley defectuosa. Por eso debe derogarse. La reforma aprobada ayer, 26 de diciembre, le quita una de sus puntos criticables: la desproporción de las penas. Por eso es aplaudible. También porque permitirá a los 14 inocentes encarcelados obtener su libertad (aunque sea bajo fianza).

#Los14 que faltan deberían salir de la cárcel por otra razón: porque no han cometido ningún delito; porque no agredieron a nadie; porque no fueron detenidos en flagrancia. Se manifestaban pacíficamente un día confuso en unas calles convulsionadas en las que junto a manifestaciones pacíficas sucedieron actos violentos. Son tan inocentes como los miles que ese día se manifestaron ejerciendo su derecho pleno. Son presos inocentes. Son presos políticos. Es tan obvia su inocencia que creo que lo sabe hasta la juez que les dio la formal prisión. Creo que Mancera lo sabe. Lo sabe el procurador. Y La Santanera, también lo sabe, lo sabe, como en la vieja canción. Los 14 podrán salir libres (aunque sea bajo fianza) y nos alegraremos por eso. Y aunque sigan bajo proceso, todos sabemos que son inocentes. Y aunque el 362, con su nueva redacción, siga vigente, seguirá siendo un adefesio insostenible.

El 362 reformado: “muy redondo para huevo…”

Publicado en 29 diciembre, 2012

Artículo 362 original:

Ataques a la paz pública.

Se le impondrá de 5 a 30 años de prisión y suspensión de derechos políticos hasta por 10 años al que mediante la utilización de sustancias tóxicas, por incendio, inundación o violencia extrema realice actos en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, que perturben la paz pública,  menoscaben la autoridad del Gobierno del DF o presionen a la autoridad para que tome una determinación

Artículo 362 reformado:

Se les impondrán de 2 a 7 años de prisión y suspensión de derechos políticos hasta por 10 años, a los que mediante la utilización de sustancias tóxicas, por incendio, por inundación o violencia, realicen actos en contra de las personas,  de los bienes públicos o privados o servicios públicos que perturben la paz pública.

La reincidencia se estará a lo que establezca éste Código.

(Gaceta Oficial del Gobierno del DF del 27 de diciembre del 2012)

El cambio más significativo es la disminución de la penalidad; fue lo que permitió a #Los14 obtener el beneficio de la libertad bajo fianza, puesto que la media aritmética entre las penas mínima y máxima es menor a 5 años, dejó de ser un delito grave.

Pero hay otros cambios también significativos: el texto original hacía referencia a acciones realizadas mediante  “violencia extrema”. En el texto reformado desaparece la palabra “extrema”, lo cual es de aplaudirse porque se trataba de una valoración subjetiva. A la juez Mora Brito le pareció que arrojar piedras era un acto de “violencia extrema” (lo cual en mi opinión es de una extrema estupidez), por lo que los detenidos eran probables responsables de ataques a la paz pública.

También desaparecieron las últimas líneas del texto original que proscribían las acciones descritas cuando “menoscaben la autoridad del Gobierno del DF o se presione a una autoridad para que tome una determinación”. Esto también me parece un acierto: lo primero porque quién sabe qué quiera decir eso de que “menoscaben la autoridad del Gobierno”; y lo segundo porque  borra la intención de criminalizar la protesta social al ya no referirse expresamente a acciones que “presionen a las autoridades para que tomen un determinación”.

Los cambios, pues, son acertados. El problema es que el artículo sigue siendo ambiguo e impreciso. Me parece que el gran problema del 362 es que busca tipificar dos delitos distintos y no atina a ninguno:

El primero es el de “terrorismo”. El texto original, con la referencia a la “utilización de sustancias tóxicas, por incendio, inundación o violencia extrema”, y la pena de hasta 30 años de prisión, parece referirse a actos de terrorismo. Pero falla terriblemente la puntería al aplicarse a conductas como las del 1 de diciembre, para las cuales las penas consideradas resultan desproporcionadas.

El segundo es el de “vandalismo”, que corresponde más a las acciones de los grupos que el 1 de diciembre causaron destrozos en inmuebles públicos y establecimientos comerciales, y arrojaron piedras a los policías.

El artículo original era un adefesio, simplemente insostenible y merecía ser derogado. El reformado mejoró un poco, pero sigue siendo un engendro incapaz de tipificar adecuada y claramente las conductas delictivas que se busca perseguir. Como quien dice: “muy redondo para huevo, muy largo p’aguacate”.

Nota

Los presos políticos quedaron libres. Fue un triunfo para el movimiento que exigía su libertad. Pero quedó definido un método para criminalizar la protesta, para inhibir manifestaciones, para reprimir marchas pacíficas con el pretexto de combatir a grupos violentos. El nuevo modelo de represión policíaca fue utilizado en el 2013 contra el magisterio y el 20 de diciembre del 2014 contra el movimiento de Ayotzinapa.

Ayotzinapa: la vileza del procurador

 -Francisco Pérez Arce Ibarra-

La sociedad indignada exige que devuelvan con vida a los 43 normalistas secuestrados el 26 de septiembre. El país está lleno de manifestaciones. Se extiende la certeza de que se trata de un crimen de estado. El gobierno de Peña Nieto vive su peor crisis política. Su imagen nacional e internacional se desploma.

Martes 4 de noviembre:

Atrapan al presidente municipal de Iguala (José Luis Abarca) y a su esposa (María de los Ángeles Pineda). Se ocultaban en una casa desvencijada de Iztapalapa. La procuraduría presenta fotos de los detenidos y de la triste casa en la que se encontraban. Es extraño: ante detenciones de grandes  y pequeños capos, suelen presentarse videos de los detenidos con las manos esposadas y conducidos por policías robustos. Esta vez sólo fotos. Pronto se difunde la versión de que en realidad los detuvieron días antes en Veracruz, y que los sembraron en Iztapalapa. ¿Por qué el montaje? ¿Qué sentido tiene este invento?

Miércoles  5 noviembre:

Han pasado cuarenta días desde la desaparición de los normalistas. Se lleva a cabo una jornada nacional por la aparición con vida de los 43. Las manifestaciones sacuden al país. Hay irritación por todas partes. Decenas de universidades están en paro. No hay acto público donde no se hable de Ayotzinapa y se exija la aparición con vida de los 43. Hay una sensación de urgencia. Urgencia por la vida. Hartazgo por un gobierno omiso e insensible. En el estado de Guerrero pueblos enteros están al borde del estallido.

7 de noviembre:

Conferencia de prensa del procurador general de la República, Jesús Murillo Karam. El relato es terrorífico, incongruente, ofensivo. Montado con videos de los presuntos autores de un asesinato múltiple. El relato paraliza el alma: bajaron a los secuestrados de dos vehículos, eran 44 o 43, algunos ya estaban muertos, pusieron los cuerpos junto a uno de los basureros de Cocula (municipio vecino de Iguala), a los que seguían vivos los mataron ahí mismo, luego los acomodaron uno junto a otro, en varias hileras. El declarante se detiene en los detalles. Una vez acomodados los cubrieron con gran cantidad de materiales inflamables, llantas y botellas de plástico,  los regaron con gasolina o diésel y les prendieron fuego. La quema duró doce o catorce horas. Esperaron a que los restos se enfriaran, y entonces trituraron los huesos hasta hacerlos añicos, los metieron en bolsas negras de basura, los llevaron al río San Juan y  ahí los vaciaron. Dos de las bolsas las arrojaron  cerradas, rompieron las demás y vaciaron los restos directamente al río. Relato detallado que quita el aliento. El horror se acrecienta en el detalle. Sólo pudieron recobrarse fragmentos de tamaño minúsculo. Unas cuantas decenas de pedacitos de  huesos. El vídeo muestra los restos mínimos.

El procurador conduce el relato con su propia voz entreverando los videos de los asesinos y las imágenes del basurero donde ocurrieron los asesinatos y la cremación, y del río donde acabaron los restos.

El procurador quiere mostrar el gesto severo de quien está cumpliendo con una obligación dolorosa, de quien cuenta una historia que preferiría no contar pero debe hacerlo. Concluye de una manera inesperada: los normalistas fueron asesinados de este modo… pero no estoy seguro, no hay pruebas suficientes, no se puede probar que eran ellos, los restos no facilitan la identificación, son minúsculos y están quemados, sólo dos de los pedazos pueden contener material útil para su identificación… El procurador quiere dar la historia por buena y terminar de una vez con el episodio de Ayotzinapa, aunque no tenga pruebas concluyentes.

Siguen las preguntas de los periodistas. La versión completa resulta increíble. Las respuestas son secas y poco convincentes. Las preguntas de algunos dan cuenta de su irritación. Al poco rato el procurador da por terminada la conferencia con un comentario inoportuno: “ya me cansé”. La frase será repetida miles de veces en el twitter y  de inmediato se convierte en trending topic mundial. Ya me cansé de un gobierno corrupto, Ya me cansé de un procurador inepto, Ya me cansé de la impunidad, Si ya se cansó que se vaya, Si ya se cansó que renuncie. La avalancha es interminable. Los tuiteros condenan al procurador y al gobierno, y empieza a repetirse la idea de que renuncie Peña.

Los padres de los 43 reaccionan indignados. El relato del procurador es una ofensa. Da por muertos a los desaparecidos sin pruebas concluyentes. Da por cierto que sus hijos sufrieron el infierno en vida, y que de ellos no quedó nada, nada… acaso unos minúsculos pedazos de huesos.

La sociedad movilizada no cree la historia de terror del procurador. La rechaza de plano. La consideran un embuste completo y maligno que sólo busca cerrar el capítulo para dejar de buscarlos. La sociedad movilizada sigue repitiendo lo que ha dicho durante días incansablemente: vivos se los llevaron, vivos los queremos.

El relato del procurador causa un dolor inmenso a los padres de los 43 estudiantes desaparecidos. Es una afrenta. Les infringe daño moral y físico. Ha declarado muertos a sus hijos sin tener pruebas concluyentes. Lo hace además mediante un relato de terror. Sus hijos ya no existen, son cenizas que el río se llevó, y una colección de pequeños fragmentos de huesos. Lo que el procurador hizo fue una vileza.

¿Qué buscaba el procurador con ese relato terrorífico?

Acaso dar por terminada la historia. El día siguiente Peña Nieto partiría a China. Tendría que haber suspendido su viaje ante la crisis que vive el país. No lo hizo.

Acaso convertir el caso Ayotzinapa en un episodio de la brutalidad criminal de los cárteles de la droga, en un episodio más que el gobierno lamenta y combate.

Acaso mostrar que el gobierno condujo la investigación y resolvió el caso, señalando culpables, teniendo ya en la cárcel a los autores intelectuales.

Acaso poner fin a la historia, empezar la operación del control de daños, y esperar que el tiempo desinfle la protesta ante la certeza de que ya no hay nada que hacer, ya los 43 están muertos, y ya ni sus restos mortales existen.

Pero si esa era la estrategia parece que no está funcionando. El presidente fue a China pero el país sigue llenándose de manifestaciones. En Guerrero la protesta se radicaliza. La crisis política no amaina. Estrategia fallida o no, lo que hizo el procurador fue una vileza.

AYOTZINAPA: Octubre de rabia y manifestaciones

 

–Francisco Pérez Arce Ibarra–

El país llegó a un punto límite. El 26 de septiembre la policía disparó contra estudiantes en Iguala, mató a 6 personas y dejó a 25 heridos. Poco más tarde la misma policía municipal detuvo a 43 normalistas que hasta hoy, 2 de noviembre, siguen desaparecidos.

El 2 de octubre una enorme manifestación volvió a recordar la masacre de Tlatelolco de 1968. Unos días antes había muerto Raúl Álvarez Garín, el dirigente más emblemático de aquel movimiento que fue una fiesta juvenil libertaria, y que el gobierno quiso borrar con el asesinato masivo. La frase “2 de octubre no se olvida” derrotó al régimen y 46 años después se repite en las plazas  coreada por los hijos y los nietos de  los estudiantes que protagonizaron aquel movimiento.

Cada año se repite la manifestación del 2 de octubre. Recuerda una tragedia, pero también festeja la rebeldía. La de este 2014 fue mucho más grande que las de los años anteriores. El crimen de Ayotzinapa acababa de suceder apenas el 26 de septiembre y se generalizaba la indignación y la protesta. Hoy, además, un nuevo movimiento está en la escena: los estudiantes del IPN se niegan a que su Instituto se convierta en un centro educativo adecuado a las necesidades de las grandes corporaciones privadas. Exigen que se les tome en cuenta para cualquier reforma en sus planes de estudio, y rechazan un reglamento que les quisieron imponer de la noche a la mañana. El movimiento del poli tiene un interés social; no termina en sus legítimos deseos individuales de aspirar a una formación profesional de calidad; tiene que ver con el futuro que imaginan para México, y con la función que la educación superior debe cumplir en ese futuro imaginado.

El movimiento del poli adquirió una amplitud inesperada. Surgió en una escuela, la ESIA, y en pocos días se extendió a todas las escuelas superiores y de educación media. Surgió, como siempre surgen los movimientos de masas, más por una intuición compartida que por un programa claro. Primero es la intuición, después el programa. Y el programa incluyó, no podía ser de otra forma, la necesidad de democratizar a la institución. La destitución de la directora general, la no imposición inmediata de nuevos programas de estudios, y la no aplicación del nuevo reglamente fueron conquistas rápidas. Pero el movimiento no se detuvo ahí.

Ese 2 de octubre de 2014 el movimiento del poli estaba en su fase expansiva. Ello explicaba en parte la magnitud de la tradicional manifestación de esa fecha. Pero había también una herida dolorosa recién abierta en el cuerpo de los estudiantes que la sociedad entera empezaba a mirar con horror e indignación: la de Ayotzinapa. La historia de la agresión policiaca del 26 de septiembre en la ciudad de Iguala que quitó la vida a seis personas y la libertad a 43 normalistas. Habían pasado cinco días y los 43 estaban desaparecidos. La impunidad con la que en los meses y años recientes había actuado el Estado había tocado un límite. La sociedad mexicana no podía tolerar un crimen de esa magnitud, no quiso tolerar otra vez la acción impune de las fuerzas públicas. El 8 de octubre, en la ciudad de México, hubo una nueva manifestación. Esta vez por Ayotzinapa. Jóvenes, muy jóvenes, de escuelas normales, encabezaron la marcha. Fue muy grande. A diferencia de muchas otras manifestaciones, en esta se respiraba la urgencia. No sólo era un punto límite de lo que una sociedad puede presenciar pasivamente, sino que había la urgencia de recuperar a los 43 jóvenes desaparecidos, impedir que se sumaran a los desaparecidos para siempre, impedir que todo terminara en el discurso gastado de “se investigará hasta las últimas consecuencias”, hasta que el tiempo acabe por borrarlo. Urgencia para que aparecieran con vida los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa. En los primeros diez días de octubre hubo manifestaciones en 50 ciudades del país y en 30 ciudades de otros países. La frase, antes muchas veces repetida, “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, acuñada durante los años setenta cuando el gobierno  “desapareció” a miles de personas en lo que se recuerda como “la guerra sucia”, se convirtió en la divisa nacional. La urgencia nacional. “Devuelvan a los 43”. “No somos todos, nos faltan 43”. O el puro número: “43”, pintado en mantas, cartulinas, manos, rostros.

La magnitud de la respuesta condujo a la renuncia del presidente municipal de Iguala y su jefe de policía. El discurso oficial (y sus locutores de la TV) no se atrevieron a descalificar al movimiento, se dieron cuenta de su magnitud y de que cualquier condena a las víctimas, su recurso habitual, no funcionaría esta vez. Intentaron limitar el daño de la condena al Estado circunscribiéndolo al nivel municipal y, si acaso, estatal. Para mayor fortuna del gobierno y los medios, ambos habían surgido del PRD. Y el presidente municipal pidió licencia y huyó junto con su esposa. Huyó también el jefe de la policía.  En la estrategia del control de daños, el gobierno y sus voceros ya tenían a los culpables: “malos funcionarios relacionados con el crimen organizado”. Podrían presentarlo como un episodio más de la guerra entre cárteles de la droga. Filtraron el dicho de uno de los capos detenidos, perteneciente a la banda criminal “Guerreros Unidos”,  de que entre los 43 había 17 infiltrados una banda enemiga: Los Rojos. Pero el activismo de los padres de los 43 y de los normalistas ha detenido todo intento de desvirtuar los hechos. Y sobre todo han insistido su exigencia de que se les encuentre con vida: “Vivos se los llevaron”.

Los días pasaban y los 43 seguían desaparecidos. Las manifestaciones se sucedían con mayor frecuencia y fuerza en todo el país y en muchos otros países. El 22 de octubre la ciudad de México presenció una de las manifestaciones más grandes de los últimos años. Otra vez dominó una atmósfera de urgencia.  Cayó el gobernador Guerrero Ángel Aguirre Rivero. Tampoco era suficiente.

El presidente Peña salió en cadena nacional diez días después del crimen, y quiso ponerse por encima del problema, mostrarse solidario con las familias de los 43. Le tomó diez días darse cuenta de la trascendencia de lo sucedido. Hasta que le estallaron en la cara las mil manifestaciones. Hasta que se dio cuenta de que no era posible reducirlo a un problema regional, a un caso más de la violencia cargada a la cuenta del narcotráfico. El presidente se mostró dolido y prometió que se investigaría y castigaría a los culpables. Pero las manifestaciones pedían otra cosa: que encontraran a los 43 y los encontraran con vida. Nada más. El gobierno federal tiene todos los recursos imaginables. Nadie cree que no pueda encontrarlos. El gobierno federal sabe. El gobierno federal es responsable.  Terminó octubre. Los 43 siguen desaparecidos. La prensa internacional descubre que el rostro del gobierno de Peña no es el que creían. La violencia y la impunidad son sus rasgos de identidad.